El IX Congreso del Partido del Trabajo de Corea ha arrancado en Pyongyang con un discurso del dirigente norcoreano Kim Jong-un, quien defendió que el país ha logrado avances económicos “notables y radicales” pese al bloqueo, las sanciones y las dificultades estructurales heredadas del aislamiento internacional.
El Congreso —máximo órgano político del país y celebrado cada cinco años— marca el cierre del ciclo iniciado en 2021 y el inicio de una nueva etapa estratégica que definirá el rumbo económico, militar y organizativo del Estado norcoreano hasta 2031.
Balance económico en un contexto de presión internacional
En su intervención inaugural, Kim subrayó que sectores industriales clave han superado el “estancamiento prolongado”, destacando la recuperación tras el fuerte impacto económico de 2020, cuando la economía sufrió una contracción severa por la pandemia, el endurecimiento de sanciones y las limitaciones comerciales.

Las estimaciones externas apuntan a un crecimiento sostenido en los últimos años, lo que el liderazgo norcoreano interpreta como evidencia de la capacidad del modelo de planificación estatal para resistir presiones externas y garantizar la supervivencia del país.
Desde una lectura materialista, el discurso refuerza la narrativa de autosuficiencia productiva y centralidad del sector público como instrumentos para sostener la soberanía nacional frente a la dependencia de mercados dominados por potencias capitalistas.
Defensa y disuasión como eje estratégico
Más de 5.000 delegados participan en el Congreso, donde la cuestión militar vuelve a ocupar un lugar central. Aunque el dirigente norcoreano no detalló nuevos programas, reiteró la necesidad de fortalecer el Ejército y consolidar la capacidad disuasoria del país.

El precedente del Congreso de 2021 incluyó anuncios sobre submarinos de propulsión nuclear, misiles balísticos intercontinentales de combustible sólido y satélites de vigilancia, proyectos que reflejan la prioridad estratégica de garantizar la seguridad del Estado en un entorno de confrontación permanente.
La ausencia de menciones directas a Estados Unidos y Corea del Sur deja margen de maniobra diplomática, mientras se consolidan los lazos políticos y militares con Rusia en un contexto de reconfiguración del equilibrio global.
Un congreso para redefinir la próxima etapa
Durante las sesiones se abordarán la evaluación del plan quinquenal anterior, la reforma de los estatutos del Partido, la elección de nuevos órganos de dirección y la aprobación de los objetivos económicos y sociales del próximo ciclo.
Más allá de su dimensión organizativa, el Congreso representa el intento de la dirigencia norcoreana de reforzar la cohesión interna, legitimar la continuidad del proyecto socialista nacional y proyectar estabilidad ante el escenario internacional convulso.
Desde una perspectiva crítica con el orden global dominante, el cónclave evidencia el peso que siguen teniendo los conflictos geopolíticos, las sanciones y la disputa por la soberanía en la evolución económica de los países periféricos.
El IX Congreso del Partido del Trabajo de Corea abre así una nueva fase marcada por la búsqueda de crecimiento económico, seguridad estratégica y consolidación política en un contexto internacional de creciente polarización.
















