Varias explosiones sacudieron en la madrugada distintos puntos de Teherán, dejando visibles columnas de humo sobre la capital iraní. Las autoridades de Israel reconocieron públicamente el lanzamiento de una operación “preventiva” contra objetivos en territorio iraní, alegando razones de seguridad nacional. Testigos presenciales y agencias internacionales informaron de detonaciones en zonas estratégicas de la ciudad, aunque hasta el momento no se han difundido cifras oficiales sobre víctimas o daños materiales.
Según informaciones recogidas por Al Jazeera y la agencia Reuters, un funcionario estadounidense habría confirmado la participación coordinada de Estados Unidos en la ofensiva. Aunque Washington no ha detallado públicamente el alcance de su intervención, diversas fuentes apuntan a apoyo logístico, inteligencia y coordinación militar directa con el gobierno israelí, lo que sitúa a la administración estadounidense como actor activo en esta nueva escalada.
La ofensiva se produce en un contexto de alta tensión geopolítica en Oriente Medio, marcado por las disputas en torno al programa nuclear iraní, la presencia militar estadounidense en la región y el prolongado conflicto entre Israel y distintos actores del eje regional liderado por Teherán. Analistas advierten de que este movimiento podría desencadenar represalias y abrir un ciclo de confrontación de mayor envergadura, con consecuencias imprevisibles para la estabilidad regional e internacional.
Diversos gobiernos y organismos internacionales han reaccionado con preocupación ante la ofensiva. El Secretario General de Naciones Unidas ha advertido del riesgo de una escalada de “consecuencias devastadoras” y ha llamado a frenar el uso de la fuerza y retomar la vía diplomática. Por su parte, China ha denunciado lo que considera una vulneración de la soberanía iraní y del derecho internacional, mientras que Pakistán ha expresado su “profunda preocupación” por el impacto regional de la operación. En el Golfo, Qatar ha advertido de que este tipo de acciones agravan la inestabilidad, y tanto Irak como Egipto han alertado de las graves repercusiones que podría tener una confrontación directa entre potencias en Oriente Medio.
Estas reacciones refuerzan la idea de que la implicación directa de Estados Unidos en operaciones ofensivas junto a Israel no se percibe únicamente como un episodio puntual, sino como parte de una dinámica de presión militar sostenida sobre Irán. En un contexto internacional ya atravesado por múltiples conflictos abiertos, varios actores estatales y diplomáticos coinciden en que una escalada de este calibre incrementa significativamente el riesgo de desestabilización regional y de un enfrentamiento de mayor alcance.
A la espera de confirmaciones oficiales sobre el alcance de los daños y posibles respuestas iraníes, la comunidad internacional observa con preocupación una escalada que podría redefinir el equilibrio estratégico en Oriente Medio en las próximas horas.
















