
Los militares israelíes desplegados en la Ciudad Vieja de Hebrón arremetieron este sábado contra periodistas y activistas que trataban de cubrir la entrada de colonos israelíes en el centro histórico de la ciudad. Mientras los soldados aseguraban el recorrido de los colonos, quienes intentaban grabar la operación fueron apartados por la fuerza e increpados para impedirles continuar con su trabajo.
Las imágenes difundidas desde Hebrón muestran a las fuerzas de ocupación interviniendo directamente contra activistas y profesionales de la información durante el dispositivo desplegado para acompañar a los colonos. La actuación militar no se produjo frente a una amenaza armada ni durante un enfrentamiento entre grupos: los afectados se encontraban documentando lo que sucedía en las calles de la Ciudad Vieja.
El Sindicato de Periodistas Palestinos y organizaciones dedicadas a la defensa de la libertad de prensa llevan meses denunciando agresiones similares. En julio, el Centro Palestino para el Desarrollo y las Libertades de los Medios (MADA) registró varios episodios en Hebrón en los que soldados israelíes impidieron a periodistas cubrir las marchas de colonos.
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El 11 de julio, militares bloquearon las cámaras de varios periodistas y utilizaron sus propios cuerpos para impedir que pudieran grabar. Diez días después, durante otra marcha de colonos, los soldados empujaron a periodistas y los obligaron a retirarse de la zona desde la que estaban realizando su cobertura.
La escena se repite con una lógica difícil de ignorar: los colonos disponen de escolta militar para recorrer las calles de Hebrón y los periodistas que intentan contar lo que sucede son expulsados de ellas.
Hebrón, una ciudad dividida por la ocupación
Hebrón es uno de los puntos donde la colonización israelí se encuentra más incrustada en el tejido urbano palestino. La ciudad está dividida desde los acuerdos de Oslo en dos áreas administrativas. La zona H2, que incluye la Ciudad Vieja, permanece bajo control militar israelí.
Allí viven alrededor de 30.000 palestinos junto a varios centenares de colonos instalados en asentamientos situados en el corazón de la ciudad.
La presencia de estos colonos ha transformado la vida cotidiana de la población palestina. Calles cerradas, controles, puestos militares, restricciones al tránsito y accesos bloqueados forman parte del paisaje de H2. Las autoridades israelíes justifican estas medidas en términos de seguridad; para la población palestina, constituyen uno de los mecanismos cotidianos mediante los que se sostiene la ocupación.
La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha advertido durante este año de nuevas restricciones en Hebrón. Entre ellas figura la instalación de nuevas puertas metálicas en accesos de la Ciudad Vieja, con consecuencias directas para familias palestinas y para el acceso al zoco y a lugares de culto.
En las mismas calles donde un residente palestino puede encontrar una barrera que le impide desplazarse con normalidad, los colonos cuentan con unidades militares encargadas de garantizar sus movimientos.
La prensa palestina denuncia una campaña de agresiones
El ataque de Hebrón llega después de un mes especialmente duro para los periodistas que trabajan en Cisjordania. La Federación Internacional de Periodistas recogió la denuncia del Sindicato de Periodistas Palestinos sobre 108 ataques contra profesionales de los medios durante julio, atribuidos a las fuerzas militares israelíes y a colonos. Entre los casos documentados figuran agresiones físicas, detenciones, amenazas y obstáculos al ejercicio de la profesión.
La presión tampoco se limita a la prensa palestina. Periodistas extranjeros han sufrido ataques de colonos mientras cubrían la violencia en Cisjordania. En julio, un grupo de profesionales de medios internacionales fue atacado por colonos armados durante una cobertura sobre el terreno.
El resultado es un escenario cada vez más hostil para quienes intentan informar desde la Cisjordania ocupada. A la dificultad de acceder a determinadas zonas se suman las agresiones, las restricciones militares y la actuación de grupos de colonos que operan con frecuencia bajo la protección de las fuerzas israelíes.
Una política colonial de asentamientos en el centro de la disputa
La cuestión de Hebrón tampoco puede desligarse de la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania.
La Ciudad Vieja fue incorporada en 2017 a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y, simultáneamente, a la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro. El reconocimiento internacional de su valor histórico convive desde entonces con una realidad marcada por la ocupación militar, la presencia de colonos y las restricciones impuestas a la población palestina.
La legalidad de la política israelí en el territorio ocupado ha sido cuestionada de forma reiterada por organismos internacionales. En su dictamen de julio de 2024, la Corte Internacional de Justicia concluyó que la presencia continuada de Israel en el Territorio Palestino Ocupado es ilícita y estableció obligaciones relacionadas con el fin de la ocupación, los asentamientos y las medidas destinadas a modificar la composición demográfica del territorio.
Hebrón representa uno de los ejemplos más visibles de esa realidad. Los asentamientos no se encuentran únicamente en las periferias de una ciudad palestina: están situados en su centro histórico, rodeados por población palestina y protegidos mediante una infraestructura militar que condiciona cada desplazamiento.
Cuando informar se convierte en un problema para la ocupación
Las agresiones sufridas por los periodistas tienen una consecuencia inmediata: dificultan que exista un registro independiente de lo que ocurre sobre el terreno.
Una cámara que apunta hacia una marcha de colonos puede resultar tan incómoda como una protesta. Un periodista que permanece en una calle durante una operación militar deja constancia de quién entra, quién sale, quién recibe protección y quién es obligado a marcharse.
Eso es precisamente lo que ocurrió este sábado en Hebrón.
Los soldados encargados de garantizar el paso de los colonos terminaron actuando también contra quienes intentaban documentarlo. La protección militar quedó reservada para los colonos; la fuerza, para quienes trataban de informar.
La escena resume la realidad de una ciudad sometida durante décadas a un sistema de ocupación y colonización: calles palestinas militarizadas, colonos escoltados por soldados y periodistas obligados a retroceder cuando sus cámaras apuntan hacia una realidad que las autoridades israelíes llevan años tratando de normalizar.
Para quienes viven en Hebrón, no se trata de una jornada excepcional. Es otra jornada bajo ocupación.
Y para quienes intentan contarla, otra jornada en la que incluso sacar una cámara a la calle puede convertirse en motivo de agresión.











