El activista ultraconservador Charlie Kirk, conocido por fundar la organización ultra “Turning Point USA”, murió tras un tiroteo en un campus universitario de Utah. El presidente Donald Trump reaccionó rápidamente a su muerte en un mensaje desde la Casa Blanca, que lejos de centrarse en las víctimas o en el problema de la violencia armada en EE. UU., sirvió para intensificar su narrativa contra la llamada “izquierda radical”.
En un video de cuatro minutos, Trump ha calificado a su aliado ideológico como “un mártir de la verdad y la libertad”, en un tono más cercano al de la instrumentalización política que al de un homenaje. El líder estadounidense vinculó el tiroteo con otros episodios de violencia y con su propio atentado en Pensilvania, construyendo así un relato que coloca a la izquierda como la responsable de un supuesto “terrorismo” contra el movimiento ultraconservador.
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Sin embargo, Trump evitó cualquier referencia al papel de la ultraderecha armada, al clima de odio alimentado por su propio partido o a la proliferación de armas de fuego que, año tras año, se cobra miles de vidas en EE. UU. Tampoco hizo mención a las víctimas fuera de su círculo político.
El mandatario prometió “reprimir la violencia política” mediante un plan que, según adelantó, perseguirá a quienes “financian y apoyan” a grupos críticos con su gobierno. Una declaración que genera preocupación entre organizaciones de derechos civiles, que temen que estas medidas se traduzcan en un endurecimiento represivo contra movimientos sociales, sindicales y progresistas, ya señalados por la administración Trump.
La muerte de Kirk, lejos de ser un espacio de duelo colectivo, está siendo utilizada como herramienta de propaganda para reforzar un discurso que blanquea a la extrema derecha y criminaliza la disidencia política.
















