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Daniel Mordzinski desvela en Murcia las historias detrás de sus fotografías de Silvio Rodríguez: «Lo que es muy importante como fotógrafo es sentir que no me tengo que autocensurar»

El fotógrafo argentino presentó este martes en la librería El Faro de Lola ‘Silvio Rodríguez. Diario de un trovador’, un libro construido durante años de giras, encuentros y momentos compartidos con el cantautor cubano, a solo dos días de su concierto en la Plaza de Toros de Murcia.

La historia de Daniel Mordzinski con Silvio Rodríguez empezó mucho antes de que ambos se conocieran. Empezó en París, en un pequeño piso sin ascensor, con un cassette de Memorex que un amigo dominicano le regaló por su cumpleaños. Aquel recuerdo, contado ayer martes en la librería El Faro de Lola de Murcia, sirvió para abrir una conversación que fue mucho más allá de un libro de fotografías.

Mordzinski presentó junto a Aurelio Serrano ‘Silvio Rodríguez. Diario de un trovador’, una obra que recoge años de encuentros, viajes, conciertos y momentos compartidos con el músico cubano. La presentación tuvo lugar apenas dos días antes del concierto que Silvio Rodríguez ofrecerá este jueves en la Plaza de Toros de Murcia.

«Una de las magias de los temas de Silvio es que se aman a primera vista», explicó el fotógrafo al recordar aquel primer contacto con sus canciones. Desde entonces, dijo, algunas de ellas han viajado con él durante décadas.

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«Las escucho por primera vez y las hago mías y las termino tarareando», contó Mordzinski, que recordó especialmente una actuación en el Teatro Martí de La Habana en la que escuchó por primera vez ‘Noche sin fin y mar’. «Dije: “No puede ser”. Y desde entonces cruza mares y viaja conmigo ahí donde voy».

Un ‘no’ de Silvio que terminó en una historia de años

Uno de los momentos más celebrados de la presentación fue el relato de cómo consiguió realizar el primer retrato de Silvio Rodríguez.

Ocurrió hace unos 14 años, durante una feria del libro en Santo Domingo. Mordzinski tenía una exposición de retratos de escritores y Silvio actuaba en el marco de la feria. El fotógrafo decidió intentar llegar hasta su camerino.

«Con lo travieso que soy, rápidamente identifico la entrada de artistas, colada real», relató entre risas. Consiguió llegar hasta la puerta, pero allí le frenaron.

Cuando finalmente logró hablar con Silvio, se presentó y le dijo que quería fotografiarlo. La respuesta fue un «no, gracias».

Mordzinski llevaba entonces tres décadas retratando escritores y aseguró que nunca nadie le había rechazado una fotografía. «Me daba mucha bronca que el primero fuera un poeta de la música», recordó.

Pero no se marchó sin intentarlo una segunda vez. «Disculpa, qué mal momento elegí. Muy torpe lo mío, pero antes de ir a sentarme y disfrutar del concierto quería decirte que soy 50% argentino, 50% francés y 100% cubano».

Público asistente a la presentación de ‘Silvio Rodríguez. Diario de un trovador’, con Daniel Mordzinski y Aurelio Serrano, en la librería El Faro de Lola de Murcia | Dominic D. Skerrett.

La respuesta de Silvio cambió completamente la escena: «Te espero mañana a las 9:30 en el hotel».

Para Mordzinski, aquella experiencia resume una forma de entender su oficio: «Es también una lección de aferrarte cuando quieres algo».

De Borges y Cortázar a Silvio

La conversación recorrió también los comienzos profesionales de Mordzinski como fotógrafo y algunos de los encuentros que marcaron su trayectoria.

Con 18 años, en plena dictadura militar argentina, participó en el rodaje de un documental sobre Jorge Luis Borges. Allí, casi de manera accidental, acabó realizando uno de sus primeros retratos del escritor.

Mordzinski recordó especialmente una pregunta que Borges le hizo cuando le explicó que quería fotografiarlo: «¿Y por qué me quieres fotografiar, Daniel?».

«Porque he leído algunos cuentos suyos y me dan ganas de llevarme un pedacito de usted a mi casa», le respondió.

Aquel encuentro le dejó una enseñanza que, décadas después, sigue reivindicando: «La humildad es un rasgo muy importante de todo creador y de todo ser humano».

También recordó cómo, ya instalado en París, buscó en la guía telefónica el número de Julio Cortázar y se atrevió a llamarlo para invitarlo a la inauguración de su primera exposición.

