El delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi, ha denunciado que Marruecos continúa utilizando la migración como un mecanismo de presión política sobre España y la Unión Europea, al tiempo que ha asegurado que las recientes entradas masivas en Ceuta evidencian el fracaso de la política de concesiones impulsada por el Gobierno español respecto al Sáhara Occidental.
En una tribuna publicada en El Confidencial, el representante saharaui sostiene que los últimos acontecimientos en la frontera sur vuelven a poner de manifiesto una realidad que, a su juicio, «ya no puede seguir ignorándose»: que el control de los flujos migratorios se ha convertido en una herramienta de presión ejercida por Rabat en el marco de su estrategia política y territorial.
«¿Qué más tiene que pasar? ¿Cuántas veces más vamos a ver la misma escena? ¿Cuántas crisis más se tendrán que afrontar para decir en voz alta lo que es evidente?», se pregunta Arabi al inicio de su artículo, antes de afirmar que «una vez más, una crisis migratoria recuerda que el control de los flujos fronterizos puede convertirse en una herramienta de presión política».
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A partir de ese diagnóstico, el delegado del Frente Polisario cuestiona que Marruecos pueda seguir siendo considerado un aliado estratégico de España. «Seamos claros: Marruecos no puede ser considerado un aliado estratégico de España en el sentido pleno del término. Es un vecino con el que España comparte intereses, sí, pero también desacuerdos profundos y tensiones recurrentes que no se pueden seguir ignorando», afirma.
Arabi vincula directamente esta situación con el cambio de posición adoptado por el Gobierno de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental en marzo de 2022, cuando respaldó públicamente el plan marroquí de autonomía para el territorio. Según sostiene, aquella decisión se justificó como una vía para estabilizar las relaciones entre ambos Estados, pero considera que los acontecimientos han demostrado exactamente lo contrario.
«Se dijo que el cambio de posición del Gobierno español sobre el Sáhara Occidental contribuiría a estabilizar las relaciones entre los dos países. Sin embargo, ese cambio no ha disipado las aspiraciones marroquíes sobre los enclaves españoles. Los hechos hablan por sí mismos», asegura.
En esa misma línea, recuerda que el Frente Polisario ya advirtió de las consecuencias que tendría ese giro diplomático. «Desde el Frente Polisario lo advertimos. Dijimos que las concesiones no pondrían fin a las exigencias de Marruecos. Lo advertimos no porque quisiéramos tener razón, sino porque conocemos perfectamente la naturaleza de un problema que nuestro pueblo lleva décadas sufriendo».
El delegado saharaui también pone el foco en la dimensión humana de la crisis migratoria y critica que miles de personas sean utilizadas como herramienta de presión política. «Lo más grave, lo más indignante, es que detrás de cada cifra, detrás de cada titular y detrás de cada debate político hay personas. Personas con nombres, con familias, con sueños y con miedo», afirma.
A continuación, añade que «utilizar a seres humanos como instrumento de presión política es sencillamente repugnante» y sostiene que «no hay justificación posible para convertir la desesperación de las personas en una moneda de cambio diplomático».
Frente a quienes reducen el fenómeno migratorio a la actuación de las mafias, Arabi defiende que existe una responsabilidad política del Estado marroquí. «Este hecho no puede ser considerado producto de las mafias, sino el resultado de las políticas y aspiraciones de un Estado, Marruecos», afirma, antes de advertir de que «eludir ese debate no resuelve nada; al contrario, desvía la atención de cuestiones fundamentales y favorece la impunidad del verdadero responsable».
El representante del Frente Polisario considera además que España y la Unión Europea no se enfrentan simplemente a un nuevo episodio migratorio, sino a «un desafío político, geopolítico y de seguridad de enorme trascendencia», por lo que minimizar la situación, advierte, «sería un error que puede tener consecuencias muy graves».
Por ello, reclama un cambio de estrategia en las relaciones con Rabat y llama a recuperar una política exterior sustentada en el respeto al derecho internacional. «Ha llegado el momento de actuar con firmeza, con coherencia y con principios. Ha llegado el momento de dejar de confundir las concesiones con las soluciones», sostiene.
Finalmente, Arabi defiende que la única salida pasa por «defender sin ambigüedades la legalidad internacional, la dignidad humana y el derecho de los pueblos», antes de concluir con una reflexión que resume el sentido de su artículo: «La estabilidad no puede construirse sobre el chantaje. La estabilidad solo puede construirse sobre la justicia. Y la justicia empieza por llamar a las cosas por su nombre».
















