El municipio albaceteño de Casas Ibáñez volvió a acoger el pasado viernes 28 de agosto una protesta contra la celebración de la corrida de toros de las fiestas. La manifestación partió de la plaza de la Iglesia y terminó frente a la plaza de toros tras aproximadamente tres horas de recorrido, poniendo el foco en dos cuestiones que las activistas consideran inseparables: la utilización de animales como espectáculo y el respaldo económico de las instituciones públicas a la tauromaquia.
La movilización se produce pocos días después de que el Ayuntamiento aprobara en pleno extraordinario el incremento de la subvención destinada a la Asociación «Amigos de la Plaza de Toros», que pasa de 18.000 a 23.000 euros. La propuesta salió adelante con los votos favorables del PSOE, PP y Vox, mientras que Unidas-IU-Podemos votó en contra y calificó la financiación pública de actividades vinculadas al maltrato animal como una «línea roja».
Para las activistas antitaurinas, el debate no puede reducirse a una cuestión de tradición o de preferencias culturales. «La tortura animal como espectáculo y el uso del dinero público» son, según explican, las principales razones que llevaron nuevamente a la calle al movimiento antitaurino local.
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Una plaza construida por el pueblo
Uno de los argumentos que más reivindican las activistas tiene que ver con el origen de la propia plaza de toros. Frente a quienes presentan la tauromaquia como una tradición inalterable del municipio, recuerdan que el coso es de titularidad pública y que su construcción estuvo vinculada directamente a la participación de los vecinos.
«Se construyó de la forma más comunista», explican. Quienes podían aportar dinero lo hicieron en función de sus posibilidades y quienes no podían contribuir económicamente colaboraron mediante su trabajo en la construcción de la plaza.
Precisamente por ello consideran una «decepción» que décadas después aquel espacio continúe siendo utilizado para actividades taurinas.
«Tenemos que seguir evolucionando como sociedad y trasladar a las futuras generaciones que la tortura no es el camino», sostienen.
Su propuesta no pasa por abandonar el espacio, sino por cambiar radicalmente su utilización. Defienden convertir la plaza en un recinto cultural polivalente en el que tengan cabida la música, el teatro, la danza, el cine de verano, los deportes, los conciertos, los festivales, los mercados de artesanía o incluso mercados medievales.
«Ardacho» como alternativa a la tauromaquia
Las activistas recuerdan además que Casas Ibáñez ya tuvo experiencias culturales que podrían servir como alternativa. Entre ellas mencionan «Ardacho», un festival que reunía cultura, folclore, música, talleres y artesanía.
Para el movimiento antitaurino, recuperar ese modelo permitiría devolver a la plaza una función verdaderamente comunitaria.
«Volveríamos a recuperar el modelo del Ardacho», explican, junto con talleres de concienciación social y actividades artísticas y culturales. También plantean recuperar durante las fiestas navideñas el denominado «zoreo», una actividad que, según recuerdan, tuvo una importante tradición popular en el municipio.
La propuesta, por tanto, no es cerrar la plaza ni dejarla sin uso, sino reconvertirla en un espacio cultural abierto a la ciudadanía.
La subida de la subvención: de 18.000 a 23.000 euros
El conflicto se ha intensificado este año después de que el Ayuntamiento aprobara elevar hasta 23.000 euros la subvención a la Asociación «Amigos de la Plaza de Toros».
El incremento supone 5.000 euros adicionales, un 27,8 % más que el año anterior.
El acuerdo fue respaldado por PSOE, PP y Vox. Desde el Gobierno socialista se defendió que el incremento forma parte del apoyo municipal al tejido asociativo y que el conjunto de las aportaciones a asociaciones pasará, según los datos expuestos en el pleno, de 93.215 a 115.300 euros en 2026.
Unidas-IU-Podemos, sin embargo, cuestionó específicamente que ese dinero público se destinara a actividades relacionadas con la tauromaquia. Su concejal, Jesús Manuel Chinarro Vinuesa, defendió que financiar actividades que implican maltrato animal constituye una «línea roja» para su formación.
