
Este hecho constituye un hito histórico para la política exterior del país del Cuerno de África, al confirmar el regreso firme de Mogadiscio a la escena política mundial tras décadas de inestabilidad, pasando de ser percibido como un “foco de conflicto” a desempeñar un papel más activo en la gestión de los asuntos internacionales de paz y seguridad.
En el ejercicio de este cometido, Somalia presidirá las sesiones del Consejo, coordinará las posiciones de los Estados miembros y dirigirá debates sobre el mantenimiento de la paz, la lucha contra el terrorismo, las crisis humanitarias y el respeto del derecho internacional. En su condición de presidente rotatorio, también será responsable de articular posturas comunes y emitir declaraciones en nombre del órgano.
La prensa somalí y diversos medios regionales califican este acontecimiento como un “hito histórico” para un país que durante décadas padeció guerra civil, colapso institucional y una fuerte dependencia de las misiones internacionales de mantenimiento de la paz.
El desempeño de la presidencia del Consejo de Seguridad pone de relieve que los esfuerzos orientados a la reconstrucción del Estado, la mejora de la seguridad y el fortalecimiento de la integración internacional de Somalia han comenzado a dar resultados positivo














