Cooperativa Ítaca acoge la presentación de Kapokadas, un viaje a dedo contra fronteras, controles y relatos oficiales

El espacio cultural de la capital murciana reunió el pasado 19 de marzo una obra que pone en el centro la solidaridad anónima frente a las políticas restrictivas y la deshumanización del viajero

“Kapok” durante la presentación de su obra en Cooperativa Ítaca en Murcia | Dominic D. Skerrett
“Kapok” durante la presentación de su obra en Cooperativa Ítaca en Murcia | Dominic D. Skerrett

La Cooperativa Ítaca de Murcia acogió el pasado jueves 19 de marzo la presentación de Kapokadas, el libro del autor Kapok que recoge un recorrido de más de 40.000 kilómetros a dedo desde Australia hasta Europa. Una obra que, lejos de glorificar la épica del viaje, pone el foco en las contradicciones del mundo contemporáneo: fronteras, control, exclusión y, frente a ello, la solidaridad cotidiana de quienes abren sus puertas.

El acto reunió a reducido público interesado en una narrativa que desborda el género clásico de viajes para situarse en el terreno de la crónica social. El propio autor define Kapokadas como “una aventura loca, sin final o con un final un poco abrupto”, pero matiza que no es el viaje de un individuo, sino “el viaje de las personas que paran”, de quienes hacen posible el desplazamiento en autoestop a través de gestos concretos de apoyo mutuo.

Uno de los pasajes compartidos durante la presentación refleja con crudeza el choque entre la experiencia del viajero y las políticas restrictivas de los Estados. En una gasolinera, en mitad de una región atravesada por controles y zonas militares, el autor relata cómo las fuerzas del orden le interpelan: “No puedes vivir aquí”. La escena evidencia el absurdo de un sistema que criminaliza la mera presencia, incluso cuando no hay más intención que continuar el camino. “¿Cómo les explico que no quiero vivir aquí?”, se pregunta, señalando el sinsentido burocrático que convierte al viajero en sospechoso permanente.

La obra retrata así un mapa atravesado por desigualdades y prohibiciones, donde “no puedes estar aquí” deja de ser una norma administrativa para convertirse en síntoma de un modelo que restringe la movilidad y mercantiliza el derecho a desplazarse. Frente a ello, Kapokadas reivindica lo mínimo: el gesto de parar, compartir techo, ofrecer comida, abrir conversación. Una red invisible que sostiene el viaje y que cuestiona, desde abajo, las lógicas del control institucional.

Kapok subraya que su intención no ha sido engrandecer la odisea, sino detenerse en “lo minimalista, en los detalles de las personas que han parado, que han abierto sus casas”, tratando de comprender los contextos políticos, sociales y económicos de cada lugar sin perder de vista “la humanidad”.

El libro, de cerca de 200 páginas, combina texto e imagen en un ejercicio de traducción mutua, “La fotografía me ha ayudado a trasladar las palabras a la imagen, y el libro me ha ayudado a poner las imágenes en palabras”, explica el autor.

Kapokadas se puede adquirir directamente contactando con el autor en el número 624 036 286 y con pago mediante Bizum, en una apuesta también por circuitos de distribución alternativos, al margen de los canales comerciales tradicionales.

La presentación en Ítaca no fue solo un acto cultural, sino un espacio de reflexión sobre movilidad, fronteras y solidaridad en un contexto global cada vez más marcado por el cierre y la exclusión. Una obra que interpela y que, desde la experiencia concreta, cuestiona los límites impuestos a la vida en tránsito.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.