jueves, abril 23, 2026
jueves, abril 23, 2026
spot_img
Inicio Racismo Estructural Exigen un banco estatal de ADN para identificar a las víctimas migrantes...

Exigen un banco estatal de ADN para identificar a las víctimas migrantes que mueren en el mar mediterráneo

La organización Convivir sin Racismo ha reclamado la creación urgente de un banco estatal de ADN que permita identificar a las personas migrantes fallecidas en el mar, cuyos cuerpos han llegado a las costas de Cartagena.

Un barco de salvamento marítimo en el puerto de Escombreras (Cartagena), en una imagen de archivo. Marcial Guillén (EFE)
Un barco de salvamento marítimo en el puerto de Escombreras (Cartagena), en una imagen de archivo. Marcial Guillén (EFE)

La petición, defendida públicamente por Juan Guirao, surge tras el hallazgo reciente de varios cadáveres a unas 140 millas de Cartagena. Un episodio que vuelve a evidenciar la cara más cruel de las rutas migratorias: la muerte anónima en la frontera.

Guirao ha denunciado que, en pleno siglo XXI, cientos de familias siguen atrapadas en una incertidumbre permanente, incapaces de cerrar el duelo porque los cuerpos de sus seres queridos no pueden ser identificados. La falta de un sistema coordinado para cruzar datos genéticos entre personas desaparecidas y restos recuperados prolonga una forma de violencia institucional que se suma a la tragedia.

“No basta con rescatar cuerpos; hay que devolverles la identidad”, subrayan desde el colectivo. La reivindicación no es solo técnica, sino profundamente política y ética: reconocer a las víctimas es el primer paso para dignificarlas.

El Mediterráneo continúa consolidándose como una de las fronteras más mortíferas del mundo. En la Región de Murcia, el goteo de tragedias es constante: embarcaciones precarias, rescates al límite y cuerpos hallados en alta mar que, en demasiadas ocasiones, acaban en fosas sin nombre.

Las organizaciones sociales advierten de que estas muertes no son inevitables, sino el resultado directo de políticas migratorias restrictivas que empujan a miles de personas hacia rutas cada vez más peligrosas. En ese contexto, la ausencia de mecanismos de identificación agrava la deshumanización: las víctimas dejan de ser personas para convertirse en estadísticas.

La creación de un banco de ADN permitiría no solo identificar cuerpos, sino también dar respuesta a familias que llevan años buscando a sus desaparecidos sin respaldo institucional suficiente.

Para Guirao, la cuestión ya no es técnica, “La tecnología existe, los recursos también. Lo que falta es voluntad política”. Una afirmación que interpela directamente a las administraciones y a su responsabilidad frente a una crisis humanitaria que sigue desarrollándose, silenciosa, en las aguas que rodean nuestras costas.

Artículo anterior40.000 estudiantes de la Región de Murcia pendientes de la aprobación del “Estatuto de las personas Becarias”
Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.