
La sede del Partido Comunista de la Región de Murcia (PCRM), en Murcia, ha acogido esta mañana un encuentro organizado por el Frente Polisario y la diáspora saharaui en la Región con motivo del 51.º aniversario del Día de la Unidad Nacional Saharaui. La jornada ha reunido a representantes políticos, familias de acogida y colectivos solidarios en defensa de los derechos del pueblo saharaui y de su lucha por la autodeterminación.
En el encuentro han participado Ali Ismael, presidente de la diáspora saharaui en la Región de Murcia; Omar Brahim, delegado del Frente Polisario en la Región; y Alfonso Lucas, secretario político del PCRM, junto a amistades del pueblo saharaui y personas vinculadas a las iniciativas de solidaridad.
Durante las intervenciones se ha reivindicado la unidad como herramienta de resistencia frente a la ocupación marroquí, se han recordado los vínculos históricos entre el Sáhara Occidental y España y se ha reconocido el trabajo de las familias que participan en el programa Vacaciones en Paz. La jornada ha concluido con la lectura de un manifiesto que reclama la liberación de los presos políticos saharauis encarcelados en prisiones marroquíes.
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«La unidad es la única salida que tenemos»
El delegado del Frente Polisario en la Región de Murcia, Omar Brahim, situó el origen de esta conmemoración en la decisión del pueblo saharaui de superar sus divisiones internas para construir un proyecto nacional compartido. «Es el día en que decidimos levantarnos y comprender que somos un pueblo, que la división no consigue nada y que la unidad es la única salida que tenemos», afirmó.
Brahim recordó que hace 51 años los saharauis decidieron dejar atrás las divisiones tribales y los intereses particulares para avanzar hacia un objetivo común. A su juicio, aquella apuesta por la unidad permitió consolidar las estructuras políticas e institucionales de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y mantener viva la lucha nacional pese a las décadas de conflicto, exilio y ocupación.
«Hoy tenemos un Estado, tenemos una República y tenemos nuestro Gobierno», reivindicó el delegado, que también destacó la pertenencia de la RASD a la Unión Africana y su reconocimiento internacional.
El representante del Frente Polisario agradeció la presencia de la sociedad murciana, de las organizaciones políticas y de los colectivos que mantienen su compromiso con la causa saharaui. Su intervención también estuvo marcada por el reconocimiento a las familias que acogen a menores durante el verano y a las personas que hacen posible el desarrollo del programa Vacaciones en Paz.
«Acoger no es fácil», reconoció Brahim, que recordó el esfuerzo económico, familiar y personal que supone recibir en casa a niños y adolescentes de otra realidad cultural. Por ello, insistió en que las familias deben contar con apoyo durante todo el proceso: «Nosotros siempre las vamos a acompañar. Siempre estaremos a su lado y pondremos en valor su esfuerzo».
El delegado dedicó un reconocimiento especial a Mariana de Moya, coordinadora regional de Vacaciones en Paz, por su dedicación y disponibilidad durante los meses de estancia de los menores.
Vacaciones en Paz: «La experiencia es única, pero también es dura»
Maviana de Moya, vocal de Vacaciones en Paz en la asociación Sonrisa Saharaui y coordinadora regional del programa, explicó a La Protesta el trabajo que hay detrás de cada acogida. Su labor comprende la captación de familias, su seguimiento durante el verano, la atención a los menores, las revisiones médicas y la resolución de las incidencias que puedan surgir durante su estancia.
La coordinadora subrayó que el acompañamiento no se limita a los niños y niñas, sino que también debe atender las necesidades de las familias que los reciben. Para ello, las asociaciones y la Delegación mantienen una comunicación permanente durante el desarrollo del programa.
De Moya quiso evitar una visión idealizada de la acogida y trasladó un mensaje directo a quienes se plantean participar en la próxima edición de 2027: «La experiencia es única, pero también es dura. Hay que ser realistas y no pretendemos dulcificar nunca este tipo de programas».
