Extremadura recuerda la “revuelta de los yunteros”: 90 años de lucha campesina y memoria silenciada

A nueve décadas de la histórica ocupación de tierras, los jornaleros de Extremadura siguen exigiendo justicia que “¡La tierra es para quien la trabaja!”

El 25 de marzo de 1936 marcó un hito en la historia social revolucionaria de Extremadura, cuando más de 60.000 yunteros, braceros, braceras y jornaleros se levantaron en 271 pueblos de la región para ocupar 3.000 fincas y casi 250.000 hectáreas, en un acto coordinado de lucha por la tierra. La revuelta, una de las mayores de España, sorprendió a las autoridades republicanas y sembró el pánico entre los terratenientes y las clases dominantes.

Sin embargo, la memoria de este levantamiento ha sido sistemáticamente silenciada por la historiografía oficial. Tras la represión franquista, miles de personas fueron asesinadas, violadas y torturadas, entre ellas las víctimas de la masacre de Badajoz, donde cerca de 4.000 personas fueron ejecutadas en la plaza de toros por orden del general Yagüe, conocido como “el carnicero de Badajoz”.

En este sentido, la coalición de izquierdas Unidas Por Extremadura ha advertido con el cumplimiento de estos 90 años de uno de los hechos más destacados de la historia de la región y que, sin embargo, sigue siendo silenciado por la versión oficial. Señalan que no se puede permitir que se robe la memoria de Extremadura, y enfatizan la importancia de recordar la lucha campesina y sus reivindicaciones históricas.

La revuelta de Extremadura continúa siendo un símbolo de resistencia revolucionaria y reivindicación social, recordando que la tierra debe pertenecer a quienes la trabajan y que la justicia histórica no puede seguir siendo negada.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.