
Murcia y Cartagena se han movilizado este domingo 1 de febrero, junto a más de 75 ciudades de todo el Estado, en una jornada de protesta estatal convocada por la Plataforma NAC – No a la Caza, coincidiendo con el Día Mundial del Galgo. Las movilizaciones han contado con el respaldo de Izquierda Unida-Verdes, Podemos, PACMA y EQUO, además de numerosos colectivos animalistas y ecologistas, para denunciar la caza con perros como una forma de maltrato animal normalizada y amparada institucionalmente.
En Murcia, la movilización ha recorrido el centro de la ciudad desde la Plaza Hernández Amores, pasando por la Plaza de Santo Domingo, hasta finalizar en la Plaza del Teatro Romea. Durante el recorrido se ha realizado un homenaje al galgo en Santo Domingo, donde se ha recordado a estos animales como “hijos del viento” condenados al miedo, al abandono y al descarte tras ser utilizados como herramientas de caza. El acto ha subrayado que la crueldad no es cultura, que el maltrato no es tradición y que el dolor animal no entiende de fronteras.
El acto final en la Plaza del Romea ha estado marcado por la lectura de un manifiesto que ha denunciado que el 1 de febrero marca el inicio del “juicio final” para miles de perros de caza, coincidiendo con el cierre de la temporada cinegética. En él se ha señalado la existencia de una frontera legal y moral que protege a unos perros mientras excluye deliberadamente a otros, reclamando una ley de bienestar animal sin excepciones, que reconozca que el latido de un perro de caza vale lo mismo que el de cualquier otro.
En Cartagena, la movilización ha partido desde la Plaza de España hasta la Plaza del Ayuntamiento, con la participación de colectivos animalistas entre ellos la Federación ANIMUR. Durante el acto se ha defendido que ninguna tradición justifica el sufrimiento, que la violencia no puede considerarse deporte y que los perros no son herramientas, sino vidas. Las personas convocantes han insistido en que una sociedad justa se mide por el trato que dispensa a los seres más vulnerables.
Por parte de Izquierda Unida-Verdes, Dominic David Skerrett ha afirmado que la caza con perros “sigue siendo una forma de maltrato animal normalizada y protegida por las instituciones”. Ha denunciado que el abandono de galgos y podencos al final de cada temporada “no es un accidente, sino un sistema”, sostenido por una minoría de grandes propietarios de cotos que reciben dinero público, incluidos fondos europeos de la PAC. IU-Verdes ha anunciado que llevará iniciativas a la Asamblea Regional para exigir transparencia sobre subvenciones, convenios con la Federación de Caza y controles reales en rehalas y perreras, además de señalar la responsabilidad tanto del PP como del PSOE en la exclusión de los perros de caza de la Ley estatal de Bienestar Animal.
Desde PACMA, el rescatista Manuel García ha alertado de que el final de la temporada de caza coincide cada año con un aumento masivo de abandonos de galgos y podencos. Ha señalado que mientras una parte de la sociedad mira hacia otro lado, las protectoras y redes de rescate reciben avisos constantes de animales encontrados en condiciones extremas. García ha subrayado que “no es radical defender la vida”, y que lo verdaderamente radical es seguir normalizando una violencia estructural contra los animales por puro entretenimiento.
Por su parte, Podemos ha estado presente en la movilización en Murcia, contando con la asistencia de su responsable regional de comunicación. El diputado regional Víctor Egío ha denunciado que el Gobierno de López Miras destina cada año “decenas de miles de euros a subvencionar a los amigos de la escopeta”, dinero que podría dedicarse a la protección de los espacios naturales y la biodiversidad. Egío ha sido contundente al afirmar que “matar animales por diversión es una barbarie” y que la caza no debe financiarse con dinero público.
Las movilizaciones han concluido en ambas ciudades con un mensaje común: ni caza, ni con perros, ni con silencio, y el compromiso de seguir en las calles hasta acabar con una práctica que consideran incompatible con una sociedad ética, justa y respetuosa con la vida.















