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Trabajadores del polígono Cabezo Cortado y usuarios del transporte público denuncian abandono e insalubridad y exigen al PP de José Ballesta responsabilidades por el deficiente servicio de autobuses

La falta de mantenimiento y limpieza convierte el entorno laboral en un espacio degradado que afecta directamente a la salud y seguridad de quienes trabajan en la zona.

Situación de abandono en el Polígono del Cabezo Cortao de la capital murciana | La Protesta Diario
Situación de abandono en el Polígono del Cabezo Cortao de la capital murciana | La Protesta Diario

La degradación del polígono industrial de Cabezo Cortado ha dejado de ser una simple queja vecinal para convertirse en una denuncia directa contra la gestión del Ayuntamiento de Murcia, gobernado por el Partido Popular bajo la alcaldía de José Ballesta. Trabajadores y usuarios del transporte público acusan al consistorio de permitir una situación de abandono estructural que afecta a la salubridad, la seguridad y el acceso al empleo.

Las condiciones del polígono evidencian años de desatención: calles sin asfaltar que se convierten en lodazales tras las lluvias, acumulaciones de agua que permanecen durante días, basura dispersa sin recogida efectiva y aceras invadidas por vegetación sin control. “Esto no es un descuido puntual, es una dejadez continuada por parte del Ayuntamiento”, denuncian los afectados.

El estado de las infraestructuras básicas resulta especialmente alarmante. Una de las paradas de autobús permanece con la marquesina destrozada desde hace meses, con los cristales rotos abandonados en una caja de cartón deteriorada por la lluvia y pegada al suelo. La escena, lejos de resolverse, se ha cronificado como símbolo del abandono institucional. “Ni siquiera retiran elementos peligrosos. Es una negligencia evidente”, subrayan.

A esta situación se suma la falta de limpieza y mantenimiento general, que convierte el entorno laboral en un espacio insalubre. “El Ayuntamiento presume de gestión mientras permite que zonas industriales enteras estén en condiciones tercermundistas”, critican trabajadores del polígono.

En materia de seguridad, la ausencia de presencia policial agrava la sensación de abandono. Los usuarios denuncian que la vigilancia es prácticamente inexistente en una zona con alta actividad laboral, lo que incrementa la inseguridad.

El transporte público, lejos de paliar estas carencias, añade nuevos problemas. Los autobuses incumplen con frecuencia las paradas establecidas, obligando a los usuarios a hacer señales para que se detengan o, directamente, alterando el recorrido sin previo aviso. En algunos casos, los trabajadores son dejados a más de un kilómetro de sus centros de trabajo.

Uno de los testimonios recogidos refleja esta situación: un empleado fue dejado a más de kilómetro y medio de su empresa después de que el autobús evitara la parada correspondiente, obligándole a completar el trayecto a pie y poniendo en riesgo su puntualidad laboral. “Esto tiene consecuencias directas en nuestros empleos, y el Ayuntamiento mira hacia otro lado”, denuncian.

Los afectados responsabilizan directamente al gobierno municipal del PP y exigen una intervención inmediata. Reclaman inversiones urgentes en asfaltado, limpieza, mantenimiento de infraestructuras, reposición de marquesinas y señalización, así como un servicio de transporte público fiable y supervisado.

“Lo que ocurre en Cabezo Cortado no es casualidad, es el resultado de una gestión que prioriza otras zonas mientras abandona los espacios donde miles de personas se ganan la vida”, concluyen.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.