València clama contra la guerra y el imperialismo: miles exigen el fin de la OTAN y la militarización global

Movimientos sociales, sindicatos y colectivos internacionalistas lanzan un “grito para la paz” y denuncian el genocidio en Palestina y la lógica neocolonial de las potencias occidentales

Las ONG de cooperación, movimientos sociales, sindicatos y partidos de izquierda han celebrado una manifestación bajo el lema "No a la guerra", este sábado en Valencia, que ha partido de la plaza del Ayuntamiento. Biel Alino (EFE)
Las ONG de cooperación, movimientos sociales, sindicatos y partidos de izquierda han celebrado una manifestación bajo el lema "No a la guerra", este sábado en Valencia, que ha partido de la plaza del Ayuntamiento. Biel Alino (EFE)

Bajo el lema “No a la guerra”, más de 10.000 personas llenaron el centro de Valencia este sábado para exigir el fin de los conflictos bélicos y denunciar el imperialismo global. La movilización recorrió desde la Plaza del Ayuntamiento las principales calles del centro, con pancartas y proclamas que apuntaban directamente a la OTAN, Estados Unidos, Israel y las políticas militares que sostienen la dominación global.

Alfredo Marhuenda, vocal de acción humanitaria de la Junta Directiva de la Coordinadora Valenciana de ONGD, subrayó la urgencia de la protesta, “Pedimos el fin inmediato de todas las acciones de guerra. La mayor parte de la sociedad está de acuerdo en que los conflictos deben terminar y que se debe apostar por la paz”, señaló, poniendo en valor la labor de organizaciones humanitarias como ACNUR, Cáritas y Farmamundi, que asisten a decenas de miles de desplazados en Líbano y otras zonas de conflicto.

Cándida Barroso, portavoz de las entidades convocantes, destacó que la manifestación buscaba un carácter horizontal y unitario, reuniendo a personas de distintas organizaciones bajo un solo mensaje, “El imperialismo al que nos está llevando no va a desembocar en nada bueno y estamos muy preocupados. Queremos que esta manifestación sea el primer grito unitario de València”. Barroso denunció además la militarización y la doble vara de medir de las grandes potencias, “Las guerras no llevan democracia ni libertad: llevan muerte, destrucción y sufrimiento para los pueblos”, y reclamó a Europa tener “una voz clara, que dialogue y plante cara al imperialismo”.

La movilización incluyó consignas feministas, resaltando la intersección entre militarismo y patriarcado. Barroso enfatizó que las mujeres sufren la guerra de forma directa como víctimas de violencia, como refugiadas y como sostenes de la vida en medio de la destrucción. “El militarismo y el patriarcado comparten una misma lógica de dominación. Por eso el feminismo también es una lucha por la paz”, agregó.

El manifiesto leído al término de la protesta condenó la alianza bélica entre Israel y Estados Unidos, responsable de la limpieza étnica del pueblo palestino, y denunció la escalada militar en Venezuela, Cuba, Irán y Ucrania como parte de un mismo patrón imperialista. Los convocantes exigieron un alto el fuego inmediato, respeto al derecho internacional y fin de las sanciones coercitivas, advirtiendo que las bombas no llevan democracia sino sufrimiento.

La protesta también puso de relieve las consecuencias internas de la militarización: aumento del gasto militar a costa de los derechos sociales, recortes en sanidad, educación, pensiones y servicios básicos, y un impacto desproporcionado sobre mujeres y niñas.

Esta movilización reafirma que la lucha por la paz y la justicia internacional no es un reclamo aislado ni moralizante, sino una acción organizada que identifica responsables, cuestiona estructuras de poder y exige un cambio de rumbo en la política exterior de Europa y del mundo. Como concluyeron los convocantes, “las declaraciones no son suficientes: hay que llenar las calles para defender la paz, la justicia global y el derecho de los pueblos a vivir en libertad”.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.