Pedro Costa Morata reivindica la salida de España de la OTAN en Murcia 40 años después del referéndum-trampa

En el acto del Comité Antiimperialista critican al PSOE por su traición a la promesa de neutralidad de 1986 y llaman a la ciudadanía a exigir la salida de España de la OTAN frente al imperialismo

El premio nacional de medioambiente y histórico antimilitarista, Pedro Costa Morata, durante su charla en Murcia | Dominic D. Skerrett
El premio nacional de medioambiente y histórico antimilitarista, Pedro Costa Morata, durante la charla en Murcia | Dominic D. Skerrett

En el Centro Cultural Puertas de Castilla, decenas de personas se congregaron en la tarde de este martes para asistir a la charla organizada por EntrePueblos y el Comité Antiimperialista de la Región de Murcia, dentro de la campaña estatal “No a la OTAN, bases fuera”. Bajo el lema “Bases fuera. OTAN, de salida, sí”, el acto conmemoró los 40 años del referéndum que consolidó la entrada de España en la alianza militar occidental, a la vez que abrió un espacio de reflexión crítica sobre la subordinación política y militar del país a los intereses de Estados Unidos y sus aliados.

La sesión comenzó con la intervención de Fran Valverde, miembro del Comité Antiimperialista, quien situó la jornada en el marco de un movimiento estatal que ha venido articulando distintas plataformas desde las movilizaciones contra la cumbre de la OTAN en Madrid. “El 12 de marzo se cumplieron 40 años del referéndum con el que se justificó la entrada de España en la OTAN, un referéndum que incumplió todas las condiciones prometidas: salida de tropas estadounidenses, no integración en su estructura militar y prohibición de armas nucleares en territorio español”, recordó Valverde, subrayando la vigencia de la campaña en ciudades como Barcelona, León, Alicante y, por supuesto, Murcia. Además, destacó la conexión con luchas internacionales, “No hablamos solo de España, hablamos de la resistencia global frente al imperialismo, desde Palestina hasta Cuba”.

Posteriormente, Pedro Costa Morata tomó la palabra para ofrecer un análisis profundo y detallado de aquel período histórico y sus consecuencias hasta la actualidad. Según Morata, la entrada en la OTAN no fue un acto diplomático neutro, sino la consolidación de la subordinación española a una alianza diseñada para proyectar poder imperialista. “Los acuerdos de 1953 con Estados Unidos, junto al concordato con la Santa Sede, marcaron el inicio de una dependencia militar que aún hoy se mantiene a través de convenios automáticos que nunca fueron denunciados”, afirmó.

El histórico activista denunció la doble moral de la política exterior española y cuestionó la coherencia de las decisiones gubernamentales actuales. “Está bien que se declare el ‘no a la guerra’, pero necesitamos políticas claras y coherentes, no declaraciones diplomáticas llenas de contradicciones e intereses a corto plazo”, señaló. Añadió que España carece de enemigos exteriores reales que justifiquen su pertenencia a la OTAN, y criticó la participación de fragatas españolas en conflictos que no afectan directamente la defensa nacional: “La fragata Cristóbal Colón en aguas de Chipre, supuestamente para proteger a un país de la UE que no había pedido ayuda, es un ejemplo de estas contradicciones”.

Morata dedicó buena parte de su intervención a analizar la dinámica política interna de los años ochenta, haciendo hincapié en la traición del PSOE de Felipe González a sus promesas de neutralidad y en la manipulación del referéndum de 1986. “El referéndum fue una trampa: se prometió que España no integraría su estructura militar y que no habría tránsito de armas nucleares, condiciones que nunca se cumplieron. La campaña «socialista» transformó un eslogan anti-OTAN en una maquinaria de propaganda que convenció a la opinión pública para aceptar la subordinación militar del país”, denunció Morata, quien también recordó episodios de corrupción y manipulación política asociados a aquella época.

El debate posterior abrió un espacio de participación ciudadana, durante el cual los asistentes cuestionaron el papel de las bases norteamericanas en España, incluyendo Rota, Morón, Torrejón, Bétera y el polígono de tiro de las Bardenas. Asimismo, se debatió sobre el impacto del gasto militar en detrimento de la sanidad, la educación y los servicios sociales, así como la incoherencia de la política exterior española frente a conflictos internacionales, desde Palestina hasta Irán. Los organizadores insistieron en la necesidad de fortalecer la conciencia antiimperialista y de consolidar la movilización social como herramienta de presión política.

La charla concluyó con un mensaje contundente: España debe replantearse su pertenencia a la OTAN y abandonar la subordinación a Estados Unidos y a la lógica imperialista de las grandes potencias occidentales. En palabras de Morata, “Vivimos una emergencia política, ética y mental. No hay enemigos exteriores reales, pero sí un sistema internacional que arrastra a los pueblos a guerras ajenas. Tenemos que actuar, y hacerlo colectivamente”.

La jornada puso de relieve que la historia no se olvida. Aquella entrada de España en la OTAN hace cuarenta años marcó un rumbo que aún condiciona la política exterior y la vida social del país. Los asistentes coincidieron en que mantener viva la memoria de las luchas pasadas permite analizar críticamente el presente y proyectar estrategias de resistencia ciudadana frente a un orden internacional marcado por intereses imperialistas.

Se ampliará con video del acto.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.