Este 17 de enero se cumplen 65 años del brutal asesinato de Patrice Lumumba en 1961, primer primer ministro democráticamente elegido de la República Democrática del Congo y referente indiscutible de la lucha anticolonial en África. Su muerte marcó uno de los episodios más oscuros de la historia del continente y evidencia la ferocidad del imperialismo occidental frente a los gobiernos soberanos que se atreven a desafiarlo.
Lumumba llegó al poder en 1960, tras décadas de explotación y terror colonial belga. Su firme defensa de la soberanía nacional, la unidad panafricana y el derecho de su pueblo a decidir su destino lo convirtió en un enemigo directo de los intereses estadounidenses y europeos. En apenas unos meses, fue derrocado en un golpe de Estado encabezado por el jefe militar Joseph Mobutu, respaldado por Bélgica y la CIA.
Posteriormente, Lumumba fue torturado y ejecutado por un pelotón en Katanga bajo supervisión belga. Para borrar su memoria, su cuerpo fue desmembrado y disuelto en ácido, negándole incluso una tumba que pudiera convertirse en símbolo de resistencia. Recién en 2022, Bélgica devolvió un único diente a su familia para su entierro en Kinshasa, una burla histórica a su legado.
Documentos desclasificados y testimonios, como los revelados en Inside the CIA: On Company Business, muestran que agentes estadounidenses, incluido el jefe de estación de la CIA Larry Devlin, planearon inicialmente envenenar a Lumumba antes de decidir que un golpe militar sería más “eficaz”. Este hecho revela la profundidad del intervencionismo extranjero que moldeó el destino del Congo y consolidó décadas de saqueo imperialista de sus recursos.
A pesar de la traición y la brutalidad de su asesinato, el pensamiento de Lumumba perdura, al igual que el de Kwame Nkrumah y Thomas Sankara. Sus ideas siguen inspirando a revolucionarios y movimientos de liberación en todo el mundo, recordando que la lucha por la soberanía y la justicia social no puede ser asesinada ni olvidada.















