Cartagena se levanta contra décadas de impunidad ambiental por los metales pesados

Más de treinta colectivos se movilizan hasta la Asamblea Regional para exigir la descontaminación urgente de los suelos tóxicos heredados de la industria minera y química y denunciar la inacción de las administraciones

Más de treinta colectivos sociales, vecinales y ecologistas se han manifestado este sábado en Cartagena para denunciar la contaminación por metales pesados que afecta desde hace décadas a amplias zonas del municipio y del Campo de Cartagena.

La movilización, que ha partido a las diez de la mañana desde la Plaza de España y ha recorrido el paseo de Alfonso XIII hasta la sede de la Asamblea Regional de Murcia, ha reclamado a las administraciones medidas urgentes para proteger la salud pública y reparar uno de los mayores pasivos ambientales de la región.

La protesta ha sido convocada por la Plataforma de Suelos Contaminados de Cartagena junto a asociaciones vecinales y organizaciones ecologistas, que denuncian que la población lleva más de dos décadas expuesta a residuos industriales y mineros altamente peligrosos sin que las administraciones hayan dado una solución real al problema.

Según los colectivos convocantes, numerosos informes técnicos y estudios científicos acreditan la presencia de contaminación por metales pesados en suelos, aguas y cultivos de la zona. Investigaciones y análisis realizados por organismos como el SEPRONA, la Confederación Hidrográfica del Segura o la Universidad Politécnica de Cartagena han constatado la existencia de residuos tóxicos procedentes de antiguas actividades industriales y mineras.

Entre los focos de contaminación señalados se encuentran el antiguo vertedero industrial de Zincsa, los depósitos de residuos metálicos abandonados en zonas como El Hondón o Peñarroya y diversas explotaciones mineras sin restaurar adecuadamente. Estos materiales, expuestos al viento y a la lluvia, generan escorrentías y dispersión de partículas que terminan contaminando suelos agrícolas, acuíferos y ecosistemas costeros, incluidos los del Mar Menor y el Mediterráneo.

Los organizadores de la manifestación advierten de que esta situación supone una exposición prolongada de la población a sustancias peligrosas muy por encima de los niveles considerados admisibles. Además, denuncian que diversos estudios epidemiológicos apuntan a porcentajes anómalos de afecciones graves en las zonas más expuestas, lo que incrementa la preocupación social por las consecuencias sanitarias de esta contaminación histórica.

La plataforma denuncia también la pasividad de las administraciones públicas, pese a la existencia de informes técnicos y resoluciones judiciales que han advertido del riesgo ambiental y sanitario. Según sostienen, incluso medidas cautelares ordenadas por la justicia para evitar la continuidad del daño ambiental siguen sin ejecutarse.

Durante la protesta se ha exigido el cumplimiento de la normativa europea en materia de suelos contaminados, así como la elaboración de un plan integral de descontaminación que ponga fin a décadas de abandono institucional. Los colectivos recuerdan que miles de vecinos de barrios como El Hondón o Torreciega conviven desde hace años con residuos tóxicos a escasos metros de sus viviendas.

La manifestación ha concluido frente al parlamento autonómico con la lectura de un manifiesto en el que los convocantes han reclamado el derecho a un medio ambiente saludable y han exigido responsabilidades políticas. “No se puede seguir mirando hacia otro lado mientras la población vive rodeada de residuos peligrosos”, han señalado, denunciando que tras más de veinte años de promesas y anuncios institucionales la solución sigue sin llegar.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.