La detención de Serigne Mbaye, activista antirracista, exdiputado en la Asamblea de Madrid y referente del Sindicato de Manteros, a las puertas de su domicilio, ha vuelto a poner en evidencia una realidad que desde hace años denuncian los colectivos migrantes: la persecución sistemática por perfil racial y la violencia policial como herramienta de control social.
Según la versión policial, los hechos se producen tras un intento de identificación a un grupo de personas, derivando en acusaciones de desobediencia y resistencia. Sin embargo, distintos testimonios y organizaciones sociales apuntan a una intervención desproporcionada que encaja en un patrón ampliamente documentado en barrios como Lavapiés, donde los controles selectivos y las redadas racistas forman parte de la cotidianeidad.
Desde el Sindicato de Manteros de Madrid han denunciado con contundencia lo ocurrido, afirmando que “Nuestro compañero Serigne Mbaye es víctima del racismo institucional a través de la violencia policial en la puerta de su domicilio. Denunciamos una vez más este acoso policial que sufrimos todos los días. Está actuación es desproporcionada e injustificable.”
La reacción política no se ha hecho esperar. La eurodiputada de Podemos, Irene Montero, ha señalado que en los hechos ocurridos en la puerta de su casa, se había empleado una “violencia injustificada”. Exigiendo “su inmediata puesta en libertad y el fin de la violencia institucional y policial racista contra las personas racializadas”. “Serigne, siempre contigo”, apostilló.
En la misma línea, el responsable de Organización de la formación morada, Pablo Fernández, ha tachado como “extremadamente grave” y ha exigido al ministro Marlaska su puesta en libertad inmediata. “Basta ya de hostigamiento, de redadas racistas y brutalidad policial.”
Lejos de tratarse de un hecho aislado, el propio Mbaye ha señalado en múltiples ocasiones que los controles selectivos forman parte de la vida cotidiana de las personas negras en el Estado español, denunciando un acoso continuado que persiste incluso en casos de alta visibilidad pública.
Este nuevo episodio vuelve a situar el foco sobre una cuestión de fondo: la persistencia de prácticas policiales basadas en el perfil racial, ampliamente denunciadas por organizaciones sociales, pero sistemáticamente negadas desde las instituciones.
La detención de Serigne Mbaye no es un incidente aislado. Es la expresión de un problema estructural que afecta a miles de personas en el Estado español y que exige una respuesta política urgente: el fin de las redadas racistas, el cese del acoso policial y la garantía efectiva de derechos para todas las personas, independientemente de su origen.















