María del Carmen Abascal, Maricarmen para quienes la acompañaron durante los últimos años de lucha, ha fallecido este miércoles 7 de octubre a los 87 años en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Llevaba ingresada desde el 23 de septiembre, el mismo día en que fue desahuciada de la vivienda en la que había vivido durante siete décadas.
Su muerte llega apenas unos días después de que se alcanzara un acuerdo que debía permitirle regresar a su casa. El nuevo contrato contemplaba una duración de ocho años y una renta limitada al 30% de sus ingresos netos. Maricarmen aceptó el acuerdo mientras permanecía hospitalizada, pero nunca llegó a regresar al que había sido su hogar.
El Sindicato de Inquilinas de Madrid ha lamentado que aquella solución llegara demasiado tarde y ha calificado el proceso que sufrió Maricarmen de «torturante» y la situación de «absolutamente evitable». La organización ha reivindicado su legado y ha recuperado una de las frases que la propia Maricarmen repetía durante su lucha: «Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro».
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Una vida entera en la misma casa
Maricarmen llegó al número 46 de la calle Alcalde Sáinz de Baranda, en el distrito madrileño de Retiro, en 1956. Tenía 17 años. Allí se instaló junto a sus padres y su hermano y allí transcurrió prácticamente toda su vida.
El contrato de alquiler había sido firmado inicialmente por su padre. En aquella época las mujeres tenían enormes limitaciones para suscribir contratos de alquiler por sí mismas. Tras la muerte de su padre en 1960, el contrato pasó a su madre y, cuando esta murió en 2005, Maricarmen continuó ocupando la vivienda. Durante décadas pagó una renta antigua cercana a los 500 euros mensuales.
En aquel piso quedaron buena parte de sus recuerdos. Allí murió su padre cuando ella tenía 21 años; allí vivió la muerte de su madre y la de su hermano; desde aquellas ventanas vio cambiar Madrid durante más de siete décadas. La propia Maricarmen recordaba acontecimientos históricos que atravesaron su vida, desde la llegada del ser humano a la Luna hasta la muerte de Franco, el intento de golpe de Estado de 1981 o los atentados del 11 de marzo de 2004.
Fue secretaria y, ya jubilada, continuó viviendo sola en aquel domicilio. No tuvo hijos y mantuvo el contacto con su familia, entre ellos su primo Vicente, que estuvo a su lado durante los últimos días antes del desahucio.
Pero aquella casa, que había sido durante décadas un hogar familiar, terminó convertida en el centro de una disputa inmobiliaria y judicial.
Ocho años de batalla por no perder su hogar
El conflicto se inició después de que el inmueble cambiara de manos. Según la reconstrucción publicada por distintos medios, la vivienda fue adquirida por Urbagestión Desarrollo e Inversión, una sociedad inmobiliaria, y comenzó una batalla judicial sobre la continuidad del antiguo contrato de alquiler.
La cuestión jurídica estaba relacionada con las subrogaciones del contrato. La renta antigua había pasado del padre a la madre y posteriormente a Maricarmen. Los tribunales terminaron considerando que aquella segunda subrogación no cumplía los requisitos legales, dando la razón a la propiedad.
La consecuencia fue que una mujer de 87 años, con una discapacidad reconocida del 50% y una pensión de alrededor de 1.400-1.450 euros, quedó enfrentada a un alquiler que llegó a situarse en 2.650 euros mensuales. La propiedad también planteó posteriormente un nuevo contrato por una cantidad inferior, alrededor de 1.650 euros, pero seguía siendo una cantidad que superaba sus ingresos.
Durante años, Maricarmen resistió. El Sindicato de Inquilinas comenzó a acompañarla y consiguió paralizar sucesivos intentos de desahucio. En octubre de 2025, tras una nueva suspensión, Maricarmen aparecía públicamente entre quienes defendían que la única solución era poder permanecer en su casa.
Su caso llegó incluso a Naciones Unidas.En junio de 2026, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU pidió al Estado español que adoptara medidas para evitar posibles daños irreparables y reclamó que, si se ejecutaba el desahucio, se proporcionara a Maricarmen una alternativa habitacional adecuada a sus necesidades.
Pese a ello, el cuarto intento de lanzamiento terminó ejecutándose.
El 23 de septiembre que conmocionó al país
La mañana del 23 de septiembre cientos de personas se concentraron alrededor del portal de Maricarmen para intentar impedir el desahucio. Activistas, vecinos, representantes políticos y personas llegadas desde distintos puntos de Madrid se movilizaron desde primera hora.
La comisión judicial terminó ejecutando el lanzamiento. En el exterior se produjeron momentos de tensión y cargas policiales contra quienes trataban de impedirlo. Finalmente, Maricarmen salió de la vivienda en una camilla del Samur. Fue trasladada en ambulancia al Hospital Gregorio Marañón.
La imagen de una mujer de 87 años abandonando en camilla la casa donde había vivido desde los 17 años recorrió el país.
Aquel día no solo perdió su vivienda. Su caso se convirtió en el rostro de una crisis habitacional que afecta a miles de personas y en un punto de inflexión para el movimiento por el derecho a la vivienda.
Desde el hospital, pese a su delicado estado de salud, Maricarmen llegó a dirigirse públicamente a quienes estaban movilizándose. Una de sus frases resumía la transformación de su conflicto individual en una reivindicación colectiva: «No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya.»
