Una persona sin hogar aparece muerta bajo el puente de hierro en Murcia

Mientras casi mil personas sobreviven en la calle en Murcia, las autoridades municipales siguen ignorando la emergencia social que acaba de cobrar otra vida bajo el puente de hierro del Segura

Cadáver aparecido bajo el puente de hierro del río Segura en Murcia
Cadáver aparecido bajo el puente de hierro del río Segura en Murcia

Murcia ha amanecido este sábado con una noticia que debería interpelar a toda la ciudad: el cadáver de un hombre ha sido hallado bajo el puente de hierro del río Segura. Junto a su cuerpo había una maleta con objetos personales y algo de comida. Todo apunta a que se trataba de una persona sin hogar que dormía habitualmente en esa zona.

Los bomberos desplazados al lugar cubrieron el cuerpo y acordonaron el área mientras se activaba el procedimiento judicial para el levantamiento del cadáver. De momento no han trascendido su identidad ni las causas de la muerte. Pero hay una realidad imposible de ignorar: este hombre vivía en la calle.

Detrás de esta muerte hay un drama social que Murcia lleva demasiado tiempo mirando de reojo. Diversos colectivos sociales estiman que entre 950 y 1.000 personas sobreviven actualmente en situación de sinhogarismo en la capital murciana. Hombres y mujeres que duermen bajo puentes, en cajeros automáticos, en soportales o en solares abandonados, invisibles para una ciudad que presume de crecimiento mientras deja a cientos de personas fuera de cualquier red de protección.

Cada invierno, cada ola de calor, cada noche al raso es una amenaza para quienes no tienen un techo. Sin embargo, las políticas municipales siguen siendo claramente insuficientes. Mientras tanto, el gobierno del Partido Popular encabezado por el alcalde Juan José Ballesta continúa mirando hacia otro lado ante una emergencia social que se agrava año tras año.

Las entidades que trabajan sobre el terreno denuncian desde hace tiempo la falta de recursos, plazas y acompañamiento social real para quienes viven en la calle. Los servicios sociales municipales, saturados y con medios limitados, apenas logran responder a una situación estructural que exige medidas urgentes, planificación y voluntad política.

Detrás de cada persona que duerme en la calle hay una historia de ruptura: pérdida de empleo, problemas de salud mental, exclusión, precariedad, violencia o migraciones forzadas. Nadie elige vivir bajo un puente. Nadie elige sobrevivir con una maleta y algo de comida como únicas pertenencias.

La muerte de este hombre no puede convertirse en una noticia más en la sección de sucesos. Es el reflejo de una ciudad que está fallando a las personas más vulnerables. Murcia no puede normalizar que cientos de vecinos y vecinas sobrevivan a la intemperie mientras las administraciones públicas miran hacia otro lado.

Cada persona que muere en la calle es un fracaso colectivo. Y este, hoy, ha ocurrido bajo el puente de hierro del Segura.

Artículo anteriorEl ejército de Sudán lanza una gran ofensiva en Kordofán contra las milicias RSF
Artículo siguienteEl 8M divide al feminismo en Murcia: Asamblea unitaria y bloque “antirracista y anticolonial” salen por separado
Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.