Miles de personas han ocupado este domingo Garvaghy Road, en Portadown, para impedir el paso de una marcha de la Orden de Orange, organización protestante y unionista nacida en 1795 y vinculada históricamente a la defensa del dominio británico y de la permanencia de Irlanda del Norte dentro del Reino Unido. Unas 2.000 personas, según la agencia Reuters, se han concentrado desde primera hora en la carretera, en una zona mayoritariamente católica y nacionalista, mientras la Policía del Norte de Irlanda mantiene un amplio dispositivo entre los manifestantes y los miembros de la Orden.
La movilización se produce después de una batalla judicial de última hora que terminó autorizando el desfile. La Comisión de Desfiles había dado el viernes permiso para que la Orden atravesara Garvaghy Road por primera vez en casi 30 años, aunque limitó la participación a 35 miembros frente a los 60 inicialmente solicitados. Un juez del Tribunal Superior había suspendido posteriormente la autorización, pero el Tribunal de Apelación revocó esa decisión durante la madrugada del domingo y permitió que la marcha siguiera adelante. El servicio público de radiodifusión de la República de Irlanda, Raidió Teilifís Éireann (RTÉ), calificó de «sin precedentes» la celebración de la vista de apelación pasada la medianoche por la trascendencia del caso.
La Orden de Orange —Orange Order— es una organización fraternal protestante fundada en el contexto de las luchas entre comunidades protestantes y católicas en Irlanda. Su tradición está estrechamente ligada al unionismo, corriente política que defiende la continuidad de Irlanda del Norte como parte del Reino Unido. Sus marchas conmemoran acontecimientos históricos de la tradición protestante, especialmente la victoria de Guillermo de Orange sobre Jacobo II en la batalla del Boyne de 1690. En la práctica, algunas de estas procesiones se convirtieron durante el conflicto norirlandés en demostraciones de poder unionista en barrios nacionalistas y católicos.
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Ese carácter está en el centro de la disputa de Garvaghy Road. La carretera atraviesa un barrio nacionalista de Portadown y fue durante los años noventa uno de los principales escenarios de las disputas de Drumcree, cuando la Orden reclamaba el derecho a desfilar por la zona pese al rechazo de sus residentes. El conflicto llegó a requerir el despliegue de más de 2.000 soldados británicos y policías en el área, que entonces tenía unos 4.500 habitantes. Las confrontaciones estuvieron relacionadas con varios episodios de violencia sectaria y asesinatos.

La propia existencia de la Comisión de Desfiles está directamente relacionada con aquel conflicto. El organismo fue creado por el Gobierno británico en 1998 para regular las marchas controvertidas. Desde entonces, la Orden de Orange no había recibido autorización para recorrer Garvaghy Road. La decisión adoptada este año rompe así con casi tres décadas de prohibición del recorrido.
Para los residentes, el problema no es únicamente el paso de una procesión religiosa o cultural. La Coalición de Residentes de Garvaghy Road ha denunciado que permitir nuevamente el recorrido puede reabrir las heridas del conflicto y ha advertido del carácter intimidatorio que puede tener una marcha unionista en una comunidad nacionalista. En una carta remitida a la Comisión de Desfiles, los residentes denunciaron que el desfile podía ser utilizado para demostrar «quiénes son los verdaderos amos de Portadown» y recordaron que la inmensa mayoría de la comunidad continúa oponiéndose al recorrido.

El episodio vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que atraviesa toda la historia contemporánea del norte de Irlanda: la relación entre la presencia británica, el unionismo y los derechos de una población nacionalista que reivindica la reunificación de la isla. Para La Protesta, lo ocurrido en Garvaghy Road no puede entenderse únicamente como una disputa entre dos comunidades ni como un conflicto folclórico en torno a una marcha. El recorrido se inscribe en la larga historia de dominación británica sobre Irlanda y en la utilización de determinados espacios públicos como expresión de poder político y territorial.
La movilización de este domingo muestra además que la cuestión nacional irlandesa continúa teniendo una dimensión social y política que no desapareció con el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. La paz puso fin a décadas de violencia generalizada, pero no resolvió automáticamente la división territorial, la cuestión de la soberanía ni las desigualdades y memorias acumuladas durante generaciones. Este domingo, miles de personas han vuelto a situarse físicamente en Garvaghy Road para decir que una comunidad no tiene por qué aceptar como inevitable una demostración de poder que considera impuesta desde fuera.
















