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87 aniversario del fusilamiento de Dolores Hernández Ruiz “La Arrastrá”

“La mujer más peligrosa de Yecla”: así justificó el franquismo la condena a muerte y asesinato de la que se convirtió en la primera de las catorce mujeres ejecutadas por el régimen de terror fascista en la Región de Murcia.

Dolores Hernández Ruiz, su hija Ángeles, le envió esta corona desde Australia en 1961. Cedida por su bisnieto Antonio Andrés
Dolores Hernández Ruiz, su hija Ángeles, le envió esta corona desde Australia en 1961. Cedida por su bisnieto Antonio Andrés

Ochenta y siete años después, la Región de Murcia sigue teniendo una deuda enorme con las mujeres asesinadas por el franquismo. Este 15 de mayo de 2026 se cumplen 87 aniversario del fusilamiento de Dolores Hernández Ruiz, conocida popularmente como “La Arrastrá”, vecina de Yecla y primera mujer ejecutada por el régimen fascista de Franco en la Región de Murcia tras el final de la Guerra Civil. Su asesinato, perpetrado en la madrugada del 15 de mayo de 1939 junto a las tapias del Cementerio de Nuestro Padre Jesús de Espinardo, supone el punto de partida de una de las etapas más oscuras de la represión fascista en la región: la persecución sistemática, judicializada y planificada contra quienes habían defendido la legalidad republicana, el movimiento obrero y las ideas de justicia social.

La historia de Dolores Hernández Ruiz aparece documentada en el libro Consejos de guerra a mujeres – condenadas en la Región de Murcia (1939-1945), obra del investigador Vicente Juan Medrano Salamanca, un trabajo imprescindible en colaboración con la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia para comprender el alcance de la represión franquista ejercida específicamente contra las mujeres murcianas. Gracias a la recuperación y análisis de los sumarísimos militares conservados en archivos oficiales, el autor desmonta décadas de silencio y pone nombres y apellidos a mujeres condenadas por una maquinaria judicial diseñada para castigar políticamente, humillar socialmente y sembrar el terror entre la población derrotada.

El caso de Dolores resume con crudeza el funcionamiento de aquella “justicia” militar franquista. Tenía 57 años, era madre de cuatro hijos, no sabía leer ni escribir y residía en la calle Jumilla de Yecla. Fue denunciada en abril de 1939 por varios vecinos que la acusaron de participar en la quema de iglesias, de hacer propaganda socialista y de haber intervenido en el asesinato de una vecina durante la guerra. Sin embargo, la mayor parte de las declaraciones recogidas en el sumario se basaban únicamente en rumores, comentarios de terceros o afirmaciones sin pruebas materiales. Repetidamente aparece en el procedimiento la expresión “de rumor público”, convertida en argumento suficiente para enviar a una persona al paredón.

El propio sumario evidencia las enormes contradicciones y arbitrariedades del proceso. Una testigo llegó incluso a negar ante el juez haber realizado determinadas acusaciones atribuidas a ella en la denuncia inicial. Aun así, el procedimiento siguió adelante a velocidad vertiginosa. La instrucción comenzó el 15 de abril de 1939 y apenas cuatro días después ya había sido cerrada y elevada al auditor de guerra. En menos de un mes, Dolores pasó de detenida a condenada a muerte.

La investigación de Medrano Salamanca revela además cómo los informes emitidos por Falange, la Alcaldía y las autoridades franquistas tenían más peso que cualquier prueba objetiva. En el caso de Dolores, el informe de Falange la describía como “la mujer más peligrosa de Yecla”, “capitana de grupos de forajidos” y “enemiga extremada del Gobierno Nacional”. La Alcaldía, por su parte, la calificó como “de la más baja estofa de la sociedad”. El lenguaje empleado refleja perfectamente el carácter ideológico y deshumanizador de la represión franquista, especialmente brutal contra las mujeres que habían tenido presencia pública o compromiso político.

La propia actitud de Dolores durante el interrogatorio fue utilizada como elemento incriminatorio. El juez instructor dejó escrito en el sumario:

“Durante la prestación de esta declaración, la declarante se ha mostrado de una forma incorrecta, poniéndose a veces en jarras y demostrando con todo ello, sus maneras de pensar izquierdistas y sus malos sentimientos y altaneros”.

Aquella observación revela hasta qué punto el franquismo castigaba también la disidencia femenina y cualquier comportamiento que escapara del modelo de mujer sumisa que la dictadura pretendía imponer. No solo se perseguían actos; se perseguía la dignidad, la rebeldía y la identidad política de las mujeres republicanas.

El consejo de guerra contra Dolores Hernández Ruiz se celebró en Murcia el 28 de abril de 1939, apenas 27 días después del final oficial de la guerra. El fiscal pidió la pena de muerte acusándola de “adhesión a la rebelión”, una de las mayores perversidades jurídicas del franquismo: quienes se habían levantado militarmente contra la República juzgaban por rebelión a quienes habían permanecido leales al gobierno legítimo.

