Cuba declara el 21 de marzo: Día Internacional de la Solidaridad con la llegada del convoy “Nuestra América” en desafío al bloqueo estadounidense

Más de 600 activistas de 33 países rompen el cerco con ayuda humanitaria y denuncian la política de asfixia imperialista contra la isla

Asiste Díaz-Canel a acto de bienvenida del convoy Nuestra América
Asiste Díaz-Canel a acto de bienvenida del convoy Nuestra América

En medio de una de las crisis más severas que atraviesa Cuba en décadas, marcada por escasez de medicamentos, energía y alimentos, la llegada del convoy internacional “Nuestra América” ha transformado la solidaridad en un acto político de alcance global. Más de 600 activistas de 33 países y cerca de 140 organizaciones han desembarcado en la isla con unas 20 toneladas de ayuda humanitaria, desafiando abiertamente el endurecimiento del bloqueo estadounidense.

El contexto no es menor: apagones recurrentes, colapso logístico y falta de suministros básicos sitúan a la isla en un escenario límite que ha generado incluso protestas sociales en barrios populares de La Habana.

En ese marco, el convoy no solo entrega medicinas, alimentos y paneles solares: articula una denuncia internacional coordinada contra la política de sanciones impulsada por Donald Trump, que ha intensificado el cerco energético sobre la isla.

Solidaridad con Cuba

Corbyn: “Romper el asedio y salvar vidas”

Entre los participantes destaca el exlíder laborista británico Jeremy Corbyn, quien ha asumido un papel central en la dimensión política del convoy. En declaraciones difundidas en redes sociales, Corbyn calificó el bloqueo como “ilegal y bárbaro” y defendió que la misión busca “romper el asedio, salvar vidas y defender la autodeterminación del pueblo cubano”.

Su presencia, junto a otras figuras internacionales, refuerza el carácter de la iniciativa como plataforma de presión global frente a las sanciones unilaterales y como intento de contrarrestar la narrativa de aislamiento de Cuba.

Marta Martín Morán: “Cuba no está sola”

Desde la delegación española, la responsable adjunta de Relaciones Internacionales del PCEE, Marta Martín Morán, ha sido una de las voces más contundentes. En mensajes difundidos desde La Habana, aseguró: “Exigimos el levantamiento del criminal bloqueo contra Cuba y el fin del cerco energético”.

Morán subrayó además el carácter colectivo de la acción: “Lo decimos alto y claro las más de 600 personas que hemos llegado en el convoy: Cuba no está sola”, alineándose con una consigna que ha atravesado toda la movilización internacional.

El convoy ha canalizado ayuda concreta —medicamentos, equipos médicos y tecnologías energéticas— en un momento crítico para el sistema sanitario cubano, afectado por la imposibilidad de acceder a insumos básicos.

Pero su alcance trasciende lo humanitario. El propio presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha convertido el acto de bienvenida en una tribuna política, denunciando el bloqueo como “criminal” y reivindicando la solidaridad internacional como un elemento clave de resistencia.

Lejos de ser un gesto simbólico, “Nuestra América” evidencia una fractura en el consenso internacional sobre la política hacia Cuba. Figuras políticas, sindicalistas y activistas de varios continentes han convergido en La Habana no solo para entregar ayuda, sino para cuestionar abiertamente el orden geopolítico que sostiene el bloqueo.

En palabras de uno de los organizadores, el convoy pretende algo más que aliviar necesidades inmediatas: busca obligar a los gobiernos a actuar frente a una crisis que consideran inducida.

Porque, en un escenario de asfixia económica y presión internacional, el mensaje que emerge desde La Habana es nítido: la solidaridad no solo llega —también se organiza, se politiza y confronta.

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Dominic D. Skerrett
Nací en Gales. Soy Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño, marxista-leninista, internacionalista y defensor de los derechos humanos, medioambientales y animales. Mi trayectoria personal y política nace de una convicción profunda: la realidad no se contempla, se transforma. Desde muy joven entendí que la justicia social, la liberación de los pueblos y la defensa de los seres más vulnerables —humanos o no humanos— forman parte de una misma lucha. A lo largo de mi vida he participado en movimientos sociales, colectivos y plataformas de denuncia que combaten la explotación, la opresión y el silencio impuesto por los poderes económicos. Mi compromiso con el anticapitalismo, el antifascismo y la causa animalista no es retórico: es una práctica cotidiana que atraviesa mi trabajo de comunicación, mi formación artística y mi militancia. Creo en la fuerza colectiva, en el internacionalismo como brújula ética y en la necesidad de señalar cada injusticia venga de donde venga. Las experiencias vividas en las calles, en los espacios de organización y junto a quienes luchan por un mundo distinto han moldeado mi forma de mirar, crear y escribir. Todo ello forma parte de lo que soy hoy: un militante que no renuncia a la palabra, a la creatividad ni a la dignidad frente a ningún poder.