CGT denuncia un modelo de control y presión en Amazon RMU1 Murcia que alcanza incluso necesidades básicas de la plantilla: “Ir al baño no puede convertirse en un acto bajo vigilancia”

La sección sindical alerta de vigilancia sobre las pausas, miedo a represalias y un deterioro de la salud laboral, pese a que la empresa niega sanciones formales.

Entrada principal al centro logístico de Amazon RMU1 situado en la pedanía murciana de Corvera | Dominic D. Skerrett
Entrada principal al centro logístico de Amazon RMU1 situado en la pedanía murciana de Corvera | Dominic D. Skerrett

La sección sindical de CGT en el centro logístico de Amazon RMU1, en Murcia, ha destapado en los últimos días una situación que califica de “gravísima”: un clima de presión sostenida, control exhaustivo de tiempos y vigilancia cotidiana que, según denuncian, estaría afectando incluso a derechos básicos como el uso del baño durante la jornada laboral.

A través de varios comunicados difundidos públicamente, el sindicato ha ido perfilando un escenario que, sin necesidad de sanciones formalizadas, estaría operando mediante mecanismos más difusos pero igualmente efectivos: supervisión constante, cuestionamiento de pausas y generación de miedo entre la plantilla.

“Han amenazado con castigos, incluso por ir al baño. Se está utilizando el miedo como herramienta de control”, advertían en su primer aviso, donde ya señalaban prácticas que consideran “indignas, inhumanas” y un riesgo directo para la salud.

Tras la repercusión de esta denuncia, la dirección de Amazon respondió negando categóricamente cualquier política restrictiva: “No existe ninguna política, restricción ni sanción relacionada con el uso del baño o pausas fisiológicas en Amazon RMU1”, trasladó la empresa según relata el sindicato, exigiendo además la retirada del comunicado sindical.

Sin embargo, las anarcosindicalistas sostienen que el núcleo del problema no reside en la existencia de sanciones escritas, sino en el clima laboral que se genera en la práctica diaria.

“A día de hoy es cierto que no tenemos constancia de sanciones formalizadas. Pero también es cierto que sí existe una presión real en el día a día por parte de mandos intermedios”, replica el sindicato, que describe un patrón reiterado: control constante de los tiempos, pausas bajo sospecha y vigilancia continua del rendimiento.

Para la organización, este tipo de dinámicas son difícilmente reconocibles por la empresa precisamente porque operan en un plano informal, pero no por ello menos lesivo. “Si estas prácticas existen, no van a reconocerse fácilmente. Y por eso es necesario sacarlas a la luz”, subrayan.

CGT advierte de que esta situación está teniendo ya consecuencias directas sobre la plantilla. El miedo a posibles represalias —aunque no se materialicen en sanciones— estaría llevando a trabajadores y trabajadoras a retrasar o evitar pausas fisiológicas básicas, una práctica incompatible con cualquier estándar mínimo de prevención de riesgos laborales.

El sindicato sitúa así el conflicto en un plano que trasciende la organización del trabajo, “No estamos hablando de productividad, sino de dignidad. Ir al baño no es un privilegio, es una necesidad básica que no puede estar sometida a control ni a presión” indican fuentes de la sección sindical.

En este sentido, alertan de un modelo de gestión que, bajo parámetros de máxima eficiencia, estaría trasladando el coste a la salud física y mental de la plantilla.

Lejos de retirar sus denuncias, CGT ha reafirmado su intención de continuar visibilizando la situación. El sindicato ya está recopilando testimonios de trabajadores y trabajadoras del centro logístico y no descarta trasladar el caso a la Inspección de Trabajo si se confirma la extensión de estas prácticas.

Además, ha lanzado un llamamiento explícito a la plantilla para que rompa el silencio: “Tu testimonio es importante. No estás solo ni sola”, señalan, garantizando confidencialidad a quienes decidan dar el paso.

El conflicto, por tanto, entra en una nueva fase, con posiciones enfrentadas entre la versión oficial de la empresa y el relato sostenido por la representación sindical. “Cuando el miedo se convierte en herramienta de organización del trabajo, lo que está en juego son derechos fundamentales”, concluyen desde CGT. “Y la dignidad no se negocia”.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.