La sentencia dictada aquella misma tarde constituye un documento demoledor sobre la lógica represiva del nuevo régimen. El tribunal afirmó que “La procesada afiliada al partido socialista con anterioridad al M.N., se distinguió en la ciudad de Yecla por su destacado izquierdismo, tomando parte en todos cuantos actos de violencia tenían lugar en aquella, por motivos de carácter político. Capitaneaba los grupos que se manifestaron violentamente después del triunfo de las elecciones del 36 y el 16 de mayo del mismo año, tomo parte en la destrucción e incendio de los templos de Yecla, aprovechándose de los efectos sustraídos”. Señalando que “Una vez iniciado el M.N., se destacó por su actuación en favor del gobierno marxista en el asesinato de la vecina de esta población, que fue sacada de y tomo parte directa su domicilio el 23 de septiembre de 1936, cuyo cadáver apareció destrozado. Es persona de muy malos antecedentes, considerada como la mujer más peligrosa de Yecla. Los hechos realizados por la procesada constituyen un delito de adhesión a l rebelión, siendo de apreciar la circunstancia agravante de su peligrosidad. Hechos probados y así lo declara el Consejo.”. Y concluía:

“Fallamos que debemos condenar y condenamos a Dolores Hernández Ruiz, a la pena de Muerte y accesorias correspondientes para caso de indulto, y también a la consiguiente responsabilidad civil, sin determinación de cuantía”.

La sentencia apenas ocultaba su verdadera motivación: castigar su militancia socialista, su activismo político y su condición de mujer republicana visible en el espacio público. No existió una investigación garantista, ni derecho efectivo de defensa, ni pruebas concluyentes. Existió una voluntad política de exterminio ejemplarizante.

El 13 de mayo de 1939, desde Burgos, Franco dio personalmente el “enterado” a la ejecución, requisito imprescindible para consumar las condenas capitales. Un día después, el general de la 4ª División de Navarra firmó la orden definitiva. Dolores fue puesta en capilla durante la madrugada del 15 de mayo. Se negó a firmar la notificación de la sentencia y del enterado del dictador. A las seis de la mañana fue fusilada junto a otros cinco hombres.

FUSILADOS EN LA MADRUGADA DEL DÍA 15 DE MAYO DE 1939

  • Dolores Hernández Ruiz | Yecla
  • Pedro Martínez Ortuño | Yecla
  • Martin Gil Ortega | Yecla
  • Epifanio Blasco Ortega | Yecla
  • Jesús Sánchez López | Ricote
  • Herman Grutzmayer Pérez | Murcia

Con ella comenzaba la larga lista de mujeres ejecutadas por el franquismo en la Región de Murcia. En total, treinta mujeres fueron condenadas a muerte en la Región; dieciséis llegaron a tener firmada su ejecución y finalmente catorce fueron asesinadas. Sus historias forman parte de una memoria silenciada durante décadas y apenas recuperada gracias al trabajo de historiadores e investigadores comprometidos con la verdad histórica.

La represión franquista no terminó con el parte de guerra del 1 de abril de 1939. Al contrario: fue entonces cuando comenzó la gran maquinaria del terror institucionalizado. Entre abril de 1939 y noviembre de 1948 fueron fusiladas al menos 771 personas en la Región de Murcia. Consejos de guerra sumarísimos, denuncias vecinales, informes de Falange, torturas, cárceles saturadas, campos de concentración y ejecuciones al amanecer formaron parte del sistema de dominación impuesto por la dictadura.

Aquellos fusilamientos no buscaban únicamente eliminar físicamente a los derrotados. Pretendían destruir unas ideas, sembrar el miedo y garantizar décadas de silencio. El franquismo necesitó seguir matando después de la guerra porque sabía que había vencido por la fuerza, pero no había conseguido convencer.

Ochenta y siete años después, recordar a Dolores Hernández Ruiz “La Arrastrá” es un deber democrático y antifascista. Significa rescatar del olvido a quienes fueron condenadas por defender ideales de igualdad y justicia social. Significa denunciar la impunidad histórica del franquismo y combatir los discursos revisionistas que todavía hoy intentan blanquear la dictadura.

La memoria de Dolores sigue viva en Yecla, en región y en todas las familias que heredaron el dolor, el miedo y el silencio de la represión. También permanece viva en quienes continúan reclamando verdad, justicia y reparación para las víctimas del fascismo español.

Dolores Hernández Ruiz “La Arrastrá”.
Socialista, republicana, vecina de Yecla.
Fusilada por el franquismo el 15 de mayo de 1939.
Ni olvido. Ni perdón. Ni impunidad.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.