
La solidaridad volvió a darse cita anoche en el Campus de la Universidad de Murcia. Entre abrazos, lágrimas de emoción, reencuentros y sonrisas que desbordaban cualquier protocolo, 52 niños y niñas saharauis procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia) llegaron a la Región de Murcia para participar en una nueva edición del programa «Vacaciones en Paz», una iniciativa humanitaria que cada verano ofrece un respiro a menores que han nacido y crecido en uno de los conflictos más largos y olvidados del mundo.
Detrás de esta acogida se encuentra la Asociación Sonrisa Saharaui Región de Murcia, entidad que coordina el programa en la comunidad autónoma gracias al compromiso de decenas de familias, voluntarios y administraciones públicas.
«Murcia abre su corazón a los niños y niñas saharauis», publicaba la asociación en sus redes sociales tras la llegada de los menores. Un mensaje acompañado por imágenes cargadas de emoción que reflejan el verdadero significado de este proyecto: familias que vuelven a abrazar a quienes ya consideran parte de su hogar y otras que comienzan una experiencia que, como reconocen quienes la han vivido, «cambia la vida para siempre».
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Mucho más que unas vacaciones
Aunque el nombre pueda llevar a pensar en un simple intercambio estival, Vacaciones en Paz constituye uno de los programas de cooperación internacional más consolidados de España.
El programa Vacaciones en Paz nació en 1979, cuando los primeros niños y niñas saharauis fueron acogidos por familias españolas. Durante las décadas de los ochenta y noventa la iniciativa se extendió por todo el país, convirtiéndose en una de las mayores redes de solidaridad ciudadana con el pueblo saharaui. A la Región de Murcia llegó en 1994 y, desde entonces, ha permitido que miles de menores procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf disfruten cada verano de un entorno seguro junto a familias de acogida. En la actualidad, el programa sigue movilizando a miles de familias españolas que acogen a menores de entre 8 y 12 años, ofreciendo atención sanitaria, una alimentación equilibrada y un respiro frente a las extremas condiciones del desierto. Únicamente la pandemia de la COVID-19 obligó a suspender temporalmente las ediciones de 2020 y 2021.
Su finalidad va mucho más allá del ocio estival.
Durante los meses de julio y agosto los menores escapan de temperaturas que superan habitualmente los 50 grados en pleno desierto argelino, reciben revisiones médicas completas —oftalmológicas, odontológicas, auditivas y pediátricas—, mejoran su alimentación en una etapa clave para su desarrollo y conviven con familias que les ofrecen un entorno de estabilidad y afecto. Además, fortalecen el aprendizaje del español, segunda lengua de enseñanza en los campamentos saharauis.
Casi medio siglo viviendo como refugiados
Los niños y niñas que han llegado a Murcia pertenecen a una generación que nunca ha conocido su tierra.
Todos nacieron en los campamentos de refugiados establecidos en la hamada argelina de Tinduf, donde decenas de miles de saharauis sobreviven desde 1975, cuando la ocupación marroquí del Sáhara Occidental obligó a gran parte de la población a huir al desierto tras la retirada de España de su entonces provincia africana.
Desde hace casi cincuenta años, varias generaciones han crecido dependiendo prácticamente por completo de la ayuda humanitaria internacional. La alimentación se basa principalmente en productos distribuidos por organismos internacionales como el Programa Mundial de Alimentos y la Media Luna Roja Saharaui, mientras que las condiciones climáticas extremas convierten el verano en una amenaza permanente para la salud infantil.
Por ello, cada edición de Vacaciones en Paz supone una auténtica oportunidad para mejorar el estado nutricional y sanitario de los menores antes de regresar al desierto.
La solidaridad murciana vuelve a responder
La Región de Murcia mantiene desde hace años un firme compromiso con este programa solidario.
La Asociación Sonrisa Saharaui coordina toda la compleja logística que implica la llegada de los menores: tramitación documental, vuelos, coordinación sanitaria, seguimiento con las familias de acogida y acompañamiento permanente durante toda la estancia.
En esta 47º edición, 52 menores pasarán el verano repartidos por numerosos municipios murcianos gracias al compromiso de otras tantas familias que, de forma completamente altruista, abren las puertas de sus hogares para ofrecer algo tan sencillo como extraordinario: una infancia lejos del exilio durante dos meses.
La presidenta de la asociación, Juana Abenza, ha insistido en numerosas ocasiones en que el programa no sería posible sin el esfuerzo colectivo de familias, voluntariado e instituciones colaboradoras, al tiempo que recuerda que cada año hacen falta nuevos hogares para que ningún niño se quede sin viajar.



Una infancia que también interpela a la comunidad internacional
La llegada de estos 52 menores no solo representa una historia de solidaridad ciudadana. También recuerda que el conflicto del Sáhara Occidental continúa pendiente de una solución política que permita al pueblo saharaui ejercer su derecho a la autodeterminación, reconocido por Naciones Unidas pero aún sin materializarse.
Mientras esa solución no llega, miles de niños siguen creciendo en un campamento de refugiados donde el verano significa sobrevivir a temperaturas extremas y depender de la cooperación internacional.
Durante dos meses, la Región de Murcia les ofrece algo más que unas vacaciones: les devuelve una parte de la infancia que el exilio les ha arrebatado.
Y, al mismo tiempo, recuerda que la solidaridad no puede sustituir indefinidamente a la justicia.