«Nunca hice nada. En realidad no soy nadie, pero mañana inauguro la primera exposición de mi vida y sería el pibe más feliz del mundo si pudieras acompañarme», le dejó dicho en el contestador.

Cortázar apareció al día siguiente. «Esta anécdota habla mucho más del gran cronopio que de mí. Habla de su generosidad», explicó.

«No hay un método»

Aurelio Serrano preguntó a Mordzinski por el llamado ‘método Fotinski’, una manera de trabajar con escritores y artistas que parte de conocerlos, leerlos y buscar una relación de confianza antes de disparar la cámara. La respuesta del fotógrafo fue clara: «Sinceramente, no hay un método».

«Lo que hay es una manera de aferrarse a los deseos, a lo que crees», señaló.

Daniel Mordzinski y Aurelio Serrano, durante la conversación mantenida ante el público de El Faro de Lola | Dominic D. Skerrett.

Para Mordzinski, la preparación está en leer y conocer a la persona que va a retratar, pero el momento de la fotografía pertenece a la improvisación. «Me preparo muchísimo en el sentido de que leo mucho, pero a la hora del encuentro improviso, improviso rabiosamente».

En ese aprendizaje también tiene un peso importante el periodismo. «Me siento deudor del periodismo, del buen periodismo», afirmó.

De esa profesión aprendió, entre otras cosas, a entrar en un lugar y observarlo rápidamente: «¿Dónde están las ventanas? ¿De dónde viene la luz? ¿Cuál es el rincón que tiene mayor potencial visual?».

Pero también aprendió algo que considera fundamental: «No dejarme intimidar ni por un Premio Nobel, ni por un deportista Balón de Oro, ni por un señorito con corona».

Entrar en la casa de Silvio

Una de las partes más personales del encuentro llegó al hablar del trabajo realizado para el libro. Mordzinski contó que, cuando comenzó a preparar el proyecto en La Habana, pidió algo aparentemente sencillo: entrar en casa de Silvio Rodríguez.

Niurka González le explicó entonces que ningún fotógrafo profesional había entrado antes en su vivienda.

«Claro, porque me estaban esperando», respondió Mordzinski entre risas.

La confianza construida durante años permitió que el fotógrafo pudiera alejarse del retrato convencional y buscar momentos cotidianos.

«Me fascina la total libertad creativa con la cual me ha dejado trabajar Silvio», afirmó.

Esa libertad también está presente en las numerosas «travesuras visuales» que Mordzinski ha realizado durante la gira. «Siempre respetuosas», matizó.

Para el fotógrafo, la confianza es precisamente lo que permite que una fotografía funcione.

«Lo que es muy importante como fotógrafo es sentirme que no me tengo que autocensurar», explicó.

Silvio, su familia y una gira convertida en familia

Mordzinski habló también del equipo que acompaña al trovador cubano y de la relación que mantiene con sus músicos y técnicos.

«Es una familia, un grupo muy unido en lo musical, en lo emocional y en lo afectivo», señaló.

Entre ellos destacó especialmente a Niurka González y a Malva Rodríguez, hija de Silvio, que participa en la gira.

El fotógrafo recordó además el concierto celebrado en las escalinatas de la Universidad de La Habana, ante un público muy joven que cantaba las canciones de Silvio de principio a fin.

«Era un público jovencísimo que se sabía todas las letras de memoria y cantaba a coro con Silvio», relató.

También habló de su visita a San Antonio de los Baños, lugar de nacimiento del músico, y de cómo incluso allí volvió a producirse una de las situaciones que ya se han convertido en una constante de su relación: que alguien lo confundiera con el propio Silvio.

Una canción para cerrar la noche

La presentación terminó con una pequeña actuación musical del dúo murciano Carey, que interpretó la canción de ‘Quien fuera’ Silvio Rodríguez ante el público de El Faro de Lola.

La música sirvió como cierre para una tarde en la que las fotografías quedaron en un segundo plano para dejar paso a las historias que hay detrás de ellas: los encuentros, los viajes, las casualidades, la amistad y una relación profesional que con los años se ha convertido también en una relación de confianza.

«Las canciones de Silvio han sido tan importantes en mi vida que lo que me han dicho de él es: yo quiero formar parte de este maravilloso momento que nos toca vivir», resumió Mordzinski.

Y ese «maravilloso momento» tendrá este jueves una nueva parada en Murcia, cuando Silvio Rodríguez llegue a la Plaza de Toros de la ciudad. Dos días antes, en El Faro de Lola, el público pudo conocer algunas de las historias que hay detrás del hombre y del artista que aparecerán sobre ese escenario.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.