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La extrema derecha británica fracasa estrepitosamente en su intento de llevar su discurso islamófobo al corazón de Londres

La marcha convocada por el líder del UKIP, Nick Tenconi, apenas reunió a poco más de una veintena de seguidores, mientras alrededor de 150 personas, según las autoridades, respondieron desde el movimiento antirracista para rechazar el odio y la intimidación contra la comunidad musulmana.

Activistas de Stand Up to Racism reciben a la extrema derecha de UKIP en Hyde Park durante la contramovilización antifascista celebrada este sábado en Londres.
Activistas de Stand Up to Racism reciben a la extrema derecha de UKIP en Hyde Park durante la contramovilización antifascista celebrada este sábado en Londres.

La extrema derecha británica volvió este sábado a las calles de Londres con una movilización contra el islam bajo el lema «No to Sharia Law», pero el resultado estuvo muy lejos de la demostración de fuerza que pretendían sus promotores. El líder del UKIP, Nick Tenconi, apenas consiguió reunir a alrededor de una veintena de seguidores, mientras que la respuesta antirracista congregó a unas 150 personas, según las informaciones difundidas desde la propia movilización.

La protesta había sido planteada inicialmente en Edgware Road, una zona especialmente vinculada a la comunidad árabe y musulmana de Londres. La elección del lugar no pasó inadvertida entre organizaciones vecinales, representantes políticos y colectivos antirracistas, que denunciaron el intento de utilizar un barrio caracterizado precisamente por su diversidad como escenario para propagar un discurso contra el islam.

Ante el riesgo de alteraciones del orden público, la Metropolitan Police terminó imponiendo condiciones específicas a la marcha. Los participantes debían concentrarse en Hyde Park Corner a partir de las 11:30 horas, seguir un recorrido establecido por la Policía a través de Piccadilly, St James’s Street, Pall Mall y Whitehall, y finalizar antes de las 16:30 horas. La contramanifestación de Stand Up to Racism quedó igualmente sometida a restricciones y fue situada en Richmond Terrace, frente a Downing Street.

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Pero las restricciones policiales no evitaron que ambos bloques se encontraran durante el recorrido. La movilización antirracista consiguió superar ampliamente en número a la marcha de Tenconi y llegó a detener durante un tiempo su avance. La Policía terminó escoltando al grupo de UKIP hacia Wellington Arch para permitir que continuara su recorrido.

La imagen resulta especialmente significativa: el dirigente ultraderechista que pretendía presentar su marcha como una expresión de fuerza terminó encabezando una concentración reducida, mientras que la respuesta organizada contra el racismo consiguió multiplicar varias veces su número.

Una campaña que va mucho más allá del lema «No a la sharia»

La movilización no puede entenderse como una protesta aislada sobre la legislación británica. Nick Tenconi lleva años participando en acciones contra la inmigración y el islam y ha convertido la agitación callejera en uno de los ejes de su actividad política.

El líder del UKIP también ocupa un papel destacado en Turning Point UK, organización de la derecha radical británica, y ha utilizado anteriormente discursos centrados en las deportaciones masivas y contra la inmigración. En mayo, durante la gran movilización ultraderechista celebrada en Londres, The Guardian recogió que Tenconi había defendido utilizar al Ejército para «detener y deportar» a islamistas, inmigrantes considerados ilegales y comunistas.

Su trayectoria tampoco se limita a los discursos. En 2024 participó en movilizaciones antiinmigración y en diferentes protestas convocadas por sectores de la derecha radical británica. El propio historial de UKIP bajo su dirección incluye campañas como la denominada «Mass Deportations Tour», con concentraciones en distintas ciudades británicas.

La elección de Edgware Road encajaba, por tanto, dentro de una estrategia política evidente: llevar el mensaje antiislámico a un espacio donde la presencia de comunidades procedentes de Oriente Medio es especialmente visible.

El activista y exdiputado londinense Murad Qureshi había denunciado públicamente esa elección y señalado que Edgware Road constituye uno de los principales espacios de encuentro de la comunidad de origen árabe y de numerosos comercios y residentes de Oriente Medio. También presentó una objeción formal ante el comisario de la Metropolitan Police contra la marcha inicialmente prevista para el 29 de agosto.

La respuesta antifascista: «No pasarán»

Frente al intento de normalizar el discurso islamófobo, Stand Up to Racism y colectivos antirracistas de Londres organizaron una respuesta bajo el lema «Don’t let Fascists come to Edgware Road».

La movilización reunió a unas 150 personas, entre ellas activistas, trabajadores y sindicalistas, y terminó imponiéndose numéricamente a la concentración de UKIP.

La respuesta tuvo además un marcado carácter de clase y comunitario. Según Socialist Worker, entre quienes participaron en la contramanifestación se encontraban trabajadores y sindicalistas locales, incluidos trabajadores de la educación y personas vinculadas a conflictos laborales en curso.

La movilización antirracista dejó así un mensaje político que va más allá de la jornada de protesta: los barrios populares y diversos de Londres no están dispuestos a aceptar que organizaciones ultraderechistas conviertan la identidad religiosa o el origen de una parte de la población en combustible para sus campañas.

Una extrema derecha que busca crecer a costa del miedo

El episodio londinense se produce en un contexto de creciente actividad de la extrema derecha británica alrededor de la inmigración, el islam y las políticas de deportación. En mayo, decenas de miles de personas participaron en una gran movilización ultraderechista en Londres encabezada por el entorno de Tommy Robinson, mientras en paralelo se desarrollaba una enorme manifestación propalestina con motivo de la Nakba. La jornada terminó con decenas de detenidos y miles de agentes desplegados.

El fenómeno tampoco se limita a Londres. Durante este verano se han sucedido protestas contra centros que alojan a solicitantes de asilo, algunas de ellas acompañadas de una retórica cada vez más agresiva contra las personas migrantes. La situación ha llegado a generar episodios de violencia y detenciones por delitos agravados por motivos raciales.

En este escenario, la estrategia de Tenconi y UKIP pretende presentar como «defensa de los valores británicos» un programa político basado en la exclusión de una parte de la población. El envoltorio religioso y la retórica sobre la «sharia» funcionan como herramientas para convertir a millones de musulmanes británicos en un supuesto enemigo interno.

Pero la movilización de este sábado deja también otra lectura.

La extrema derecha puede disponer de altavoces, redes sociales y cobertura mediática. Puede intentar apropiarse de símbolos nacionales y presentarse como representante de una supuesta mayoría silenciosa. Sin embargo, cuando llega a los barrios y se encuentra con trabajadores, vecinos, organizaciones antirracistas y comunidades movilizadas, su capacidad real puede ser mucho menor de la que proyecta en internet.

Este sábado, en Londres, la respuesta antifascista volvió a ocupar la calle para recordar que ningún barrio pertenece a quienes pretenden sembrar odio contra sus vecinos.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.