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Glasgow planta cara a la extrema derecha mientras la Policía blinda la ciudad para evitar enfrentamientos

Miles de personas respondieron a la convocatoria del grupo ultraderechista Unite the Clans con una amplia movilización antifascista. La jornada terminó con disturbios, varias detenciones y un fuerte despliegue policial tras semanas de creciente tensión por las protestas xenófobas en Escocia.

Glasgow volvió a demostrar este sábado que la extrema derecha no encuentra las calles despejadas. La convocatoria del grupo ultraderechista Unite the Clans, impulsada con un discurso contra la inmigración, encontró enfrente a una amplia coalición de organizaciones sindicales, colectivos antirracistas y movimientos sociales que acudieron a Glasgow Green para impedir que el mensaje xenófobo monopolizara el espacio público.

La ciudad amaneció prácticamente blindada. Decenas de furgones policiales, agentes a caballo y un helicóptero sobrevolando el centro acompañaron una jornada que terminó trasladándose desde el parque hasta varias calles del centro, donde se produjeron momentos de tensión, cargas puntuales, lanzamiento de objetos contra vehículos policiales y varias detenciones.

Una respuesta organizada frente al discurso del odio

Frente a las pancartas que reclamaban la deportación de migrantes y exhibían consignas identitarias, cientos de manifestantes respondieron con mensajes de bienvenida a las personas refugiadas, banderas palestinas, escocesas e irlandesas y lemas contra el racismo.

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La contramovilización fue impulsada por Stand Up To Racism, Women Against The Far Right, Refuweegee, representantes sindicales y otras organizaciones sociales que consideran que el crecimiento de la extrema derecha exige una respuesta unitaria desde la sociedad civil.Durante horas, ambos bloques permanecieron separados por un amplio cordón policial para impedir enfrentamientos directos.

Semanas de agitación fascista desembocan en una jornada de disturbios

Lo ocurrido en Glasgow no surgió de la nada. La ciudad acumula varias semanas de movilizaciones antiinmigración alentadas por sectores de la extrema derecha británica, que han tratado de situar la inmigración como eje central del debate político aprovechando el deterioro social y la crisis del coste de la vida.

Ese escenario explica el importante dispositivo desplegado por la Policía de Escocia, que antes incluso del inicio de la protesta había advertido de que la prioridad sería garantizar el derecho de manifestación evitando enfrentamientos.

Sin embargo, conforme avanzó la tarde, la tensión aumentó. En el centro de Glasgow se registraron enfrentamientos aislados con la Policía, lanzamiento de bengalas y botellas, daños a vehículos policiales y varias detenciones, aunque las autoridades no facilitaron un balance definitivo.

La batalla por la hegemonía del espacio público

Más allá de los incidentes, la jornada volvió a poner de manifiesto una realidad que se repite en distintas ciudades europeas: cada avance de la extrema derecha encuentra una respuesta organizada de sindicatos, organizaciones de derechos humanos y movimientos antifascistas que disputan el espacio público y rechazan la normalización del discurso racista.

Mientras los grupos de ultraderecha intentan convertir la inmigración en el principal problema político, las plataformas antirracistas sostienen que el verdadero origen del malestar social reside en el aumento de las desigualdades, el deterioro de los servicios públicos y la precariedad que afecta a amplias capas de la población trabajadora.