De una vivienda desahuciada a una movilización estatal
El desahucio desencadenó una respuesta que desbordó el barrio de Retiro. El Sindicato de Inquilinas convocó movilizaciones y, posteriormente, la protesta desembocó en una acampada en la Puerta del Sol que llegó a reunir cientos de tiendas.
El movimiento reclamó un paquete de medidas bautizado como «Decreto Maricarmen», con propuestas para impedir desahucios sin alternativa habitacional y garantizar la continuidad de determinados contratos de alquiler, entre otras medidas.
El Gobierno terminó aprobando dos decretos relacionados con la vivienda, pero las medidas fueron rechazadas posteriormente por el Congreso. El conflicto de la vivienda pasó así a ocupar el centro del debate político nacional y el caso de Maricarmen quedó ligado a una crisis política que desembocó en el anuncio de elecciones generales anticipadas.
Mientras tanto, la acampada de Sol continuó y las movilizaciones se extendieron a otras ciudades.
Un acuerdo que llegó demasiado tarde
El 28 de septiembre, cinco días después del desahucio, representantes de Maricarmen y Urbagestión alcanzaron un acuerdo mediado por el Ayuntamiento de Madrid.
La solución contemplaba que Maricarmen pudiera volver a su vivienda cuando recibiera el alta hospitalaria, con un contrato de ocho años y una renta que no superaría el 30% de sus ingresos netos, alrededor de 500 euros mensuales.
Maricarmen aceptó el acuerdo al día siguiente. Pero nunca llegó a volver.
Este 7 de octubre, catorce días después de abandonar su vivienda en una camilla, falleció en el Gregorio Marañón. Según informaciones publicadas este miércoles, la firma definitiva del contrato estaba prevista para esos mismos días.
Su abogada, Beatriz Duro, ha sostenido públicamente que existen responsabilidades y que, de haberse suspendido el lanzamiento, considera que la situación podría haber sido diferente. Se trata de una valoración de su representación legal, no de una conclusión médica o judicial sobre la causa del fallecimiento.
«Maricarmen no ha muerto, la han asesinado»
La noticia de su muerte provocó una rápida respuesta de sindicatos, organizaciones estudiantiles, movimientos sociales y partidos políticos.
El Sindicato de Inquilinas de Madrid recordó que el acuerdo que le habría permitido regresar a su casa llegó demasiado tarde y anunció que continuará la lucha por el derecho a la vivienda y contra la especulación.
Desde CGT señalaron que «tu lucha no ha sido en vano» y vincularon su memoria a la convocatoria de huelga general.
CNT Madrid fue más contundente y afirmó: «Maricarmen no ha muerto, la han asesinado», responsabilizando políticamente al sistema de vivienda, a las instituciones y a quienes, en su opinión, han convertido las casas en un negocio. La organización llamó a continuar la movilización y a la huelga general.
El Sindicato de Estudiantes también reaccionó a la muerte de Maricarmen señalando directamente al problema de la vivienda y a quienes considera responsables de su situación. «Maricarmen ha fallecido en el hospital. Los desahucios matan, los rentistas y sus políticos a sueldo, culpables», denunció la organización, que reivindicó además la memoria de la mujer de 87 años como parte de una lucha colectiva: «Nunca te olvidaremos. Tu memoria vive en nuestra lucha».
Mientras que CJS resumía poniendo el foco en el rentismo: «El rentismo nos ahoga, el rentismo mata».
El PCE calificó el desahucio de «evitable» y «sin alternativa habitacional» y afirmó que debía ser llamado «asesinato», mientras que Izquierda Unida recordó a Maricarmen con el mensaje: «La vivienda es un derecho. Nos va la vida en ello».
Estas organizaciones coinciden en señalar que la muerte de Maricarmen no debe entenderse únicamente como la tragedia de una mujer de 87 años que perdió su vivienda, sino como el resultado de una problemática mucho más amplia del sistema capitalista: el acceso a la vivienda, el precio de los alquileres, la protección de las personas vulnerables y el papel de los grandes propietarios e inversores inmobiliarios.
Una casa, una vida y una lucha que ya es colectiva
Maricarmen llegó a aquella vivienda siendo una adolescente y murió sin poder regresar a ella.
Durante décadas, su casa fue el lugar donde vivió con sus padres y su hermano, donde afrontó sus pérdidas familiares y desde donde contempló cómo cambiaba Madrid. En sus últimos años, aquel mismo domicilio se convirtió en el escenario de una batalla jurídica que terminó transformando su historia personal en una causa colectiva.
Su caso ha provocado manifestaciones multitudinarias, una acampada en el centro de Madrid, debates parlamentarios, propuestas legislativas y una convocatoria de huelga general por la vivienda para el próximo 11 de noviembre.
En la Puerta del Sol, tras conocerse su muerte, la acampada se convirtió en un espacio de homenaje. Frente al portal de Sáinz de Baranda donde vivió durante 70 años, vecinos y activistas encendieron velas y dejaron flores y mensajes.
Maricarmen ya no podrá abrir la puerta de aquella casa.
Pero la pregunta que dejó detrás de ella permanece abierta: ¿puede una sociedad aceptar que una persona que ha vivido siete décadas en su hogar termine expulsada de él cuando ya no puede defenderse?
Para el movimiento por la vivienda, la respuesta está en las calles.
Y las palabras que Maricarmen pronunció desde el hospital siguen resonando: «Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro».
















