“Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”. Así expresaba Karl Marx en su genial obra, “El manifiesto comunista”, el sentir de la clase obrera de su tiempo, allá por el siglo XIX. De esta forma sintetizaba la fuerza de los trabajadores, que organizados y unidos alcanzaron esas conquistas para ellos mismos y los más desfavorecidos, en un ciclo de generosidad y sentido común. Clamando contra las desigualdades y unidos en un mismo grupo homogéneo en la acción, anarquistas, comunistas y socialistas de su tiempo pelearon y ganaron.
Ateneos culturales, charlas, marchas en las calles, que desembocaban en huelgas generales y acción directa contra los intereses de los poderosos. Y en esa dinámica el movimiento obrero avanzó hasta el siglo XX, donde culminaron magníficas revueltas. Es el caso de la conocida “Huelga de la Canadiense” en la Barcelona de 1919, donde los trabajadores de distintos sectores. organizados entorno al sindicato anarquista CNT, bloquearon durante más de 40 días la ciudad, consiguiendo por primera vez en la historia el objetivo por trabajar 8 horas al día.
Así ocurrió también en el Petrogrado de 1917, donde los trabajadores organizados y clamando por el pan y contra la guerra, iniciaron el proceso que desembocaría en la Revolución del proletariado.
Hoy, dos siglos después, contemplamos un fantasma diferente. Los trabajadores ya no se autoperciben como una clase homogénea y cohesionada. Las oligarquías capitalistas han triunfado en su objetivo por exprimir la plusvalía del obrero, convenciéndolo de que su explotación es el remedio necesario para el bienestar económico.
Líderes políticos de tendencias fascistoides como Donald Trump en Estados Unidos o Javier Milei en Argentina, convencen a la opinión pública de las bondades de los lobbies a lo que representan, siempre en contra del beneficio colectivo. El aparato mediático que detentan estas élites y los fondos que ostentan, constituyen un poderoso enemigo que vomita odio, discriminación y desigualdad.
Entonces ¿Cómo podemos defendernos? La solución es sencilla, sólo hace falta mirar hacia atrás y conocer nuestra historia. “Aquellos que no conocen su historia están condenados a repetirla”. Por eso los trabajadores sabemos en nuestro fuero interno que la única posiblidad por la supervivencia es la unión. Porque ¿Qué nos diferencia hoy día a anarquistas, comunistas y socialistas? Únicamente la forma de organización. Para todo aquel que acuda asiduamente a asambleas ciudadanas y eventos sociales, queda claro que en la práctica, no existen relevantes diferencias que nos separen.
Porque hoy el enemigo es VOX. Es el Partido Popular, herederos de la dictadura fascista de Franco. Sabemos cómo termina esta historia si no somos capaces de unirnos.
Los lobbies y las grandes corporaciones burguesas no dudarán en aliarse a líderes fascistas para conservar su hegemonía. Este proceso se ha vivido durante el siglo XX en todo el mundo, desde Franco hasta Videla.
Pero hoy esa clase obrera es diferente. Herederos de esa prodigiosa épica, hoy podemos competir en formación y organización con las élites económicas. Somos más sabios, y la historia nos ha enseñado el poder de la unidad y el error de no sentirnos una fuerza unida, condenados al terror y la represión capitalista.
Seamos generosos. No perdamos el valor de nuestras ideologías, pero abramos los brazos a los compañeros que no comparten exactamente nuestro proceder.
Dejemos atrás el odio y el rencor, y caminemos juntos por el planeta y las futuras generaciones.
















