La Plataforma Cine Rex Vivo, que desde 2019 defiende la preservación del uso artístico y cultural del histórico Cine Rex de Murcia, ha expresado profundas dudas tras conocerse la adquisición del edificio por parte del Grupo Orenes. En una entrevista, el miembro de la plataforma Agustín García Romero ha advertido de que la operación podría responder más a una estrategia de imagen que a un verdadero compromiso con la cultura.
Según García Romero, el movimiento empresarial debe entenderse en el contexto de la actividad principal del grupo, vinculada al negocio del juego. “Creemos que puede ser una operación que, para empresas tan poderosas, viene bien de cara a la imagen. Su actividad genuina está vinculada al mundo del juego y este tipo de proyectos culturales o socioculturales pueden servir para mejorar esa imagen”, explica.
El portavoz de la plataforma señala que este tipo de iniciativas no son excepcionales y que otras compañías han recurrido a estrategias similares. “Las apuestas —entre comillas— por todo lo que suena a cultura, participación social y demás, a veces funcionan como una especie de lavado de cara o de intento de quedar bien con la sociedad. Al final, la cultura dota indirectamente de prestigio a casi cualquier iniciativa que se vincule a ella”.
Dudas ante la falta de transparencia
Desde Cine Rex Vivo consideran que las declaraciones públicas del grupo empresarial han sido hasta ahora demasiado vagas. Orenes ha mencionado la participación de colectivos sociales en el futuro proyecto del edificio, pero para la plataforma se trata de promesas abstractas.
“Este tipo de enunciados son abstractos. Hasta que no se materialicen en algo concreto, no sabemos dónde está esa participación, esas consultas o ese diálogo”, afirma García Romero.
García Romero recuerda además que, durante los años de movilización ciudadana por el cine, el diálogo ha brillado por su ausencia. “La palabra ‘diálogo’ aparece mucho ahora en los comunicados. Yo la he subrayado porque se repite constantemente. Pero durante todo este proceso lo que ha faltado precisamente ha sido diálogo”.
Según explica, la plataforma intentó en reiteradas ocasiones conocer los planes para el edificio y trasladar propuestas surgidas de la ciudadanía. “Nosotros no queríamos imponer nada. Queríamos saber qué proyectos había para el Cine Rex y aportar ideas propias o de otros colectivos. Pero ha habido una ausencia absoluta de diálogo, y por eso ahora somos reticentes aunque esa palabra aparezca escrita”.
Un futuro cultural lleno de incógnitas
García Romero también denuncia que el futuro uso del espacio sigue siendo incierto. Aunque la normativa municipal descarta algunos usos como discotecas u ocio nocturno, el abanico de posibilidades sigue siendo amplio y poco definido.
“Se habla de ocio y cultura, pero no sabemos exactamente qué actividades pueden entrar ahí. Nadie lo sabe”.
Una de las principales preocupaciones es el futuro de la actividad cinematográfica. “¿Qué va a ser del cine como actividad cinematográfica? Tampoco está definido. ¿Se va a mantener realmente o van a dejar solo una pantallita testimonial? No lo sabemos”.
La plataforma había propuesto recuperar una programación cultural vinculada al carácter del edificio. “Planteamos actividades escénicas acordes al espacio: espectáculos de pequeño formato, cabaret, propuestas culturales relacionadas con el cine. No se trata de traer grandes producciones, pero sí de generar una programación cultural coherente con el lugar”.
Cultura frente al negocio del juego
Para el portavoz de Cine Rex Vivo existe además una contradicción evidente entre el discurso cultural del proyecto y la actividad principal del grupo empresarial.
“Podría creer que apoyen a artistas emergentes, pero también sería triste que la salida para esos artistas tenga que venir a través de un proyecto encabezado por una empresa cuya actividad principal está vinculada al juego”.
García Romero recuerda que los problemas asociados al juego afectan especialmente a la juventud. “No es una impresión nuestra, lo dicen las estadísticas. En Murcia hay desde hace años un porcentaje significativo de jóvenes con problemas relacionados con el juego”.
