
En horas de la mañana de este domingo, el petrolero Skylight, con bandera de la República de Palau, fue atacado en el Golfo de Omán cerca de la costa de la península de Musandam, a unas cinco millas náuticas al norte del puerto de Khasab, según comunicó el Centro de Seguridad Marítima de Omán a través de publicaciones en redes sociales oficiales.
El barco, que navegaba en aguas estratégicas frente al estrecho de Ormuz, fue alcanzado por lo que aún no ha sido oficialmente confirmado, aunque diversos informes de prensa señalan que la agresión ocurrió en el contexto de la intensa retórica y acciones militares de Irán contra el tránsito marítimo tras recientes ataques occidentales a su territorio.
Tras el impacto, las autoridades de Omán informaron que los 20 miembros de la tripulación —15 ciudadanos indios y cinco iraníes— fueron evacuados de inmediato, aunque al menos cuatro de ellos resultaron heridos de diversa consideración y debieron ser trasladados para atención médica.
El Skylight, pequeño petrolero que formaba parte de una flota de buques sancionados por Estados Unidos —acusado de integrar una denominada “shadow fleet” destinada a evadir restricciones y transportar productos petrolíferos— se incendió tras el ataque, según reportó parte de la prensa internacional.
Horas después del ataque al Skylight, fuentes especializadas en seguimiento marítimo internacional reportaron un posible segundo impacto contra otra embarcación en la misma región, aunque los detalles siguen en curso de verificación por parte de los organismos de seguridad y las agencias de noticias presentes en la cobertura.
Paralelamente, la agencia estatal omaní informó que el puerto comercial de Duqm fue objeto de un ataque con drones, que causó al menos un herido entre trabajadores extranjeros, mientras que fragmentos de otra aeronave no tripulada cayeron cerca de instalaciones de combustible sin producir daños graves.
Este suceso se produce en un contexto de fuerte tensión regional tras ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, que generaron una respuesta inmediata de Teherán con misiles y drones dirigidos contra posiciones en Israel, bases estadounidenses y otras instalaciones en los estados del Golfo.
En los últimos días, diversos medios han informado que la Guardia Revolucionaria iraní emitió advertencias por radio VHF declarando que “ninguna nave puede transitar por el estrecho de Ormuz”, lo que ha tenido un efecto de paralización práctica del paso comercial, aunque no existe una orden formal de cierre bajo derecho internacional.
Ante esto, las principales navieras y petroleras han suspendido sus operaciones en la zona, y las compañías aseguradoras han retirado provisoriamente sus coberturas para buques que atraviesen ese corredor, provocando que el tráfico marítimo se detenga en varias rutas y que el precio del crudo se eleve más de un 10 % en los mercados bilaterales.
El estrecho de Ormuz —estrecho paso de apenas 33 km en su punto más angosto— es un corredor vital entre los países productores del Golfo y los mercados globales. Su interrupción, incluso de facto, tiene repercusiones directas en los precios internacionales del petróleo, el coste de los seguros marítimos y la estabilidad del suministro energético, especialmente para economías altamente dependientes como la asiática y la europea.
Además de los riesgos materiales, este episodio agrava una crisis geopolítica de gran escala, marcando una de las fases más tensas en décadas en la región de Oriente Medio, con consecuencias que rebasan lo local y afectan las cadenas de suministro, las estrategias de defensa y la coordinación diplomática en múltiples frentes.
El ataque contra el Skylight y los informes de un segundo incidente marcan una escalada significativa en el Golfo Pérsico, en el marco de un conflicto que ha convertido al estrecho de Ormuz en un foco central de confrontación entre grandes potencias y gobiernos regionales. Con el tránsito petrolero suspendido y la estabilidad de rutas clave amenazada, este episodio representa no solo una crisis de seguridad marítima, sino una señal de alerta para el equilibrio energético y la paz internacional.













