Londres ha sido escenario este domingo de una protesta de masas que sacudió el centro de la capital, reuniendo a miles de personas bajo consignas de solidaridad con Palestina, Irán y Líbano y en rechazo de las agresiones militares impulsadas por potencias occidentales y sus aliados regionales. La concentración, organizada en torno al Día de Al‑Quds, representa un acto histórico de solidaridad internacionalista frente a la normalización de la guerra como herramienta de dominación.
Las autoridades británicas, subordinadas a la lógica securitaria del Estado, intentaron frenar la protesta prohibiendo la tradicional marcha y limitando el acto a una concentración estática en la ribera sur del río Támesis. Esta decisión, adoptada por el Ministerio del Interior y respaldada por la policía metropolitana, fue presentada como una medida para “evitar el desorden público”, aunque muchos participantes la entendieron como un intento de acallar un clamor popular que exige fin a las intervenciones militares y al apoyo político y material del Reino Unido a políticas agresivas en Oriente Medio.
A pesar de estas restricciones, miles de personas de diversas comunidades y generaciones llenaron el embankment cerca de los puentes de Lambeth y Vauxhall. Portaron banderas palestinas, libanesas e iraníes, pancartas contra la ocupación, grafías contra la OTAN y el imperialismo, y corearon consignas contra la guerra, el colonialismo y el papel activo de gobiernos europeos y estadounidenses en la violencia sobre pueblos enteros.
El enorme despliegue policial —cerca de mil agentes según informes locales— intentó contener la protesta mediante un cordón que utilizó incluso el propio Támesis como barrera para separar a los manifestantes de grupos contrarios que se congregaron al otro lado del río. Policías advirtieron que cualquier símbolo o consigna considerada “proscrita” o llamada a la resistencia —especialmente términos como “intifada”— podría ser motivo de detención, evidenciando cómo las leyes antiterroristas son utilizadas para criminalizar la solidaridad internacionalista.
Más allá de las tensiones con la policía, la protesta de Al‑Quds en Londres se inscribe en una ola global de movilizaciones contra la guerra y la ocupación que han proliferado en Europa y Estados Unidos en respuesta a las agresiones contra Irán y la intensificación de las ofensivas en Gaza y Líbano. Lejos de ser un acto aislado, esta jornada demuestra que existe un tejido social dispuesto a desafiar las narrativas hegemónicas y a exigir un cese inmediato de la violencia imperialista en Oriente Medio.
Desde las calles de Londres, el mensaje fue claro y firme: no al imperialismo, no a la complicidad con la guerra, sí a la autodeterminación de los pueblos y a la justicia global. La movilización desafía a los gobiernos que respaldan la agresión y sostiene la urgencia de un cambio radical de las políticas exteriores que subordinan vidas humanas a intereses estratégicos y económicos.
















