
La noche del 6 al 7 de julio de 2016, una joven fue brutalmente violada por 5 hombres en un portal. Hablamos del mediático caso de La manada. Este doloroso episodio, junto con la cuestionable sentencia a los agresores, tocaron en las entrañas a muchas mujeres a las que, una vez más, el sistema judicial burgués y patriarcal había fallado. Este triste suceso desencadenó que en 2018 fuéramos testigos de manifestaciones históricas con motivo del 25N y del 8M. Miles de nosotras salimos a la calle a dejarnos la voz y dejar claro que no íbamos a quedarnos de brazos cruzados.
Ocho años después, la violencia sexual no solo no ha desaparecido: se reproduce con nuevas formas y con la misma impunidad. Hace unas semanas, en Murcia, un cirujano violó a una paciente mientras estaba sedada en un hospital. No en un portal oscuro ni en un callejón, sino en un espacio que debería ser seguro; no por un desconocido marginal, sino por un hombre con poder, estatus y autoridad profesional. No es un caso aislado: es la prueba de que la violencia machista atraviesa todas las instituciones y de que el sistema sigue sin protegernos ni siquiera cuando estamos inconscientes, vulnerables y confiando nuestra vida a otros. Y, sin embargo, el ruido es mínimo, la indignación se apaga rápido y la respuesta política es tibia. La violencia continúa mientras la movilización retrocede.
Ahora mismo somos testigos de una desmovilización brutal, que además, no es casual. Desde el auge del neofascismo, hasta la estética católica, el clean look o el make up no make up, parece que el feminismo “ya no se lleva”. De nuevo, el sistema quiere a la mujer trabajadora sumisa y no organizada.
Y, sin embargo, a lo largo del año 2025, hemos sufrido 90 feminicidios. Y más allá de los datos, ¿cuántas de nosotras seríamos capaces de relatar un episodio de violencia o acoso sexual?

El mensaje es claro: el feminismo de clase es necesario. Por ello, desde AFO no entendemos el llamamiento a la desmovilización realizado por el Movimiento Feminista de Murcia. Los intereses de las mujeres de clase trabajadora poco tienen que ver con los del capital, y la única herramienta que tenemos es la organización. Queremos responder con este artículo, de manera pública, al comunicado que pretendía justificar el quedarse en el sofá de casa un día como el 25N. El feminismo ya vive un momento crítico, los derechos de las mujeres están en constante amenaza, y no podemos quedarnos calladas ante un mensaje tan peligroso.
Y, sobre todo, queremos dejar claro que nosotras sí salimos a la calle, como cada año. Y seguiremos haciéndolo.
1. El 25N no está “capturado”: está disputado. Y nosotras estamos en esa disputa
El Movimiento Feminista de Murcia (MFM) critica el “blanqueamiento” del 25N por parte del feminismo institucional.
Si bien es cierto que existe purplewashing y que hay intentos de vaciar la fecha de contenido político, la solución nunca puede ser abandonar la calle. El 25N nació en América Latina desde la lucha popular contra las violencias machistas y las dictaduras. Ese origen no se recupera renunciando a la movilización, sino reforzando su sentido político y su raíz.

Existe un amplio espectro de asociaciones, que como todas sabéis, deciden marchar juntas el día del 25N. Nosotras siempre lo hemos hecho señalando al sistema patriarcal y capitalista como causante de la violencia que sufrimos.
Desde AFO dejamos claro que abandonar las calles no es combatir la cooptación: es ceder el terreno. Y ante cualquier intento de apropiación de esta fecha, nosotras respondemos ocupando aún más la calle, con un feminismo de clase, combativo y antiimperialista.
2. No confundamos protección con punitivismo
El MFM nos acusa de sostener “lógicas punitivas”.
Reducir la lucha contra las violencias machistas a “pedir más cárcel” es una caricatura que no representa ni a nosotras ni a la inmensa mayoría de las feministas.
Nosotras nunca hemos defendido un modelo represivo. Hemos defendido: protección, recursos materiales, políticas públicas eficaces, acompañamiento, prevención, reparación del daño y justicia al servicio de la clase trabajadora. Las órdenes de alejamiento, los centros de emergencia, las ayudas económicas o las casas de acogida no son castigos: son herramientas que han permitido a muchas mujeres sobrevivir.
El sistema judicial necesita cambios profundos, lo sabemos. Pero desmantelar sin tener alternativas materiales reales deja desprotegidas a las mujeres más vulnerables: migrantes, pobres, racializadas, precarizadas.

