domingo, abril 26, 2026
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Rezos judíos ante Bab Doukkala reabren el debate sobre patrimonio, libertad religiosa y normalización en Marrakech

La escena de un grupo de judíos haredíes rezando junto al histórico muro desató una fuerte polémica en redes, seguida por protestas, labores simbólicas de limpieza y acusaciones cruzadas sobre el significado del gesto.

Un vídeo grabado frente a Bab Doukkala, una de las puertas históricas de Marrakech, ha provocado una intensa controversia en Marruecos después de mostrar a varios hombres judíos vestidos con indumentaria religiosa rezando junto al muro del monumento. La secuencia, difundida ampliamente en redes sociales, fue interpretada de formas opuestas: mientras algunos la presentaron como una simple práctica devocional, otros la leyeron como un gesto cargado de simbolismo político.

La polémica no surgió solo por la oración en sí, sino por el contexto regional y emocional en el que se produce. En los últimos años, el debate sobre la normalización de relaciones con Israel, la sensibilidad en torno a Palestina y la protección del patrimonio histórico marroquí han convertido cualquier gesto vinculado al judaísmo político o al conflicto en un asunto de alta tensión pública. En ese marco, algunos usuarios de redes sociales llegaron a especular con que la escena en Bab Doukkala podía apuntar a una tentativa simbólica de convertir el lugar en una suerte de nuevo “Muro de las Lamentaciones”, aunque esa interpretación no ha sido acreditada con pruebas verificables.

Ante la ola de reacciones, Jacky Kadoch, responsable de la comunidad judía marroquí en la región Marrakech-Safi, intervino para aclarar que los implicados eran judíos extranjeros pertenecientes al movimiento haredí. Según explicó, se encontraban en Marruecos dentro de circuitos religiosos para visitar santuarios y lugares históricos, y aprovecharon su presencia en ese punto para rezar al coincidir con la hora de la oración. Kadoch negó expresamente cualquier trasfondo político y señaló además que no disponían de una sinagoga cercana a la que acudir en ese momento.

Esa explicación no logró frenar la controversia. Horas después, un grupo de jóvenes marroquíes acudió al lugar con agua y jabón para limpiar la zona, en un gesto presentado por ellos como respuesta a lo que consideraban una profanación simbólica del espacio. La imagen de esa limpieza se difundió rápidamente y pasó a convertirse en otra pieza central del caso, alimentando aún más la lectura política del episodio. Un análisis visual de la fotografía compartida posteriormente muestra, en efecto, a varias personas limpiando la fachada del monumento, pero no documenta por sí mismo ninguna actividad religiosa en ese instante, sino la reacción posterior.

La dimensión política se reforzó cuando el Frente local de apoyo a Palestina y contra la normalización en Marrakech convocó una protesta en la zona. Decenas de asistentes se concentraron con banderas palestinas y denunciaron lo ocurrido como un acto provocador con implicaciones que, a su juicio, excedían la libertad de culto. Para los organizadores, el incidente afectaba al valor simbólico del patrimonio marroquí y debía leerse también dentro del rechazo a toda forma de infiltración sionista en la sociedad.

Otros actores públicos optaron por posiciones más prudentes. El secretario general del Partido Justicia y Desarrollo, Abdelilah Benkirane, declaró no disponer de información suficiente para emitir un juicio definitivo sobre el episodio. Recordó, no obstante, que los judíos forman parte desde hace siglos del tejido social de Marruecos y sostuvo que todo lo relativo a prácticas religiosas corresponde a la supervisión de las instituciones oficiales, en particular al Ministerio de Habices y Asuntos Islámicos y a la institución monárquica.

La controversia se vio además amplificada por un ecosistema digital propenso a la desinformación. Un reportaje de France 24 (conocida cadena francesa prosionista) dedicado a verificar rumores paralelos sobre supuestos intentos de judíos israelíes de “apoderarse” de bienes en Marruecos concluyó que parte del contenido viral que circulaba en torno a este tipo de narrativas estaba siendo compartido fuera de contexto. Aunque esa verificación no resuelve por sí sola el sentido exacto del rezo frente a Bab Doukkala, sí sugiere cautela frente a las interpretaciones maximalistas difundidas en redes.

En paralelo, otros medios marroquíes subrayaron que la escena abrió un debate más amplio entre quienes consideran que el rezo entra dentro del ámbito de la libertad religiosa y quienes lo ven como una provocación deliberada. Hespress, (periódico digital tambien comprado por los sionistas) por ejemplo, recogió ambas sensibilidades y señaló que el temor a una eventual transformación simbólica del espacio formaba parte del discurso de los críticos, pero sin aportar evidencias de un plan real para convertir el lugar en un santuario judío.

Así, el caso de Bab Doukkala ha terminado funcionando como un espejo de tensiones más profundas en la sociedad marroquí: la convivencia entre pluralidad religiosa e hipersensibilidad política, la defensa del patrimonio frente a las apropiaciones simbólicas y la dificultad de separar un gesto devocional de sus posibles lecturas geopolíticas. Por ahora, lo único documentado con claridad es que hubo un rezo de judíos haredíes extranjeros, una reacción de limpieza por parte de jóvenes marroquíes y protestas políticas posteriores; lo que sigue en disputa es el significado de todo ello.

El hecho puntual, considerado de forma aislada, podría parecer irrelevante o carente de significado político. Sin embargo, al situarlo dentro de un contexto histórico más amplio, adquiere otra dimensión. Según la perspectiva atribuida al activistas como Ahmed Ouyahman, existiría una trayectoria prolongada y compleja relacionada con la presencia o influencia del sionismo en Marruecos, lo que llevaría a interpretar determinados acontecimientos no como episodios independientes, sino como parte de una dinámica más extensa.

Desde este enfoque, Marruecos es descrito como un espacio donde, a lo largo del tiempo, han tenido lugar actividades vinculadas a individuos israelíes, judíos o asociados al sionismo. Estas actividades son caracterizadas como “sospechosas” dentro de ese discurso, lo que contribuye a construir una percepción de continuidad histórica y de posible intencionalidad política. En este sentido, cualquier incidente actual se analiza a la luz de ese historial acumulado, lo que refuerza la idea de que podría haber motivaciones o implicaciones más profundas.

Además, este el acto es más “interesante” no solo por lo que representa en sí mismo, sino por lo que podría revelar sobre relaciones políticas, influencias externas o dinámicas internas en el país. Así, el énfasis no recae únicamente en el evento concreto, sino en su posible conexión con procesos históricos y políticos más amplios que, según esta visión, llevan tiempo desarrollándose.