
La Plaza del Cardenal Belluga se convirtió ayer sábado en una trinchera de memoria y resistencia antiimperialista. Convocadas por el Colectivo Palestina Libre Región de Murcia y la campaña BDS, mas de un centenar de personas conmemoraron el 78 aniversario de la Partición de Palestina no como una efeméride festiva, sino como el recordatorio de una infamia histórica: el momento en que la ONU, mediante la Resolución 181 de 1947, legalizó el despojo y dio luz verde a la limpieza étnica que hoy, casi ocho décadas después, alcanza cotas de paroxismo en Gaza y Cisjordania.
Un frente común estatal contra la barbarie
La capital del Segura sintonizó ayer su rabia y su dignidad con la marea de solidaridad que recorrió la geografía del Estado español. Bajo la coordinación de la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (RESCOP), la movilización en Murcia formó parte de un engranaje de lucha que activó protestas simultáneas en cerca de 60 puntos del estado. Desde las grandes columnas en Madrid, Barcelona y València, hasta la respuesta en ciudades como Bilbao, Zaragoza, Sevilla, Xixón o Arrecife, los movimientos sociales y la sociedad civil organizada lanzaron un mensaje unívoco a las élites políticas de occidente: el pueblo trabajador no avala la normalización del genocidio ni el silencio cómplice ante el sionismo.
La trampa histórica: De 1947 a la «falsa paz» de 2025
Durante la lectura del manifiesto, las portavoces, entre las que destaca el reconocido escritor y periodista articularon un discurso que desnudó la continuidad del proyecto colonial. Se denunció que la partición de 1947 —impuesta sin consultar a la población nativa— fue la semilla del apartheid actual, una lógica de dominación que las potencias occidentales pretenden perpetuar hoy mediante nuevos planes de tutela. El colectivo señaló la reciente Resolución 2803 del Consejo de Seguridad y los planes de la administración estadounidense como la «versión posmoderna» del colonialismo clásico: intentos de rediseñar el mapa palestino desde despachos extranjeros para garantizar la seguridad del ocupante y negar, una vez más, la soberanía real del pueblo palestino.
Ruptura real: Golpear la base material de la ocupación
Lejos de quedarse en la retórica simbólica, la concentración puso el foco en las condiciones materiales que permiten la supervivencia del régimen de Tel Aviv. El manifiesto dejó claro que la entidad sionista colapsaría sin el respirador artificial del imperialismo euroatlántico. Por ello, el movimiento popular exigió medidas inmediatas y coercitivas: es imperativo imponer un embargo militar integral que frene en seco la compraventa y el tránsito de armas, acompañado de una ruptura total de relaciones diplomáticas, comerciales, académicas y culturales, aislando al régimen tal como se hizo en su día con la Sudáfrica del apartheid.
Asimismo, se reclamó el fin de la persecución política dentro del Estado español, exigiendo la derogación de la Ley Mordaza que criminaliza la solidaridad internacionalista, y se reivindicó, sin ambages, el legítimo derecho a la resistencia y autodefensa del pueblo palestino frente a la maquinaria de muerte ocupante.
La jornada concluyó con la reafirmación de que, mientras persista la estructura colonial, la movilización no dará tregua. Frente a los pactos de despacho y la desmemoria institucional, las calles de Murcia recordaron ayer que Palestina no es un territorio para dividir, sino una nación por liberar.
¡Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá!
















