Belarra llama a la movilización social contra la extrema derecha, el imperialismo y la precariedad en España: “El miedo nunca conquistó derechos”

La dirigente morada reivindica ante el Consejo Ciudadano Estatal del Partido la acción colectiva y el feminismo mientras tensiona la coherencia entre discurso radical y las capacidades reales debidas al desgaste y los malos resultados electorales de Podemos en Aragón.

Ione Belarra, junto a Irene Montero, durante el Consejo Ciudadano Estatal de Podemos este viernes. © Pablo Monge (EL PAÍS)
Ione Belarra, junto a Irene Montero, durante el Consejo Ciudadano Estatal de Podemos este viernes. © Pablo Monge (EL PAÍS)

En el primer Consejo Ciudadano Estatal de Podemos del año 2026 celebrado este viernes 20 de febrero, Ione Belarra lanzó un mensaje contundente sobre la necesidad de movilización social, solidaridad internacional y confrontación con la extrema derecha, insistiendo en que los derechos solo se conquistan enfrentando el miedo y la desigualdad, “Frente al miedo, seamos más izquierda que nunca”.

La dirigente morada inició su intervención denunciando las intervenciones militares de Estados Unidos y sus aliados, y el bloqueo económico a Cuba, calificándolos como guerras motivadas por intereses económicos y estratégicos, no por democracia. “Esta es otra guerra por petróleo, otra guerra por la pasta que solo tiene un objetivo: reposicionar a Estados Unidos en la guerra comercial que le ha declarado a China”, señaló.

Belarra subrayó que el miedo paraliza y que los derechos se conquistan a través de la acción directa, “El miedo nunca conquistó derechos”, recordando ejemplos históricos y actuales, desde la regularización de migrantes hasta las luchas feministas y obreras. Entre sus ejemplos incluyó la huelga del metal en Cádiz, las plataformas de regularización de inmigrantes y la participación en el 15M, “Es la gente organizada señalando a los verdaderos responsables de su sufrimiento”.

Al abordar la situación política interna, Belarra criticó la inacción del PSOE en legislaturas anteriores, “Con el Gobierno anterior que renunció a transformar, que realizó el mayor rearme de la historia de nuestro país y que no enfrentó la crisis de vivienda, no solo la extrema derecha no retrocedió, sino que no dejó de crecer”. Este recordatorio pone en evidencia una contradicción estratégica: mientras denuncia alianzas institucionales que diluyen la radicalidad de la izquierda, que en su día no le apartaron de formar parte del Gobierno Central bajo mandato de Pablo Iglesias, Podemos enfrenta el desafío de mantenerse relevante sin comprometer sus principios frente a los poderes económicos y políticos que critica.

En materia social y económica, Belarra denunció la precariedad laboral, los abusos del sector financiero y la concentración de poder privado, proponiendo medidas radicales, “Una izquierda sin miedo a expropiar viviendas para que la gente tenga casas para vivir” y “papeles son derechos”. No obstante, estas propuestas chocan con la realidad institucional del partido, la capacidad de Podemos para transformar estructuras económicas concentradas se encuentra cada vez más limitada, generando un contraste entre lo que se dice y lo que se puede hacer desde la política institucional.

Belarra cerró su intervención con un llamado feminista para el 8M, “Al odio, al miedo, a la extrema derecha las paramos las feministas” indicó, insistiendo en que la acción cotidiana, en los colectivos, barrios y redes, es la herramienta para consolidar derechos y enfrentar el capitalismo y la extrema derecha.

La intervención de Ione Belarra puede verse como inspiradora y de intencionalidad movilizador para algunos, pero revela tensiones estratégicas y contradicciones palpables. Por un lado, ofrece un discurso radical, feminista y antirracista que pone la acción colectiva y la movilización social en el centro. Por otro, la crítica a la inacción del PSOE anterior y a la acumulación de riqueza privada expone los límites de Podemos para traducir la radicalidad discursiva en transformaciones concretas desde su posición institucional. La intervención deja claro que, sin confrontar las estructuras de poder y sin coherencia entre palabra y práctica, el discurso de izquierda transformadora corre el riesgo de quedarse en retórica, aunque movilice conciencias y refuerce la identidad política propia del partido.