Somalia asume la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU

El país africano asumió oficialmente este 1 de enero la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas durante el primer mes de 2026.

Una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York, Estados Unidos. | Foto: REUTERS/Eduardo Muñoz
Una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York, Estados Unidos. | Foto: REUTERS/Eduardo Muñoz

Este hecho constituye un hito histórico para la política exterior del país del Cuerno de África, al confirmar el regreso firme de Mogadiscio a la escena política mundial tras décadas de inestabilidad, pasando de ser percibido como un “foco de conflicto” a desempeñar un papel más activo en la gestión de los asuntos internacionales de paz y seguridad.

En el ejercicio de este cometido, Somalia presidirá las sesiones del Consejo, coordinará las posiciones de los Estados miembros y dirigirá debates sobre el mantenimiento de la paz, la lucha contra el terrorismo, las crisis humanitarias y el respeto del derecho internacional. En su condición de presidente rotatorio, también será responsable de articular posturas comunes y emitir declaraciones en nombre del órgano.

La prensa somalí y diversos medios regionales califican este acontecimiento como un “hito histórico” para un país que durante décadas padeció guerra civil, colapso institucional y una fuerte dependencia de las misiones internacionales de mantenimiento de la paz.

El desempeño de la presidencia del Consejo de Seguridad pone de relieve que los esfuerzos orientados a la reconstrucción del Estado, la mejora de la seguridad y el fortalecimiento de la integración internacional de Somalia han comenzado a dar resultados positivo

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.