Las activistas comparten esa posición y consideran que el dinero municipal debería destinarse a otras necesidades y actividades culturales.
«El alcalde hizo caso omiso»
Preguntadas por la respuesta del Gobierno municipal a sus reivindicaciones, las activistas son tajantes: «Caso omiso».
También reprochan directamente al alcalde, José María García Martínez, que asistiera a la corrida celebrada el viernes.
El Ayuntamiento está gobernado por el PSOE con mayoría absoluta, con seis de los once concejales de la corporación. El PP cuenta con tres representantes, mientras que Unidas-IU-Podemos y Vox disponen de un concejal cada uno.
La votación sobre la subvención dejó, sin embargo, una fotografía política diferente de la composición del Gobierno: PSOE, PP y Vox coincidieron en respaldar el incremento, mientras Unidas-IU-Podemos quedó como único grupo contrario.
Para las activistas, esa coincidencia demuestra que la discusión sobre la tauromaquia sigue siendo también una cuestión política.
La preocupación por los niños y niñas
Otro de los elementos que más preocupa al movimiento antitaurino este año es la incorporación de actividades dirigidas específicamente a menores.
La programación de la jornada taurina incluyó un toreo de salón para los más pequeños y la presentación del cuento infantil Herencia Viva: El origen. Además, las activistas denuncian que se han repartido numerosas entradas gratuitas y que se ha facilitado el acceso gratuito a menores, aunque señalan que no pueden precisar con seguridad la edad exacta establecida.
«Son los más vulnerables y no debería existir ni la opción de trasladar este tipo de dinámicas violentas», defienden.
Para ellas, la cuestión trasciende la celebración puntual de una corrida. Consideran que existe un intento de normalizar y transmitir la tauromaquia a las nuevas generaciones desde las propias instituciones.
«Queremos trasladar nuestra preocupación no solo por una actividad que implica tortura animal con dinero público, sino que además se les traslade este tipo de dinámicas a niños y niñas que, al fin y al cabo, son nuestro futuro», explican.
Una actividad que las activistas consideran cada vez menos respaldada
En Casas Ibáñez se celebran aproximadamente uno o dos eventos taurinos al año, según las activistas, y este año se ha añadido además la suelta de vaquillas.
La corrida del viernes contó con seis toros de La Quinta y los matadores Rubén Pinar, Román y Cristian Pérez. Las crónicas taurinas situaron la asistencia en torno a media plaza o algo más de media entrada, mientras las activistas aseguran que este año la afluencia habría descendido considerablemente y denuncian el reparto de numerosas entradas gratuitas.
La plaza tiene una capacidad aproximada de 6.000 personas, según la información turística municipal, y las entradas para la corrida partieron de unos 45 euros, dependiendo de la zona.
Para el movimiento antitaurino, estos datos deberían abrir otra discusión: cuánto dinero público se destina realmente a mantener una infraestructura de estas dimensiones y a sostener una actividad taurina que, a su juicio, no cuenta con el respaldo social que justifican las instituciones.
De la protesta a la propuesta
Después de años de movilizaciones, las activistas insisten en que su objetivo no consiste únicamente en denunciar la corrida de agosto.
Quieren abrir un debate sobre el futuro de la plaza.
«Lo ideal sería usarla para realizar un espacio cultural polivalente», plantean: danza, cine de verano, deportes, música, conciertos, festivales, mercados de artesanía o actividades educativas.
Una transformación que, a su juicio, permitiría recuperar el carácter comunitario de un espacio levantado con el esfuerzo de los propios vecinos y ponerlo al servicio de actividades que no impliquen la muerte de animales.
«La plaza debería usarse para actividades culturales de verdad», reivindican, frente a unas corridas que consideran «aberraciones camufladas en folclore y tradición».
La protesta del 28 de agosto vuelve así a colocar en el centro de Casas Ibáñez una pregunta que va mucho más allá de una tarde de toros: qué uso debe darse a un espacio público y qué actividades está dispuesto a financiar con dinero de toda la ciudadanía un Ayuntamiento gobernado con mayoría absoluta.















