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Torreagüera honra el legado revolucionario de Antonete Gálvez en el 153 aniversario del Cantón Murciano

Enza Negra sitúa la Revolución Cantonal como una experiencia de republicanismo federal, democracia popular y resistencia frente al centralismo durante un acto de conmemoración celebrado este domingo ante el busto del dirigente murciano.

La plaza Antonete Gálvez de Torreagüera, pedanía que vio nacer al histórico dirigente republicano Antonio Gálvez Arce «Antonete Gálvez» (Torreagüera, 1819 – 1898), ha acogido este domingo un acto de homenaje con motivo del 153 aniversario del inicio de la Revolución Cantonal de 1873. Convocado por el colectivo murcianista Enza Negra, el encuentro ha reivindicado la memoria de quien fue uno de los principales líderes de una de las mayores experiencias de democracia popular, republicanismo federal y movilización de las clases trabajadoras de la historia contemporánea del Estado español.

Frente al busto dedicado a Antonete Gálvez, uno de los miembros de Enza Negra dio lectura a un manifiesto que repasó el significado político del movimiento cantonal y reivindicó la necesidad de recuperar una memoria histórica frecuentemente relegada por los relatos oficiales. Entre las personas asistentes se encontraba la coordinadora local de Izquierda Unida Murcia, Liliana Mellado. El homenaje concluyó con la interpretación colectiva en llengua murciana de «Alevántate Cantonal».

El 12 de julio de 1873, apenas cinco meses después de proclamarse la Primera República, Cartagena se levantó para proclamar el Cantón Murciano. La insurrección, impulsada por los republicanos federales «intransigentes», no perseguía la fragmentación del país, sino la implantación inmediata de una República Federal construida desde abajo, mediante la libre federación de municipios y territorios, frente al modelo centralista defendido por el Gobierno republicano de Madrid. La revolución cuestionaba un Estado heredero del liberalismo oligárquico, incapaz de responder a las demandas de campesinos, jornaleros, pequeños artesanos y sectores populares que reclamaban mayores cotas de democracia, justicia social y autogobierno.

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La proclamación del Cantón encontró rápidamente eco en numerosos municipios de la Región de Murcia. Localidades como Murcia, Lorca, Águilas, Mazarrón, Caravaca, Yecla, Jumilla, Cieza, Mula o Totana constituyeron juntas revolucionarias o expresaron su adhesión al proyecto federal, mientras Cartagena se convertía en el principal bastión de la revolución. Desde allí se organizaron expediciones para extender el movimiento por el sureste peninsular y coordinar el levantamiento con otros cantones proclamados en ciudades como Sevilla, Cádiz, Málaga, Granada, Valencia, Castellón, Salamanca o Almansa, entre otras. Durante meses, el cantonalismo llegó a desafiar seriamente la autoridad del Estado central.

Lejos de la caricatura con la que tradicionalmente ha sido presentada por buena parte de la historiografía conservadora, la Revolución Cantonal fue una expresión del profundo malestar social acumulado durante décadas de desigualdad, caciquismo y exclusión política. En un contexto marcado por la crisis económica, las guerras carlistas y la Guerra de Cuba, miles de trabajadores, campesinos y milicianos vieron en la República Federal la posibilidad de construir un nuevo modelo de organización política basado en la participación popular y la descentralización del poder.

En ese proceso destacó Antonio Gálvez Arce, conocido popularmente como Antonete Gálvez. De origen humilde y profundamente vinculado a la huerta murciana, se convirtió en uno de los dirigentes más respetados del republicanismo federal. Su liderazgo fue determinante para movilizar a numerosos voluntarios y para consolidar la resistencia cantonal, llegando a asumir responsabilidades militares durante la defensa de Cartagena frente al asedio de las tropas gubernamentales.

La ciudad resistió cerca de seis meses un intenso bloqueo terrestre y naval. Fue bombardeada de forma continuada por el Ejército centralista hasta que, el 12 de enero de 1874, las tropas del general José López Domínguez lograron ocupar Cartagena tras causar una enorme destrucción material. Miles de proyectiles cayeron sobre la ciudad, provocando centenares de víctimas y obligando al exilio a buena parte de los dirigentes cantonales. Antonete Gálvez consiguió huir por mar hacia el norte de África antes de iniciar un largo exilio, convirtiéndose en símbolo de una causa derrotada militarmente, pero profundamente arraigada en la memoria popular murciana.

Durante la lectura del manifiesto, Enza Negra sostuvo que el Cantón representó «la decisión de romper con la explotación y la miseria que encarnaban la incipiente burguesía» y recordó que miles de murcianos tomaron las armas impulsados por el ideal de una democracia radical construida desde el pueblo. El texto reivindicó el legado de quienes fueron encarcelados, deportados o forzados al exilio por defender el federalismo republicano y llamó a mantener viva una memoria «silenciada por quienes escriben la historia desde el poder».

El colectivo vinculó aquella experiencia revolucionaria con los retos del presente y defendió la necesidad de construir una Murcia «libre y soberana, sin tutelas ajenas», recuperando el espíritu transformador del cantonalismo y su compromiso con la justicia social, la democracia y la emancipación popular. «¡Viva el Cantón Murciano! ¡Viva la República Federal! ¡Viva la libertad del pueblo!», concluyó el manifiesto antes de que los asistentes entonaran el himno murcianista «Alevántate Cantonal», una composición del cantautor murciano Patricio Molina que recupera la memoria del levantamiento de 1873 y llama a mantener vivo el orgullo popular, cerrando un homenaje que volvió a reivindicar que la historia de Antonete Gálvez sigue siendo la historia de quienes desafiaron el poder establecido para poner las instituciones al servicio del pueblo.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.