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AMARME lanza un juego interactivo para denunciar el colapso del Mar Menor y señalar a los causantes del ecocidio

La iniciativa vincula la crisis ecológica con el modelo agroindustrial, la presión urbanística y la responsabilidad política, y apela a la implicación social para revertir la situación.

Portada del juego interactivo “Luchar o Morir” | AMARME
Portada del juego interactivo “Luchar o Morir” | AMARME

Tras meses de trabajo, la asociación de defensa del Mar Menor AMARME ha presentado un juego interactivo que va más allá del entretenimiento y se sitúa como herramienta de denuncia y concienciación. La propuesta arranca con una escena reconocible —un día de verano en un chiringuito de playa— que pronto se rompe por un suceso inquietante, obligando al jugador a tomar decisiones en un entorno marcado por la incertidumbre.

El objetivo es avanzar por distintos niveles sin perderse en un laberinto de distracciones y dudas. Por ahora, el proyecto está en fase piloto y cuenta con dos niveles, a la espera de la respuesta del público para continuar desarrollándose. Sin embargo, su planteamiento apunta a algo más profundo: la situación del Mar Menor no es un accidente, sino el resultado del modelo capitalista agroindustrial sostenido durante décadas.

El deterioro de la laguna está directamente ligado a la expansión del agronegocio intensivo en el Campo de Cartagena. El uso masivo de fertilizantes y la acumulación de nitratos han terminado filtrándose al ecosistema, provocando episodios de asfixia y mortandad masiva de fauna. A este impacto se suman años de urbanización descontrolada, presión turística y una ordenación del territorio que ha priorizado intereses económicos a corto plazo.

Nada de esto ha ocurrido sin la vista gorda, cuando no el respaldo directo de la administración pública gobernada por el Partido Popular desde 1995 y de sus muletas neoliberales de Ciudadanos en anteriores legislaturas y de los ultraderechistas de Vox en la actualidad. La defensa de este modelo productivo por parte del ADN de los gobiernos autonómicos del PP ha ido acompañada de retrasos y limitaciones en la aplicación de medidas eficaces para la laguna salada. En paralelo, Vox ha reforzado un discurso que cuestiona las regulaciones ambientales y desacredita las advertencias científicas, contribuyendo a diluir la gravedad del problema.

Frente a esta situación, la respuesta social ha sido constante. La Iniciativa Legislativa Popular aprobada definitivamente el 21 de septiembre de 2022 cuando el Congreso de los Diputados por fin dió luz verde tras haber superado previamente todo el trámite parlamentario iniciado por la recogida de más de 600.000 firmas ciudadanas, con la que se le dotó de personalidad jurídica al Mar Menor marcó un precedente impulsado por la ciudadanía organizada. Aun así, los colectivos llevan tiempo advirtiendo de que los avances legales no son suficientes si no se traducen en cambios reales sobre el terreno y en un control efectivo de las actividades contaminantes.

El juego de AMARME recoge ese contexto y lo traslada a una experiencia interactiva. No plantea soluciones cerradas, pero sí obliga a tomar decisiones y a asumir sus consecuencias, reproduciendo la complejidad del conflicto ambiental y político que rodea al Mar Menor.

El desarrollo de nuevos niveles dependerá del apoyo social. La continuidad del proyecto queda, en parte, en manos de quienes participen en él, en una lógica que conecta directamente con la realidad que denuncia.

El mensaje final que traslada la entidad ecosocial es directo: Quien no se arriesga, no aprende. Quien no aprende, no lucha. Quien no lucha, muere. Una advertencia que trasciende el juego y apunta a una idea clara; sin presión social y sin cambios en el modelo actual, la recuperación del Mar Menor seguirá siendo una promesa pendiente.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.