Desde su experiencia como educador cultural, la situación le genera inquietud. “He trabajado en colegios e institutos con teatro y cine, y me entristece pensar que antiguos alumnos puedan encontrarse con esto como único horizonte cultural”.
Para la plataforma, adaptarse a los nuevos tiempos no significa renunciar a modelos culturales alternativos. “Hay proyectos en otras ciudades de España que rescatan la memoria de los espacios culturales e incorporan propuestas nuevas. Eso también es estar al día”.
Responsabilidad social en cuestión
Preguntado por posibles medidas del Grupo Orenes para mitigar el impacto social del juego, García Romero reconoce que no tiene constancia de ninguna. “Que yo sepa, no hay iniciativas concretas en ese sentido”.
A su juicio, la apelación a la responsabilidad social resulta contradictoria. “La responsabilidad social significa cuidar a la sociedad. Pero sabemos que la actividad del juego está generando problemas importantes, especialmente entre la gente joven”.
Aunque la plataforma no plantea posiciones prohibicionistas, sí reclama regulación y responsabilidad. “No hablamos de prohibicionismo, pero sí de regulación y de responsabilidad real”.
La plataforma no comparte el modelo
Ante la posibilidad de que la empresa busque acercarse a los colectivos ciudadanos, la plataforma mantiene su posición crítica.
“Dicen que quieren tender la mano, pero habría que ver cómo es ese apretón”, señala García Romero. “La plataforma siempre ha defendido otro modelo para el Cine Rex. Honestamente creemos que no era una buena alternativa para la ciudad que la salvación del cine pasara por este cauce”.
Recursos judiciales en marcha
Cine Rex Vivo continúa también la batalla en el terreno jurídico. García Romero recuerda que hace más de un año se presentaron recursos de alzada contra la decisión de la Dirección General de Patrimonio Cultural de no iniciar el expediente para declarar el edificio Bien de Interés Cultural.
“Aquella resolución fue recurrida con más de 4.000 recursos de ciudadanos impulsados por la plataforma, y todavía no hay respuesta”, explica.
La situación podría derivar en un escenario paradójico si esos recursos prosperaran mientras el cambio de uso del edificio ya está aprobado.
Además, la plataforma estudia nuevas acciones legales contra la decisión municipal que permitió el cambio de uso del inmueble. “Estamos en contacto con asesoramiento jurídico para valorar la interposición de un recurso contencioso, pero aún estamos pendientes de los plazos y de la publicación oficial”.
Un mensaje a la sociedad y a la empresa
Desde la plataforma también han querido enviar un mensaje a las personas afectadas por la ludopatía y a sus familias. “Este tipo de problemas afectan no solo al ludópata, sino a todo su entorno familiar. Desde nuestra posición seguiremos denunciando los efectos perjudiciales que tiene el juego cuando se expande sin control”.
Al Grupo Orenes le plantean un reto claro: demostrar con hechos su responsabilidad social. “Si realmente quieren demostrar esa responsabilidad, quizá la mejor forma sería empezar a tomar medidas reales frente a los problemas que genera el juego, algo que lleva años reclamando la sociedad”.
Un proyecto cultural truncado
García Romero revela además que la plataforma estaba trabajando en iniciativas culturales alternativas para el futuro del Cine Rex. “Teníamos proyectos muy interesantes en marcha. Estábamos en contacto con gente del mundo de la cultura, del cine e incluso con empresarios para crear una especie de fundación cultural”.
La noticia de la compra ha paralizado temporalmente esas iniciativas. “Sabíamos que podía pasar, pero el anuncio lo ha puesto todo patas arriba”.
Aun así, la plataforma no renuncia a seguir movilizando apoyos. “Seguiremos hablando con gente de la cultura, de la Universidad y de otros ámbitos para que la voz de la ciudadanía se siga escuchando”.















