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La comunidad colombiana reivindica en Murcia el legado libertario de Bolívar y llama a defender la soberanía popular frente a las «nuevas cadenas imperialistas»

La concentración, celebrada con motivo del Día de la Independencia de Colombia, defendió las reformas sociales impulsadas por el Gobierno de Gustavo Petro, la paz con justicia social, la reforma agraria y la protección de la biodiversidad, al tiempo que denunció las injerencias externas y el poder de las élites económicas.

La comunidad colombiana residente en la capital murciana se concentraron este domingo en la avenida Alfonso X El Sabio para conmemorar el Día de la Independencia de Colombia con un encuentro cargado de reivindicación política, memoria histórica y defensa de la soberanía popular.

Durante la concentración se dio lectura a un manifiesto que presentó la movilización social como «el despertar de una ciudadanía consciente» y defendió que «la dignidad nacional no es negociable». Las personas participantes sostuvieron que la movilización responde a la necesidad de defender las conquistas sociales y democráticas frente a quienes, según denunciaron, pretenden «mantenerse en el poder a expensas del dolor popular».

El manifiesto definió el llamamiento del presidente Gustavo Petro a la movilización como «la reverberación de una memoria colectiva que se niega a ser sepultada por el olvido y la injusticia social», reivindicando la organización popular como herramienta para construir una Colombia más justa, democrática y soberana.

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Uno de los ejes centrales de la convocatoria fue la defensa de la independencia política del país. Las personas asistentes proclamaron que salían a las calles para «defender con valentía la soberanía absoluta de la República de Colombia frente a las injerencias externas y las oligarquías internas», al tiempo que alertaron sobre lo que calificaron como «nuevas cadenas imperialistas» que amenazan la autodeterminación del pueblo colombiano.

La lectura del manifiesto también puso el foco en la libertad de expresión y en el papel del periodismo crítico, reivindicando que «el periodismo independiente y la manifestación pública son una trinchera innegociable frente a los monopolios informativos que intentan distorsionar la realidad del país». En ese sentido, se defendió el derecho de la ciudadanía a una información libre de censuras y de intereses económicos.

La protección del territorio y del medio ambiente ocupó igualmente un lugar destacado. El texto rechazó de forma contundente el fracking y el modelo extractivista, subrayando que «la riqueza de Colombia no se mide en barriles de petróleo ni en la destrucción de los ecosistemas, sino en la pureza de sus ríos, la fragilidad de sus páramos y el florecimiento de una economía productiva y verde».

Las reivindicaciones sociales atravesaron buena parte del manifiesto. Las personas concentradas defendieron una financiación suficiente para la educación pública, la dignificación de los salarios, la redistribución de la riqueza y la ampliación de los derechos sociales, insistiendo en que «la educación pública y de calidad es la herramienta más poderosa para la transformación social y la emancipación del pueblo colombiano».

Asimismo, expresaron su respaldo a la reforma agraria impulsada por el Ejecutivo colombiano, calificándola como «un acto de justicia social y la restitución de la soberanía del campesinado». A su juicio, devolver la tierra a quienes la trabajan supone sembrar «las semillas de una paz estable y duradera» y avanzar hacia un modelo de desarrollo basado en la equidad y la soberanía alimentaria.

El manifiesto también reivindicó las medidas de protección social dirigidas a las personas mayores y a los sectores más vulnerables, así como la mejora de las condiciones económicas de la base de las Fuerzas Armadas y de la Policía, defendiendo que «quienes protegen el territorio nacional merecen condiciones de vida dignas».

El encuentro concluyó con una defensa de la voluntad popular expresada en las urnas y con un llamamiento a permanecer movilizados para impedir cualquier intento de fraude o desestabilización democrática. «La voluntad popular expresada en las urnas es sagrada y no puede ser suplantada por maniobras oscuras», afirmaba el texto, antes de definir la movilización como «un juramento colectivo de resistencia y construcción».

Entre aplausos y consignas como «El pueblo no se rinde», «Que viva Colombia» y «Que viva Petro», la concentración cerró con un mensaje de unidad y solidaridad internacionalista, reivindicando una Colombia «justa, libre y soberana» en la que, como proclamó el manifiesto, «los derechos del pueblo estén por encima de los intereses particulares».

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.