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Diez años sin Mohamed Abdelaziz: el dirigente que convirtió el exilio saharaui en una estructura de resistencia nacional

Una década después de su muerte, el legado político del histórico líder del Frente Polisario sigue marcando la lucha por la autodeterminación del Sáhara Occidental frente a la ocupación marroquí y el bloqueo internacional.

Diez años después del fallecimiento de Mohamed Abdelaziz, el histórico secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), el pueblo saharaui continúa enfrentando el mismo desafío que definió gran parte de su trayectoria política: la conquista efectiva de su derecho a la autodeterminación.

La conmemoración del décimo aniversario de su muerte, ocurrida el 31 de mayo de 2016, tras cuarenta años al frente del movimiento de liberación saharaui, coincide con una etapa de renovada tensión en el conflicto del Sáhara Occidental. Mientras Naciones Unidas intenta reactivar un proceso político paralizado durante décadas, la guerra volvió a convertirse en una realidad tras la ruptura del alto el fuego en noviembre de 2020, cuando Marruecos intervino militarmente en la zona de Guerguerat.

Para amplios sectores del pueblo saharaui, Abdelaziz representa mucho más que una figura política. Su legado está vinculado a la transformación de un movimiento de resistencia armado en un proyecto nacional capaz de sostener instituciones políticas, educativas, sanitarias y administrativas en condiciones extremas de exilio y dependencia humanitaria.

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De la lucha armada por la liberación nacional a la construcción del Estado en el exilio

Nacido en Smara durante la etapa colonial española, Mohamed Abdelaziz formó parte de la generación que impulsó la creación del Frente Polisario en 1973. Tras la muerte de El Uali Mustafá Sayed en combate en 1976, fue elegido secretario general del movimiento y asumió la dirección política de una organización que afrontaba simultáneamente la invasión marroquí, el éxodo masivo de la población y la necesidad de construir estructuras estatales desde los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia.

Durante las décadas siguientes, su liderazgo estuvo marcado por una doble estrategia. Por un lado, mantener la resistencia frente a la ocupación marroquí de gran parte del territorio saharaui. Por otro, impulsar la consolidación institucional de la RASD como expresión política de la soberanía nacional saharaui.

Bajo su dirección se desarrollaron sistemas de educación, salud, justicia y administración pública que, pese a las limitaciones materiales, fueron considerados por numerosos observadores internacionales como una experiencia singular de organización política en condiciones de refugio prolongado.

La diplomacia como campo de batalla

Uno de los aspectos más destacados de la trayectoria de Abdelaziz fue la internacionalización de la causa saharaui. Durante su mandato, la RASD logró consolidar reconocimiento diplomático en decenas de países y obtuvo un importante respaldo continental con su incorporación a la antigua Organización para la Unidad Africana en 1984, hecho que provocó la retirada temporal de Marruecos de la organización panafricana.

Su apuesta diplomática buscó trasladar el conflicto desde el terreno exclusivamente militar hacia los espacios jurídicos y políticos internacionales. Esa estrategia contribuyó a consolidar una posición cada vez más reconocida en el derecho internacional: el Sáhara Occidental sigue siendo considerado por Naciones Unidas un territorio pendiente de descolonización y distinto de Marruecos.

Asimismo, durante sus últimos años de vida impulsó iniciativas orientadas a denunciar la explotación de los recursos naturales saharauis por parte de empresas vinculadas al Estado marroquí, una batalla jurídica que posteriormente obtuvo importantes respaldos en instancias judiciales europeas.

Un conflicto enquistado

La figura de Abdelaziz también permite analizar los límites de la comunidad internacional frente a uno de los procesos de descolonización inconclusos más prolongados del mundo contemporáneo.Treinta y cinco años después del alto el fuego de 1991, el referéndum de autodeterminación prometido por Naciones Unidas continúa sin celebrarse. Mientras tanto, Marruecos ha consolidado su control sobre la mayor parte del territorio mediante una combinación de presencia militar, colonización demográfica y respaldo diplomático de potencias occidentales.

La decisión de la parte “socialista” del Gobierno español en 2022 de apoyar la propuesta marroquí de autonomía supuso además una ruptura con la tradicional posición de neutralidad formal mantenida por Madrid y generó una profunda crisis con el Frente Polisario, que considera a España la potencia administradora de iure del territorio según el derecho internacional.

El legado de toda una generación

Para la sociedad saharaui, Mohamed Abdelaziz simboliza una generación que dedicó su vida a un proyecto de liberación nacional aún inconcluso. Sus partidarios destacan su defensa de la unidad interna, el protagonismo político de las mujeres saharauis y la construcción de instituciones en medio de la adversidad. Sus críticos, aunque minoritarios dentro del movimiento nacional saharaui, cuestionaron en distintos momentos la concentración de responsabilidades políticas durante su largo mandato.

Sin embargo, una década después de su desaparición física, su figura continúa ocupando un lugar central en la memoria colectiva de los campamentos de refugiados y de la diáspora saharaui.

La vigencia de su legado se mide hoy en una realidad incontestable: el conflicto que marcó toda su vida permanece abierto. El pueblo saharaui sigue dividido entre los territorios ocupados, los campamentos de refugiados y la diáspora repartida por el mundo, mientras la promesa de autodeterminación continúa pendiente de cumplimiento.

Diez años después de Mohamed Abdelaziz, la pregunta que sigue sin respuesta es la misma que atravesó toda su trayectoria política: cuándo podrá el pueblo saharaui decidir libremente su futuro.Esta versión está redactada con estructura de prensa de análisis, tono combativo pero profesional, incorporando contexto histórico, dimensión geopolítica y lectura crítica del proceso de descolonización inconcluso del Sáhara Occidental.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.