La responsable regional explicó que la convivencia exige compromiso, paciencia y capacidad de adaptación, especialmente cuando se trata de menores que afrontan una experiencia nueva lejos de sus familias. No obstante, defendió que el esfuerzo merece la pena y que las asociaciones trabajan para que ninguna familia tenga que afrontar las dificultades en soledad.
El programa Vacaciones en Paz permite que niños y niñas saharauis salgan temporalmente de los campamentos de población refugiada durante los meses de verano, cuando las temperaturas alcanzan niveles extremos. Durante su estancia en España pueden acceder a revisiones médicas, reforzar el aprendizaje del español y establecer vínculos personales que contribuyen a mantener la relación entre ambos pueblos.
De Moya destacó también la importancia que la educación tiene para las familias saharauis, pese a las dificultades materiales que afrontan en los campamentos. Los menores llegan con una formación y una estructura familiar que, según explicó, desmontan muchos de los prejuicios que todavía pesan sobre la población refugiada.
La coordinadora recordó, además, que el programa no se limita a una cuestión asistencial. Los niños y niñas se convierten en pequeños representantes de su pueblo, acercando a las familias de acogida a una realidad que sigue marcada por el desplazamiento y la falta de una solución política definitiva.
«Se trata de ofrecer atención constante a las familias de acogida, dándoles el lugar que les corresponde, sin dejar de lado, por supuesto, a los menores», explicó. Para De Moya, ambos deben ocupar el centro de un programa que necesita la implicación de las asociaciones, la Delegación y la sociedad civil.
Una historia compartida y una descolonización pendiente
Otra de las intervenciones puso el foco en los vínculos históricos entre el Sáhara Occidental y España, recordando que el territorio permaneció bajo administración colonial española hasta 1975. El asistente relacionó esa historia compartida con la responsabilidad política que, a su juicio, España mantiene respecto al futuro del pueblo saharaui.
Durante su intervención, recordó que la Marcha Verde de 1975 precedió a la invasión marroquí del territorio y estableció paralelismos con las actuales controversias sobre Ceuta y Melilla. También reivindicó los vínculos culturales y lingüísticos entre ambas sociedades y defendió una relación de cooperación entre una España comprometida con la descolonización y un Sáhara libre.
«Si España algún día quiere tener un aliado fiel, ese sería el pueblo saharaui», afirmó. Y añadió: «La mejor defensa de España es tener un aliado como un Sáhara libre e independiente».
El discurso cuestionó que la cuestión saharaui quede relegada del debate político pese a la responsabilidad histórica de España y a las consecuencias que el conflicto continúa teniendo para la población refugiada. La reivindicación de una solución basada en el derecho a la autodeterminación volvió así a ocupar un lugar central en el encuentro.
Un manifiesto por la libertad de los presos políticos saharauis
El acto concluyó con la lectura de un manifiesto en favor de la liberación de los presos políticos saharauis encarcelados en prisiones marroquíes. La iniciativa trasladó al encuentro la denuncia de la represión contra quienes defienden los derechos nacionales del pueblo saharaui y reclamó atención para las personas que permanecen privadas de libertad en el contexto del conflicto.
La conmemoración del Día de la Unidad Nacional permitió reunir en Murcia a representantes del Frente Polisario, la diáspora, organizaciones políticas, familias de acogida y colectivos solidarios. Una convocatoria que combinó el recuerdo de la unidad como principio de la lucha saharaui con el reconocimiento al trabajo cotidiano de quienes mantienen vivos los lazos de solidaridad.
La jornada dejó un mensaje compartido: el compromiso con el pueblo saharaui no termina con los actos conmemorativos ni con la acogida temporal de menores. Mientras persistan el exilio, la ocupación y la ausencia de una solución que garantice su derecho a decidir su futuro, las organizaciones solidarias reivindican la necesidad de mantener la movilización y la solidaridad internacional.















