El domingo 15 de marzo, miles de personas participaron en la Marcha por la Paz de Budapest, una manifestación convocada por el partido gobernante Fidesz para respaldar la política del primer ministro ultra Viktor Orbán de no enviar ayuda militar a Ucrania. La marcha coincidió con la festividad nacional del 15 de marzo, que conmemora la Revolución Húngara de 1848, y se enmarca en la campaña electoral de cara a las elecciones legislativas del 12 de abril.
Durante el acto, los manifestantes portaron banderas húngaras y pancartas en apoyo a la neutralidad del país y en rechazo al envío de armas, mientras Orbán acusaba a sus rivales de intentar arrastrar a Hungría al conflicto en Ucrania, una acusación que la oposición niega. Según informes, la concentración organizada por Fidesz fue la más numerosa de su tipo, llenando la plaza principal frente al Parlamento.
En paralelo, el Partido Comunista Húngaro (Magyar Munkáspárt), emitió recientemente comunicados en los que critica la expansión de la OTAN y la presión occidental sobre Hungría. En sus declaraciones, el partido advierte que la guerra en Ucrania responde a intereses geopolíticos y económicos de las potencias occidentales, y llama a que Hungría se mantenga al margen del conflicto, promoviendo soluciones negociadas que eviten la escalada militar.
La manifestación de Fidesz se dio al mismo tiempo que una concentración de la oposición encabezada por Peter Magyar Tisza, que reunió a sus seguidores en una de las avenidas principales de Budapest para protestar contra la gestión de Orbán y buscar un cambio de gobierno después de 16 años de su liderazgo. Tisza y sus partidarios han adoptado una posición cautelosa respecto a Ucrania, oponiéndose a la adhesión rápida de Kyiv a la Unión Europea y proponiendo un referéndum vinculante sobre la cuestión en caso de llegar al poder.
La movilización evidencia la polarización política en Hungría, donde la política exterior y la posición frente al conflicto en Ucrania se entrelazan con la campaña electoral. La marcha de apoyo a Orbán subraya el respaldo popular a su política de neutralidad militar, mientras los partidos comunistas y otros sectores políticos plantean la necesidad de mantener al país al margen de la confrontación internacional y cuestionan la influencia de la OTAN y la UE en la región.
















