Starmer autoriza el uso de bases británicas por parte de EE.UU. en plena escalada con Irán y sitúa al Reino Unido en el centro de la tensión en el Golfo

El Reino Unido facilitará bases a Trump para “ataques preventivos” contra Irán, poniendo en riesgo civiles mientras se presenta como “defensa” y evita asumir responsabilidad directa.

El primer ministro británico, Keir Starmer, anunció ayer mediante un comunicado en la red social X (antes Twitter) que ha autorizado a Estados Unidos a utilizar bases británicas para operaciones “defensivas específicas y limitadas” contra instalaciones vinculadas al lanzamiento de misiles iraníes. La medida se presenta como preventiva y defensiva, aunque coloca al Reino Unido en una posición de apoyo activo en la escalada militar en la región del Golfo.

Starmer afirmó que el Reino Unido “no estuvo involucrado en los ataques iniciales contra Irán y no lo estará ahora”, pero confirmó que su Gobierno aceptó la solicitud estadounidense con el objetivo declarado de impedir que Irán “dispare misiles, mate civiles inocentes y ponga en riesgo vidas británicas”.

Como pretexto, se escusa en el “riesgo y exposición” de ciudadanos de la corona en la región

El primer ministro alertó de que en los últimos días Irán ha lanzado ataques “sostenidos” contra países que, según Londres, no habían participado en acciones previas. Entre los objetivos alcanzados se incluyen aeropuertos y hoteles donde se encuentran ciudadanos británicos. Se estima que alrededor de 200.000 británicos —residentes, turistas y personas en tránsito— están presentes en la zona, y se les instó a registrar su presencia y seguir las recomendaciones del Foreign Office.

Starmer reconoció que una base militar en Baréin fue golpeada, “casi alcanzando personal británico”, y defendió que su “deber” es proteger vidas británicas y responder a la solicitud de los aliados del Golfo, que demandan mayor implicación defensiva.

“No repetiremos los errores de Irak”, pero se apoyan ataques preventivos

Aunque Starmer subrayó que el Reino Unido ha aprendido “las lecciones de Irak” y que sus acciones se amparan en la “autodefensa colectiva” conforme al derecho internacional, la autorización para que EE.UU. destruya misiles en sus depósitos o lanzaderas implica una participación indirecta en ataques que podrían considerarse ofensivos.

El primer ministro insistió en que la meta sigue siendo una “solución negociada” en la que Irán abandone cualquier aspiración nuclear, pero admitió que “Irán está golpeando intereses británicos y poniendo en grave riesgo a ciudadanos y aliados”, justificando así la colaboración militar.

Cooperación militar y logística en la región

El Reino Unido mantiene aviones de combate en el aire para interceptar misiles iraníes y ha anunciado la colaboración de expertos ucranianos con especialistas británicos para derribar drones que atacan a sus socios en el Golfo.

Organizaciones pacifistas y sectores críticos advierten que, pese a las declaraciones oficiales sobre carácter defensivo, estas medidas exponen al Reino Unido a convertirse en actor directo en un conflicto regional, con posibles consecuencias para la población civil y un riesgo creciente de escalada.

“El Gobierno británico dice proteger intereses y vidas británicas, pero facilita la intervención de EE.UU. contra Irán y legitima la militarización de la región, poniendo en riesgo a la población civil”, señalan analistas internacionales críticos.

Con esta decisión, el Reino Unido se posiciona como soporte logístico de una escalada militar en Medio Oriente, mientras evita asumir responsabilidad directa, en un contexto que recuerda las intervenciones pasadas que dejaron un saldo devastador para la población civil.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.