sábado, mayo 9, 2026
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A 81 años de la Victoria sobre el nazi-fascismo: la memoria de los pueblos no se rinde

El heroico sacrificio de la URSS, del Ejército Rojo, de la resistencia comunista internacional y del pueblo chino derrotó al eje nazi-fascista y abrió el camino de la liberación de Europa y Asia.

Este 9 de mayo se conmemora el 81 aniversario de la Victoria sobre el nazi-fascismo, una fecha histórica grabada con sangre obrera y popular en la memoria de la humanidad. Fue la Unión Soviética, el Ejército Rojo y millones de trabajadores y trabajadoras organizados bajo la dirección del Partido Bolchevique quienes cargaron sobre sus hombros el peso principal de la derrota de la maquinaria criminal hitleriana en la Gran Guerra Patriótica.

Frente a la permanente manipulación histórica impulsada por las potencias imperialistas occidentales, es necesario recordar que la URSS pagó el precio más alto de la guerra con más de 27 millones de soviéticos y soviéticas asesinadas. Desde Stalingrado hasta Kursk, pasando por la heroica resistencia de Leningrado y Moscú, el pueblo soviético protagonizó la mayor epopeya antifascista de la historia contemporánea.

La victoria sobre el nazi-fascismo no puede comprenderse sin el papel decisivo del Ejército Rojo comandado por el mariscal Zhúkov, ni sin la lucha de cientos de miles de partisanos y partisanas comunistas que combatieron en Italia, Francia, Yugoslavia y en todos los territorios ocupados por el fascismo europeo.

Igualmente imprescindible fue el sacrificio del pueblo chino y del Ejército Popular dirigido por el Partido Comunista de China, cuya resistencia contra el militarismo japonés debilitó decisivamente al eje fascista en Asia y costó decenas de millones de vidas. La lucha del pueblo chino fue una parte inseparable de la victoria mundial contra el fascismo y el imperialismo.

También cientos de republicanos y comunistas del Estado español combatieron junto al pueblo soviético y en la resistencia europea. La histórica participación de “La Nueve”, integrada mayoritariamente por combatientes republicanos españoles dentro de la División Leclerc, simboliza el internacionalismo proletario y la continuidad de la lucha antifascista tras la derrota republicana de 1939.

Como recuerda el Partido Comunista de España (PCE), “Fue gracias a la lucha del Ejército Rojo, del pueblo soviético y de miles de partisanos”. Y advierte, acertadamente, que “cuando resurge la ultraderecha hay que recordar: para ser demócrata hay que ser antifascista”.

Por su parte, el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) denuncia la operación de blanqueamiento histórico impulsada por la Unión Europea y los medios del capital, que pretenden minimizar el papel de la URSS mientras rehabilitan expresiones contemporáneas del fascismo y alimentan la guerra imperialista. El PCPE señala que el 9 de mayo “nos marca el camino”, reivindicando las experiencias de unidad popular, resistencia y organización revolucionaria que permitieron derrotar al fascismo hace ocho décadas.

Hoy, cuando la OTAN, la Unión Europea y el imperialismo estadounidense impulsan una nueva carrera armamentística mientras descargan sobre la clase obrera el peso de la crisis capitalista, la memoria de la Victoria adquiere plena vigencia política. El antifascismo no puede reducirse a una consigna vacía ni a ceremonias institucionales: exige combatir las políticas de guerra, el racismo, el colonialismo, la explotación y el avance reaccionario que el propio capitalismo genera.

La historia demuestra que el fascismo no fue derrotado por las élites liberales ni por los grandes monopolios occidentales —muchos de los cuales colaboraron con Hitler—, sino por los pueblos organizados, por la resistencia comunista internacional y por el socialismo soviético.

Ochenta y un años después, la bandera roja que ondeó sobre el Reichstag sigue recordando al mundo que los pueblos pueden vencer.

¡Honor y gloria eterna a los caídos en la lucha contra el fascismo!

¡Viva la memoria de la Gran Guerra Patriótica!

¡Viva el internacionalismo proletario y la lucha antifascista!

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.