3. La prostitución no debe legitimarse. Defender a las mujeres no es criminalizarlas
Queremos ser muy claras, porque nuestra postura ha sido tergiversada demasiadas veces:
- Nosotras no legitimamos la prostitución: la entendemos como un sistema de explotación que existe gracias a la desigualdad de clase, a la violencia sexual estructural y a la precariedad económica.
- Nosotras no criminalizamos jamás a las mujeres en prostitución.
- Nosotras las defendemos y exigimos derechos, alternativas, rutas de salida, seguridad, acompañamiento y dignidad.
- El problema no son ellas: son los puteros, los proxenetas y las redes de trata, y todo el sistema que los legitima.
Criticar el sistema prostitucional no es “punitivismo”: es luchar para que ninguna mujer dependa de ser utilizada sexualmente para sobrevivir.
4. El 25N no es excluyente: es plural, diverso y profundamente político
El MFM acusa la manifestación del 25N de excluir a personas trans, mujeres racializadas, migrantes o mujeres en prostitución.
Nuestro bloque, al igual que otros, nunca ha excluido a ninguna mujer, migrante, racializada o trans. Además, ha sido siempre un espacio desde el que reivindicar la solidaridad con las mujeres de los pueblos que sufren la agresión del imperialismo, como es el caso de Palestina, entre otros.
Retirarse no combate la exclusión: la acentúa, porque deja el espacio público en manos de quienes sí quieren excluir.
5. El feminismo no es binarista: es el MFM quien caricaturiza el 25N
El MFM acusa a la marcha del 25N de reproducir un esquema “mujer-víctima / hombre-verdugo”.

Pero en nuestras movilizaciones denunciamos la violencia institucional, judicial, económica y de clase, policial y migratoria, intragénero, digital, obstétrica y colonial. Negar la complejidad del análisis feminista actual es ignorar el trabajo colectivo de cientos de organizaciones que llevan años ampliando el campo de la lucha contra las violencias machistas.
6. No abandonar la calle es una responsabilidad política
El MFM afirma que no quiere “mujeres en el Poder”.
Nosotras tampoco creemos que poner mujeres en instituciones neoliberales vaya a acabar con el patriarcado. Para ello tenemos que combatir, a su vez, el capitalismo.
Pero sí sabemos que sin presión social, sin movilización, sin organización y sin lucha en la calle, no solo no avanzamos en derechos, sino que los perdemos.
No se derriban sistemas de poder retrocediendo: se derriban organizándose, colectivamente, en las calles, juntas.
En 2025 aumentó la violencia y disminuyó la movilización. No podemos permitirlo.
En España, durante el 2025:
- Se registraron 90 feminicidios y otros asesinatos de mujeres.
- La violencia sexual no deja de crecer.
- Los servicios públicos están saturados.
- Se normalizan discursos negacionistas desde tribunas institucionales.
- Esto ocurre en paralelo al avance de la extrema derecha, que niega la violencia machista, recorta programas, censura contenidos y trata de devolvernos al silencio. Ante este escenario, retirarse del 25N no fortalece la lucha: la debilita en el peor momento posible.

No dejaremos la calle, no dejaremos a ninguna compañera atrás.
En un momento de retrocesos, violencia creciente y auge de la ultraderecha, abandonar la movilización no es radical: es irresponsable.
Nosotras seguimos comprometidas con un feminismo de clase, antirracista, antiimperialista, transincluyente, internacionalista y profundamente colectivo. Mientras una sola mujer sea explotada, violentada, precarizada o asesinada, nosotras seguiremos en las calles.
Marchamos:
- por las compañeras asesinadas,
- por las supervivientes,
- por las migrantes sin papeles,
- por las trabajadoras,
- por las mujeres en situación de prostitución,
- por las mujeres trans,
- por las jóvenes,
- por las ancianas,
- por las que no pueden estar,
- por las que vendrán.
Porque la lucha no se abandona.
Porque la vida de las mujeres está en juego.
Porque la historia nos ha demostrado que en la calle empieza la revolución.














