Burkina Faso ha frustrado un nuevo intento de golpe de Estado dirigido contra el presidente, el capitán Ibrahim Traoré, durante la madrugada del 3 al 4 de enero, según informaron fuentes locales y medios regionales como Actucameroun. La alerta se activó alrededor de la 1:00 de la madrugada (hora local), lo que permitió una rápida respuesta tanto institucional como popular.
Uno de los elementos más relevantes del episodio fue la movilización espontánea y masiva de la juventud burkinesa, que se desplazó hasta el palacio presidencial de Uagadugú para respaldar al jefe del Estado y actuar como escudo popular frente a cualquier intento de asalto. Cientos de personas organizaron una vigilia nocturna permanente frente a la residencia oficial, comprometiéndose a mantenerse alerta ante posibles movimientos de los conspiradores.
La respuesta no se limitó a la capital. En Bobo-Dioulasso, segunda ciudad del país, miles de personas se concentraron en la plaza Tiéfo Amoro, reafirmando su apoyo a Traoré, a quien sectores populares y juveniles consideran un referente frente a la injerencia extranjera y la vieja élite militar ligada a intereses externos.
El Gobierno burkinés ha condenado “enérgicamente” la existencia de apoyos externos en la trama golpista, señalando que se trataba de una operación planificada para derrocar al actual jefe del Estado. Según fuentes oficiales, la rápida movilización popular contribuyó decisivamente a neutralizar la amenaza sin necesidad de una intervención militar de gran escala, un hecho que subraya el peso del respaldo social en el actual equilibrio de poder.
Las autoridades han detallado que el plan incluía el asesinato selectivo de altos mandos militares, en particular del comandante de la base de drones, con el objetivo de debilitar la estructura de seguridad nacional y facilitar la infiltración de mercenarios y grupos armados desde el exterior. Un patrón que recuerda otros episodios de desestabilización en el Sahel, región sometida a fuertes tensiones geopolíticas y a una creciente disputa por su soberanía.
El Ejecutivo ha confirmado la detención del presunto “cerebro” del complot, cuya identidad no ha sido revelada. No obstante, ha subrayado su estrecha vinculación con el exjefe de la junta militar, Paul-Henri Sandaogo Damiba, derrocado en 2022 y actualmente exiliado en Togo.
Ibrahim Traoré llegó al poder en septiembre de 2022, tras derrocar a Damiba, quien a su vez había accedido al gobierno mediante un golpe de Estado contra el presidente electo Roch Marc Christian Kaboré. Desde entonces, el actual mandatario ha enfrentado reiterados intentos de desestabilización, en un contexto marcado por la ruptura con antiguos tutelajes coloniales, el cuestionamiento de la presencia militar extranjera y una creciente politización de la juventud burkinesa.
Este nuevo episodio confirma que el pulso por el control político de Burkina Faso no se libra únicamente en los cuarteles, sino también en la calle, donde amplios sectores populares parecen dispuestos a defender un proyecto que identifican como soberano frente a las presiones internas y externas.















