En una búsqueda por el fin de la guerra y a través de la acción directa no violenta, se ha realizado una campaña intensiva de pegada de carteles en zonas públicas. “Sí a la vida. No a la guerra”, es el mensaje que los activistas de XR anuncian en su nueva campaña global de denuncia ante la intervención militar de Israel y Estados Unidos en Irán.
Tras más de un mes desde el inicio del conflicto bélico, los datos son alarmantes. Según cifras de la emisora estatal iraní, más de 1500 personas han sido asesinadas en esta invasión a través de misiles y drones balísticos operados por Estados Unidos e Israel.
A esta catástrofe humana, hemos de añadir la posibilidad de una nueva hambruna global. Entorno a un tercio de la urea utilizada para la elaboración de los fertilizantes mundiales es transportada por vía marítima a través del estrecho de Ormuz. El precio de los mismos ha aumentado más de un 20 por ciento en tan sólo el primer mes de guerra, produciéndose desabastecimientos de los mismos en tiendas minoristas de Estados Unidos.
Las fluctuaciones en el precio del barril de crudo, por el cual entorno a una cuarta parte del mismo transita por el Estrecho de Ormuz, a su vez, intensifican la especulación de los fosfatos, fundamentales para actual producción intensiva de la soja, de la cual depende la alimentación base de cientos de millones de personas en las zonas orientales del planeta.
Un punto importante es el añadido en el aumento del nitrógeno, lo que conduce a un encarecimiento en los precios del maíz en más de un 25 por ciento, lo que eleva aún más la competencia por adquirirlos hacia el mercado productor de energía. Esto genera una ciclo en el que el grano utilizado para el consumo humano es más caro, y más difícil de adquirir en los mercados internacionales como es el de Chicago.
El control de los flujos económicos y de tránsito global es el objeto central del conflicto. Tal y como señalaría Antonio Gramsci, la hegemonía cultural e ideológica intelectual de las potencias dominantes, ha de darse de forma simultánea y coercitiva a través de la fuerza física y la imposición hacia los dominados. En esta coyuntura han de explicarse las decisiones del gobierno norteamericano hacia los controles del Canal de Panamá, y su intervención en el control y privatización de la empresa pública gestora del mismo.

Esta maniobra por el control de los pasos de los océanos Atlántico y Pacífico ha de entenderse en el contexto ideológico del actual gobierno estadounidense y su revisión de la “teoría del destino manifiesto” americana. Instaurada allá por el último tercio del siglo XIX, defendía la obligación y el deber moral de la nación por el control de su espacio vital, el continente americano. Durante el gobierno de Truman, a mediados del siglo XX, se potenció esta tesis hacia el control del planeta, con el objeto de expandir el capitalismo americano ante el peligro que generaba el comunismo para el control social de la élite americana.
El dominio de Venezuela el pasado 3 de enero, ha de entenderse en este contexto, en el que también se explican las presiones hacia el gobierno colombiano. Como ya aventuraba Simón Bolívar en sus escritos, quien controle el paso del Atlántico y Pacífico a través de la Gran Colombia, será dueño del comercio en toda América Latina.
Y así el paso de Ormuz representa un paso más en el control de estos flujos económicos globales. Países como China dependen en más un 80 por ciento del petróleo que demandan, a través del paso marítimo de Ormuz. El dominio del mismo por parte del departamento norteamericano, significaría un sometimiento político sin precedentes en la historia del siglo XX hacia la principal potencia económica mundial de la actualidad, China.
En este contexto de posible colapso, ciudadanos de todo el planeta se expresan políticamente para detener la invasión y sus fatales consecuencias. Así lo expresan desde Extinction Rebellion Murcia: “Luchamos por la paz. Denunciamos las barbaridades de la guerra, la industria armamentística y todos los conflictos bélicos y genocidios que causan muerte, destrucción y sufrimiento de pueblos. La guerra mata a través de bombardeos y misiles, de masacres y ejecuciones, de la hambruna y enfermedades, infraestructuras básicas, uso de armas químicas y la contaminación de los suelos y el agua. Las guerras convierten el dolor del oro para unos pocos, mientras millones huyen de sus hogares. No basta con desear la paz en silencio. Alza la voz. No a la guerra”.
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