Ocho años sin Mame Mbaye: la memoria de Lavapiés frente al racismo institucional

El activista senegalés del Sindicato de Manteros murió en Lavapiés tras una persecución policial; colectivos antirracistas recuerdan su caso como símbolo de la criminalización de la supervivencia migrante

Este 15 de marzo se cumplen ocho años de la muerte de Mame Mbaye, el activista de origen senegalés que falleció en 2018 en el barrio madrileño de Lavapiés tras sufrir una parada cardiorrespiratoria mientras huía de una persecución policial durante una redada contra la venta ambulante.

Mbaye, de 35 años, era militante del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Madrid, conocido como el sindicato de manteros, una organización creada para defender los derechos laborales y humanos de quienes sobreviven mediante la venta ambulante en las calles de la capital. Su muerte conmocionó a movimientos sociales, organizaciones antirracistas y colectivos de defensa de los derechos de las personas migrantes, que denunciaron entonces la presión policial constante sobre este colectivo.

El activista se había convertido en una figura reconocida dentro del movimiento mantero por su implicación en la denuncia del racismo institucional, la persecución policial y la falta de alternativas legales para las personas migrantes sin papeles. Su fallecimiento se produjo en el contexto de una redada policial contra la venta ambulante, una práctica que durante años ha sido objeto de críticas por parte de organizaciones sociales que consideran que criminaliza la pobreza y la supervivencia de personas en situación administrativa irregular.

Tras su muerte, el barrio de Lavapiés vivió jornadas de protestas y movilizaciones en las que colectivos vecinales y organizaciones antirracistas denunciaron lo que calificaron como una política de hostigamiento policial hacia los manteros. El caso de Mbaye pasó a convertirse en un símbolo de la lucha contra el racismo estructural y contra las políticas migratorias que empujan a miles de personas a la economía informal.


Ocho años después, movimientos sociales y colectivos de apoyo a las personas migrantes continúan recordando su nombre como parte de una memoria de resistencia. Para estos colectivos, la muerte de Mame Mbaye representa las consecuencias de un sistema que, denuncian, persigue la supervivencia de quienes quedan fuera de los márgenes legales del mercado laboral.

En el aniversario de su fallecimiento, activistas y organizaciones vuelven a exigir el fin de las redadas contra la venta ambulante, la regularización de las personas migrantes y el reconocimiento de los derechos laborales y humanos de quienes sostienen su vida en las calles. “Contra el racismo institucional y policial, no podemos olvidar ni perdonar”, es el mensaje que sigue resonando ocho años después de su muerte.

Al cumplirse este nuevo aniversario, el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Madrid ha convocado a colectivos sociales y a la ciudadanía a volver a las calles esta tarde a las 17.30h desde la Plaza de Lavapiés para recordar a Mame Mbaye. La organización anima a difundir la convocatoria y a participar en una jornada de memoria colectiva que reivindica la dignidad y la lucha que Mbaye defendió junto a sus compañeros.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.