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Activistas documentan la realidad de los animales a las puertas de un matadero de Buñol 

Una vigilia antiespecista a las puertas del matadero buñolense busca poner rostro a las víctimas de la explotación animal.

La mirada de una vaca tras los barrotes del vehículo de transporte, instantes antes de su llegada al matadero | Foto.- Defensa Animal
La mirada de una vaca tras los barrotes del vehículo de transporte, instantes antes de su llegada al matadero | Foto.- Defensa Animal

La Plataforma Defensa Animal ha llevado a cabo una acción de documentación en el matadero de Buñol, con el objetivo de visibilizar la realidad que viven los animales antes de ser ejecutados. En esta ocasión, activistas se han concentrado en las inmediaciones del recinto para grabar y fotografiar la llegada de vacas procedentes de la industria de explotación animal.

En el material documentado por las personas voluntarias se observan animales sin espacio, sucios y asustados, recordando que tanto las vacas explotadas por la industria láctea como las ejecutadas en la industria cárnica acaban en el mismo lugar después de una corta vida de explotación, separación de familias y todo tipo de prácticas que provocan sufrimiento.

Desde el colectivo, afirman que este tipo de acciones, conocidas como vigilias, son fundamentales para mostrar una situación que se mantiene fuera del foco público. “Nuestro objetivo es visibilizar su realidad, conseguir difusión y que otras personas se planteen el sencillísimo veganismo”, explican desde la entidad.

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Las vacas pueden vivir hasta 20 años; sin embargo, son enviadas al matadero con cuatro o cinco años, cuando apenas han empezado a vivir. Se trata de animales altamente inteligentes, sociables y emocionales, que lloran durante días cuando se les arrebatan sus bebés con el fin de apropiarse de su leche. Por su parte, las terneras sufren episodios de pánico al ser separadas de sus madres. En cambio, cuando se les permite vivir, desarrollan estrechos lazos afectivos, no solo con sus crías sino también con otros individuos, incluso pueden llegar a tener mejores amigas, que suelen ser otras vacas en cuya compañía se observan relajadas y apacibles.

ACTIVISMO POR LA LIBERACIÓN ANIMAL 

«Hemos venido a las puertas del matadero porque creemos necesario que la gente le ponga a los animales un rostro y comprenda que ellos son alguien, que son individuos y que cada vez que pagan o participan de alguna manera en su explotación ya sea en el sector alimentario u otro tipo de ámbitos están siendo cómplices de ella y validando sin ningún tipo de cuestionamiento que los demás animales son meros recursos, propiedades u objetos que existen en el mundo para nuestra utilidad, que es precisamente a lo que nos oponemos como veganos, activistas por los derechos de los animales y antiespecistas al reconocer a los demás animales sujetos con su valor inherente a existir por sus propias razones», ha señalado la portavoz de Defensa Animal, María Jesús Puertes.

«Lugares atroces de violencia y exterminio como este se ubican lejos del ojo humano en pro de ayudar a la desconexión entre el producto que adquirimos en el supermercado y la víctima que había detrás de tal producto. La existencia en sí misma de los centros de explotación animal es inaceptable moral y éticamente hablando y totalmente evitable, pues si nadie los financiase no continuarían funcionando», añade Puertes.

Aunque el veganismo va más allá de la alimentación y evita usar a los animales en cualquier fin, recuerdan que hoy en día se pueden adquirir productos vegetales similares en sabor y textura e incluso elaborar cualquier receta con productos de proximidad libres de animales.

La entidad promueve la pedagogía antiespecista desde la infancia, incluyendo valores que fomenten el respeto y la empatía durante su desarrollo.

Para terminar, en un comunicado, Defensa Animal ha resaltado la labor que llevan a cabo los santuarios antiespecistas sin apoyo de la administración, mientras que la industria ganadera recibe millones de euros en subvenciones para explotar y matar animales, así como otras consecuencias ya mencionadas.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.