Cerca de mil personas desafían la lluvia en Murcia en la marcha del Bloque Antirracista y Anticolonial del 8M

La marcha, convocada por Afromurcia, CATS, Orgullo Crítico y el Movimiento Feminista de Murcia, que denunciaron el racismo institucional, la precarización de las mujeres migrantes, la estigmatización de las trabajadoras sexuales y las violencias estructurales del sistema económico capitalista.

Cerca de un millar de personas recorrieron al caer la noche de este domingo, bajo una lluvia intensa y persistente, la arteria central de la capital murciana en la movilización convocada por el Bloque Antirracista y Anticolonial con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres. La manifestación partió de la Plaza de la Fuensanta y avanzó por la Gran Vía hasta el cruce del Puente Viejo, donde se celebró el acto final con la lectura de los manifiestos de las organizaciones convocantes y un posterior micrófono abierto.

La marcha estuvo marcada por consignas feministas, antirracistas y transfeministas, con una presencia destacada de colectivos de mujeres migrantes, activistas LGTBIQ+ y organizaciones de apoyo a las trabajadoras sexuales. Las pancartas principales reclamaban derechos laborales, regularización para las personas migrantes y el reconocimiento de las trabajadoras sexuales como parte de la clase trabajadora.

A pesar del mal tiempo, la movilización mantuvo un ambiente combativo y de denuncia social durante todo el recorrido, con cánticos contra el racismo institucional, la precariedad laboral y las políticas migratorias del Estado.

Al llegar al final del recorrido, representantes de las cuatro organizaciones convocantes —Movimiento Feminista de Murcia, CATS, Orgullo Crítico Murcia y Afromurcia— leyeron sus respectivos manifiestos, que pusieron el foco en diferentes ejes de opresión que atraviesan a las mujeres y disidencias.

Por parte del colectivo Afromurcia, centrado en el lema “Sin antirracismo no hay feminismo”, su portavoz Belinda Salmerón Ntutumu denunció durante la lectura de su manifiesto, que miles de mujeres migrantes, afrodescendientes, árabes y gitanas sostienen sectores clave de la economía mientras permanecen atrapadas en la irregularidad administrativa y la explotación laboral. El colectivo señaló directamente a la Ley de Extranjería como un instrumento que produce mano de obra barata y precarizada.

Durante la lectura se recordó que estas mujeres trabajan en el campo, en los cuidados, en la limpieza de hoteles y hogares, muchas veces sin contrato ni protección legal. “Eso también es violencia machista”, subrayaron. El manifiesto exigió la regularización inmediata y sin condiciones de las personas migrantes, la derogación de la Ley de Extranjería, derechos laborales plenos para las trabajadoras del hogar y del campo, y el fin de los controles raciales y las identificaciones policiales por perfil étnico.

También denunció la situación de la infancia migrante y racializada, señalando que muchos jóvenes tutelados pasan a la irregularidad al cumplir la mayoría de edad. “Un Estado que deja caer a su juventud racializada está sembrando racismo estructural”, afirmaron, reivindicando un feminismo que no ignore las desigualdades raciales.

El segundo manifiesto fue leído por Helena Vidal, psicóloga de la asociación CATS, organización que trabaja con el colectivo de trabajadoras sexuales. Bajo el lema “Sin putas no hay feminismo”, defendió que las trabajadoras sexuales deben formar parte del movimiento feminista y ser reconocidas como trabajadoras con derechos.

Desde la organización criticaron el modelo abolicionista, señalando que allí donde se ha aplicado no ha eliminado la prostitución ni la trata, sino que ha desplazado la actividad hacia espacios más clandestinos y peligrosos. Denunciaron además que las políticas institucionales están marginando a las organizaciones que defienden un enfoque basado en derechos.

CATS reclamó la despenalización del trabajo sexual y el fin de las ordenanzas municipales que sancionan a quienes ejercen en la calle, al considerar que estas medidas aumentan la violencia institucional contra un colectivo ya vulnerable. “Las trabajadoras sexuales no necesitan ser salvadas: necesitan ser escuchadas, reconocidas y tener derechos”, concluyó el manifiesto.

El tercer texto fue presentado por Orgullo Crítico Murcia, que situó su intervención en el marco del transfeminismo y la crítica al sistema binario de género. Desde este colectivo se denunció que el orden social que divide a las personas estrictamente entre “hombre” y “mujer” funciona como una herramienta de control que castiga a quienes no encajan en esa clasificación.

Según señalaron, el binarismo de género también tiene una dimensión colonial, al haber sido históricamente utilizado para clasificar y jerarquizar cuerpos y vidas. El colectivo defendió el derecho a existir de las personas trans, intersex, no binarias y de todas las disidencias de género, afirmando que seguirán organizándose y desobedeciendo un sistema que busca disciplinar los cuerpos.

El último manifiesto fue leído por el Movimiento Feminista de Murcia, que centró su intervención en la crítica al sistema económico y al problema de la vivienda. El texto denunció que el acceso a la vivienda se ha convertido en un negocio dominado por bancos y especuladores, mientras cada vez más personas no pueden pagar un alquiler o se ven obligadas a compartir habitación por necesidad.

El colectivo señaló la gentrificación, el racismo en el mercado inmobiliario y la acumulación de viviendas por parte de grandes propietarios como formas de violencia estructural. También denunciaron el uso de la cárcel como respuesta a problemas sociales derivados de la pobreza y la exclusión.

El manifiesto incluyó además una denuncia de los conflictos internacionales y del uso del discurso de los derechos de las mujeres como justificación para intervenciones militares. “No se matará a nadie en nombre del feminismo”, afirmaron, mencionando conflictos como los de Palestina, Sudán o el Congo.

Tras la lectura de los manifiestos se abrió un turno de intervenciones espontáneas con un micrófono abierto en el que participaron distintos colectivos y activistas. Entre ellos intervino el Sindicato de Estudiantes de la Región de Murcia, que denunció la precariedad que sufren las jóvenes y la necesidad de reforzar la organización feminista en institutos y universidades.

Durante el acto también se leyó un manifiesto de las presas de la cárcel de Sangonera, en el que denunciaban las condiciones de vida dentro de los centros penitenciarios y reclamaban visibilizar la situación de las mujeres privadas de libertad.

Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con la intervención de la hija y el nieto de la presa política antifascista del GRAPO María José Baños Andújar, quienes pidieron reforzar la solidaridad para lograr su traslado hospitalario ante el deterioro de su estado de salud. Durante su intervención anunciaron además una próxima concentración a las puertas de la cárcel de Campos del Río para exigir atención médica adecuada y denunciar su situación.

La movilización concluyó entre aplausos y consignas feministas, dejando claro el carácter combativo de este bloque del 8M, que situó en el centro del debate la lucha contra el racismo, la precariedad, las fronteras, la criminalización de la pobreza y las distintas formas de opresión que atraviesan a mujeres y disidencias.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.