
Hace hoy noventa años, Murcia despedía a Tomás López Sánchez, obrero tipógrafo del diario El Liberal y militante de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), fallecido a consecuencia de las heridas sufridas tras ser brutalmente apuñalado por un grupo de fascistas en el Paseo del Malecón el 16 de junio de 1936.
Su asesinato constituye uno de los episodios más graves de la violencia política que sufrió la capital del Segura durante la primavera de 1936, apenas un mes antes del golpe de Estado fascista del 18 de julio. Lejos de tratarse de un hecho aislado, el crimen se enmarca en la escalada de agresiones protagonizadas por grupos de ultraderecha en los meses previos a la sublevación militar, una realidad documentada tanto por la prensa de la época como por la historiografía contemporánea.
La investigación «Orden público durante la primavera de 1936 en la provincia de Murcia» de José Luis Rabal García, publicada en la revista Historia Contemporánea, reconstruye aquellos sucesos y explica que, cuando la fuerza pública parecía haber sofocado una reyerta registrada en el Paseo del Malecón, tres fascistas acometieron contra el obrero tipógrafo Tomás López Sánchez, causándole heridas de extrema gravedad que obligaron a su traslado al hospital. Pocos días después fallecería como consecuencia de las lesiones.
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La secuencia de los hechos quedó reflejada casi en tiempo real por el diario El Liberal.

En su edición del 17 de junio de 1936, el periódico informaba de que el inspector Acosta y los agentes Ballesta y Pérez habían detenido a Tomás Perona Pérez como autor, junto con otros dos individuos, de las lesiones de pronóstico reservado sufridas por Tomás López Sánchez durante la agresión ocurrida la noche anterior en el Paseo del Malecón.

Cinco días después, en la edición del 22 de junio de 1936, el mismo periódico daba cuenta de una nueva detención al señalar que el fascista Carlos Alberto Vila Ochando había sido arrestado como uno de los autores de las heridas infligidas al joven tipógrafo. La información añadía además que, aunque el Juzgado había ordenado inicialmente su puesta en libertad, el gobernador civil dispuso finalmente su ingreso en prisión.
La investigación histórica identifica igualmente como implicados en la agresión a Tomás Perona Pérez y Carlos Alberto Vila Ochando, mientras que diversas fuentes memorialistas y familiares señalan la participación de un tercer agresor conocido por el apellido Higueras.
Tomás López Sánchez trabajaba como tipógrafo en El Liberal, uno de los periódicos de mayor difusión de la Murcia republicana. Los talleres de imprenta constituían entonces uno de los espacios con mayor tradición sindical y obrera, donde la defensa de las libertades democráticas y de los derechos laborales formaba parte de la vida cotidiana de muchos trabajadores.
Militaba en las Juventudes Socialistas Unificadas, organización creada en 1936 que agrupó a miles de jóvenes comprometidos con la defensa de la Segunda República frente al avance del fascismo.
Procedía además de una familia estrechamente vinculada a la legalidad republicana. Su padre y varios de sus hermanos pertenecían al Cuerpo de Guardias de Asalto, la fuerza policial creada por la República y que, apenas un mes después, permanecería mayoritariamente fiel al Gobierno legítimo frente al golpe militar.
Paradójicamente, noventa años después siguen existiendo importantes lagunas sobre su biografía. La documentación localizada hasta la fecha no ha permitido conocer con exactitud su edad, la fecha de su nacimiento o conservar una fotografía del joven tipógrafo. Sin embargo, los hechos fundamentales de su vida y de su asesinato están sólidamente acreditados por la documentación histórica.
La muerte de Tomás López Sánchez provocó una profunda conmoción en Murcia.
Su entierro reunió a una multitud de ciudadanos que acompañó el cortejo fúnebre como muestra de dolor, solidaridad y rechazo a la violencia fascista que comenzaba a extenderse por España. Sus restos fueron depositados en la sepultura familiar del Cementerio de Nuestro Padre Jesús, en Espinardo, donde aún descansan.
La dimensión pública de aquel asesinato fue tal que el Ayuntamiento republicano dedicó posteriormente una calle a su memoria.
Según indican fuentes familiares, su nombre también quedó ligado a uno de los batallones integrados por voluntarios murcianos que combatieron en el frente de Granada durante la Guerra Civil. El Batallón Tomás López participó en diversas operaciones militares y es recordado especialmente por la acción desarrollada en Colomera, donde combatientes republicanos lograron asaltar un tren que transportaba tropas sublevadas y detener a varios de sus ocupantes.
Durante décadas, la figura de Tomás López Sánchez quedó prácticamente relegada al ámbito familiar y a la memoria de quienes conservaron viva su historia.
Pero ahora, 90 años después, esta recuperación ha sido posible gracias a la colaboración de Rubén Vives, sobrino nieto del tipógrafo, que ha aportado documentos, testimonios y recuerdos familiares para reconstruir su historia y devolver a Tomás López el lugar que merece en la memoria democrática de la Región de Murcia.
Su historia no representa únicamente la tragedia de una víctima individual. Refleja también la violencia política que sufrió la Segunda República durante los meses previos al golpe militar de julio de 1936, cuando grupos fascistas recurrieron sistemáticamente a las agresiones y al terrorismo callejero para sembrar el miedo y desestabilizar el régimen democrático.
Noventa años después de su entierro, recordar a Tomás López Sánchez es un acto de justicia histórica. Significa reconocer a un joven trabajador asesinado por defender unos ideales democráticos y preservar la memoria de quienes fueron víctimas del fascismo antes incluso del comienzo oficial de la Guerra Civil.
Porque la historia demuestra que la violencia no comenzó el 18 de julio de 1936. Antes del golpe ya había quienes morían por la democracia. Tomás López Sánchez fue uno de ellos. Y su nombre merece seguir formando parte de la memoria colectiva de Murcia y de España.















