Barcelona volvió a vivir este fin de semana una escena que numerosos colectivos sociales consideran cada vez más habitual en Europa: la extrema derecha ocupando el espacio público bajo protección policial y el movimiento antifascista enfrentándose a cargas cuando intenta mostrar su rechazo.
La tarde del sábado estuvo marcada por la tensión entre la convocatoria del grupo ultraderechista Núcleo Nacional y la respuesta organizada por organizaciones juveniles, movimientos sociales y colectivos antifascistas que llamaron a impedir la normalización de discursos racistas, xenófobos y reaccionarios en las calles de la capital catalana.
Desde horas antes del inicio de la concentración ultra, los Mossos d’Esquadra desplegaron un amplio dispositivo para garantizar el desarrollo del acto convocado por Núcleo Nacional. Centenares de manifestantes antifascistas se concentraron en las inmediaciones con el objetivo de denunciar la presencia de la organización neonazi y mostrar su rechazo a la creciente visibilidad de la extrema derecha.
Canal oficial
Diario La Protesta — Telegram
Noticias al instante, sin censura ni algoritmos.
Cuando varios grupos intentaron aproximarse al perímetro establecido por la policía, los Mossos respondieron mediante cargas, empujones y golpes de porra para impedir cualquier acercamiento. Las imágenes difundidas en redes sociales muestran momentos de gran tensión, con jóvenes corriendo por las calles del centro de Barcelona mientras las unidades antidisturbios trataban de dispersar la protesta.
Para muchos de los asistentes, la actuación policial volvió a evidenciar una contradicción difícil de ignorar: mientras las fuerzas de seguridad destinaban importantes recursos a proteger una concentración de carácter ultraderechista, la respuesta hacia quienes se movilizaban contra ella fue la represión.
La presencia de Núcleo Nacional en el espacio público no constituye un hecho aislado. En los últimos años, diferentes organizaciones de extrema derecha han intensificado su actividad en Cataluña y en el conjunto del Estado español, aprovechando un contexto de creciente polarización política y social. Ante este fenómeno, el movimiento antifascista sostiene que la movilización sigue siendo una herramienta imprescindible para frenar la expansión de discursos basados en el odio, el racismo y la exclusión.
La jornada terminó sin que llegaran a encontrarse ambos bloques, precisamente debido al fuerte cordón policial desplegado durante toda la tarde. Sin embargo, el balance político de lo ocurrido continúa generando debate: una vez más, quienes denunciaban la presencia del fascismo acabaron enfrentándose a las porras, mientras quienes lo representaban pudieron desarrollar su convocatoria bajo protección institucional.
La pregunta que muchos manifestantes dejaron en el aire tras las cargas sigue resonando más allá de Barcelona: ¿por qué la respuesta policial parece dirigirse con mayor contundencia contra quienes combaten el fascismo que contra quienes tratan de difundirlo?
















